sábado, 27 de mayo de 2017

¡Carlos Joaquín “secuestra” al PRI!


                                               Por Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Sin ánimo de ser adivinos -ni de aparentar serlo-, todo hace suponer que, además del gobierno de Carlos Joaquín González, a nadie, absolutamente a nadie, conviene que el PRI de Quintana Roo retorne a su activismo político, y en los hechos queda de manifiesto porque sus dirigencias nacional y estatal están de acuerdo con ello.
En efecto, como decíamos ayer, a un año de su aplastante derrota electoral del 2016, contra lo que se supone, es sorprendente que permanezca totalmente inactivo y que todos los intentos de algunos cuadros por impulsar su reagrupamiento y trabajo político hayan sido inhibidos por sus propios dirigentes.
En este sentido, es evidente que en 2018 el tricolor no jugará por “la grande” en Quintana Roo como apuesta de fortaleza política, sobre todo porque los últimos tres procesos para la Presidencia de la República los ha ganado invariablemente Andrés López Obrador, y el próximo no parece ser muy diferente, excepto por el mayor número de votos.
No hay que ser adivinos para percatarse de que buen volumen de votos que perderán el PAN y el PRD ante el desencanto ciudadano con el gobierno aliancista de Carlos Joaquín seguramente caerá en manos del Movimiento de Regeneración Nacional…que no del PRI, en venganza del pueblo contra la opacidad del periodo de Roberto Borge.  
Así que, de antemano, las apuestas de todos los jugadores pasarían inevitablemente a la consolidación de la fortaleza del mandatario estatal como el verdadero mandamás de la entidad, al menos en teoría, ya que, por otro lado, para nadie es un secreto que padece de “asesoritis” y requiere consejeros hasta para… dormir.   
No obstante, para alcanzar esa meta de “mero-mero”, un simple análisis de contexto demuestra que la ausencia política del PRI en el escenario político es condición obligatoria.
Si por alguna razón lograra reagruparse y se activara para enfrentarse políticamente al Gobierno del Estado, es muy probable que signifique un gran escollo en las aspiraciones de control total de Carlos Joaquín a partir del 2018, y más aún, es posible que le cause un revés importante.
Los partidos amarillo y blanquiazul que le acogieron para llegar al poder están seria, gravemente disminuidos y notoriamente desorganizados.
La enorme esperanza del “cambio” que ofreció el gobernador como bandera de campaña contra Roberto Borge, se diluye de manera acelerada, principalmente donde recibió mayores muestras de apoyo, como Othón P. Blanco y Cozumel, y en su lugar se perciben frustración y desencanto social generalizado.
De ahí deriva precisamente que no le convenga que el PRI se reorganice y se levante.
Lo extraordinario, es que este simple análisis es tan evidente que es imposible imaginar que las dirigencias nacional y estatal y algunos personajes de alta influencia en el partido, lo desconozcan o no lo hayan visualizado.
Así las cosas, es fácil concluir la existencia de una intención real de la dirigencia, en el sentido de demorar al máximo los intentos de los verdaderos priistas en reorganizar y reposicionar al PRI, ante la sociedad quintanarroense.
En la medida que no exista un priismo combativo, el gobierno del “cambio” avanza hacia la toma de control político total pese a la evidente disminución de su aceptación social.
Vea Usted si no es cierto. Cada vez que algún priista ha hecho un llamado a su dirigencia para reagruparse y retomar el camino de la activación social y la competencia política, ha sido atacado, ofendido y descalificado, en diversos medios, principalmente en redes sociales, mediante las cuentas falsas conocidas como “bots” y “trolles”.
Lo cierto es que hay tantos interesados en impedir que el PRI regrese a la lucha, que los ataques evidencian la incomodidad que ocasiona la sola posibilidad de una seria reorganización. Es indudable que todos tienen razones válidas, ya que defienden intereses personales.
Tanto panistas como perredistas no quieren de vuelta al PRI en las contiendas, principalmente porque sus cuadros son poco competitivos, y porque así como se beneficiaron en su momento del “efecto Carlos Joaquín”, ese mismo efecto actuará ahora en forma negativa.
A quienes aspiran por esos partidos a contender por las presidencias municipales más importantes del Estado, como Benito Juárez, Solidaridad, Cozumel y Othón P. Blanco, no les conviene un PRI reagrupado y actuante porque saben que no son competitivos.
Carlos Joaquín prefiere a los priistas sin fuerza porque no tiene verdaderos contrapesos políticos ni operadores capaces de construir juntos un proyecto de Estado y mucho menos estimular la libertad democrática en las contiendas.
Con todo, lo extraordinario del caso es que las dirigencias priístas también impidan sistemáticamente cualquier intento de convocatoria a sus correligionarios o alguna propuesta de posicionamiento social.
Lo anterior obliga a una serie de cuestionamientos ¿Pero por qué las dirigencias del PRI y los más connotados priistas se mantienen indiferentes o, peor aún, intencionalmente ausentes de la reorganización de los priistas leales a su partido?
¿Se estarán beneficiando de algún modo con la toma de control total por parte del gobernante en turno? ¿Sostendrán algún acuerdo para dejar al PRI sin margen de maniobra para el 2018? ¿No entienden las lecturas del contexto político en el corto plazo?
En resumen, nadie quiere al PRI de vuelta y menos los priistas que lo dirigen, menos aún los personajes que debieran impulsar un movimiento de reorganización y de trabajo político, lo que nos obliga a preguntar ¿Dónde están los priistas?
Lo evidente es que tendrán, y deberán, reagruparse y reactivarse en algún momento… a pesar de sus dirigencias.
De otro modo, Morena tendrá amplio margen de maniobra para ganar presencia y posiciones de poder ¿Será por ello que muchos priistas están migrando hacia ese partido? ¿Alguien puede afirmar lo contrario… y demostrarlo?
         ¡Nadie lo cree!

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

*Luis Ángel Cabañas Basulto es Licenciado en Derecho egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán, periodista residente en Chetumal, Quintana Roo, desde hace 30 años, con más de 40 como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de información, así como Jefe de Información de dos gobernadores y tres presidentes municipales. Ha publicado cuatro libros.

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