sábado, 23 de septiembre de 2017

¡Lección de temblores a políticos!


                                                Por Luis A. CABAÑAS BASULTO*
         Los recientes movimientos sísmicos de septiembre en México, que se prolongaron este sábado en Oaxaca -con magnitud de 6.1 grados y epicentro al oeste de Unión Hidalgo-, se convirtieron en menos de 17 días en un verdadero parteaguas político-social para todo el país, ya que lo mismo rompieron con históricos paradigmas, que confirmaron el hartazgo político y sentir de la mayoría de los mexicanos.
         En el caso de Quintana Roo y Yucatán, otrora considerados de difícil, casi imposible afectación telúrica por la fuerte compactación de su suelo, a partir del día 7 se comprobó que no estaban del todo libres, cuando, minutos antes de la medianoche, quienes permanecíamos despiertos pudimos constatar el inusual temblor.
         Y conste que era la tercera ocasión en la historia que temblaba en la entidad, y aunque, a decir verdad, pocos recordamos con exactitud las fechas, oficialmente puso de manifiesto que Quintana Roo NO se está a salvo, como tampoco lo está Yucatán de los huracanes, por lo cual es inútil la frase “me regreso o me voy a Yucatán” ante este último tema.
           Lo que SÍ es cierto es que ambas entidades se incluyen entre las 10 zonas con menores posibilidades de sufrir algún movimiento telúrico, ya que, ubicado en el llamado “Cinturón de Fuego del Pacífico”, México, sobre tres de las placas tectónicas más grandes de la Tierra, según el US Geological Survey, es uno de los países con más probabilidades de ser afectados.
         Así, los territorios donde es poco probable son Nuevo León, Saltillo, Coahuila, Chihuahua, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí. Tamaulipas y Yucatán, y aunque el caso de la Península es una de las consideradas “zonas de bajo riesgo”, los episodios más recientes en Campeche y Quintana Roo no tuvieron gran intensidad.     
         Ahora bien, aunque Quintana Roo adolece de un sistema sismográfico, en el caso de Yucatán cuenta con uno que, ubicado en el Cementerio General, se instaló desde 1910 durante el gobierno de Porfirio Díaz, y aunque se inundó durante el huracán “Gilberto” del 13 de septiembre de 1988, se “modernizó” e inauguró en 2010. Sólo queda un edificio abandonado y una placa inaugural.   
         Hasta donde se sabe, el Servicio Sismológico Nacional confirmó que el anterior movimiento telúrico de Yucatán se registró el jueves 7 de abril de 2016, con un sismo de 2.9 grados en la escala de Richter a las 11:50 de la mañana, esto a 19 kilómetros de Motul, entre Dzemul y Dzidzantun.
         Obligados a documentarnos, cabe señalar que en el caso de la Península, se registra un sismo de poca intensidad cada 12 ó 18 meses, generalmente con epicentro en el Sur del Estado y costas de Quintana Roo, el último de ellos el 11 de enero de 2015, a 67 kilómetros de Playa del Carmen, en el mar, con una intensidad de 4.2 grados.
         Por otro lado, la pregunta obligada en torno a los recientes fenómenos climatológicos es si existe relación entre huracanes y terremotos, ya que, en cuestión de un mes el continente americano sufrió cinco huracanes de enorme  magnitud (Harvey, Katia, Irma, José y María), y dos terremotos que devastaron el sur y centro de México, uno el 7 de septiembre, y otro el 19.
El hecho de que el último terremoto de 7.1 grados ocurriera en el aniversario del de 1985 es sólo coincidencia, y aunque no existe relación directa entre huracanes y terremotos, no significa descartar un vínculo en casos específicos.
Según investigaciones científicas, ambos fenómenos tienen explicación natural separada y su ocurrencia no es anómala, tanto por el momento de los huracanes como por el lugar de los terremotos, además de que mientras los huracanes se pueden monitorear y pronosticar, no hay tecnología para predecir terremotos.
Profesor asociado de ingeniería geotécnica y de terremotos de la Universidad Tecnológica de Australia, Behzad Fatahi explica que si bien el paso de Katia en la costa del Golfo de México y la devastación de Irma y María en el Caribe ocurrieron entre el primer y el segundo terremotos, la explicación está en la tierra.
Por su parte, investigadores de la Universidad de Miami apuntan que los deslizamientos de tierra inducidos por la lluvia y el exceso de ésta transportan materiales erosionados aguas abajo. Como resultado, se reduce la carga superficial por encima de la falla.
Hasta ahí las cosas, hoy amanecimos con la novedad del sismo de Oaxaca y que brigadistas mexicanos y japoneses que trabajan en el rescate de personas en la Ciudad de México no pudieron ocultar su frustración y dolor ante las órdenes oficiales de abandonar la búsqueda como medida protocolaria y de seguridad tras el fenómeno, que desató las alarmas apenas cuatro días después de que otro de 7.1º causara unas 300 víctimas.
         Días antes, el malestar general era la nula participación de políticos y sus partidos en apoyo a damnificados, así  como el desvergonzado y hasta cínico papel de las autoridades estatales, sobre todo de Oaxaca y Morelos, donde el gobernador Graco Ramírez y su esposa Elena Cepeda de León, presidenta del DIF-Estatal, son los principales “protagonistas” por retener y condicionar la entrega de apoyos.
         Antes circunstancias como éstas, las redes sociales se convirtieron en principales medios de denuncias e hicieron viral una serie de llamados a hacer conciencia, una de ellas del periodista-político, Pedro Ferriz, quien preguntaba qué pasaría si en las elecciones del  2018, al abrir las urnas, aparecieran tachadas totalmente mal las boletas correspondientes al voto para senadores.
La interpretación lógica, dice, sería que los mexicanos no los queremos Senadores y, por lo tanto, desaparecerían y nos ahorraríamos el innecesario y costoso Senado, con lo que sugería enviar la papeleta del Senado con una gran cruz que abarcara TODA la boleta, para ser nula, y así eliminar el Senado.
Puntualiza, con justa razón, que, por ejemplo Noruega, Suecia,  Dinamarca y Holanda carecen de Senado, mientras que Alemania sólo tiene 100, y Estados Unidos UNO por cada Estado ¿Por qué mantener 128 ineptos en México?, aduce
Comen lo que el 15 % de la población puede comer, viven como el 1% de la población puede vivir, ganan sin trabajar lo que deben y a nadie rinden resultados ni cuentas, pese a que deberían hacerlo ante nosotros, pero también es evidente y cierta nuestra apatía. Con su eliminación ahorraríamos 4 mil 500 millones de pesos al año.
Por si fuera poco, existe la propuesta de permitir su reelección, mas no su reducción, lo que significa que el esfuerzo ciudadano ni siquiera se tuvo en cuenta o que la voz de los mexicanos no cuenta, por lo que llegó el momento de participar, tal y como ejemplificaron los árabes, al acordar derrocar su régimen.
Según Ferriz, un periodista recabó más de 3 millones de firmas para abolir la existencia de diputados plurinominales en México, pero NO pasó nada, se hicieron “de la vista gorda”, lo que, creemos, nos obliga a tomar medidas más radicales, y la única vía son las elecciones, concretamente en las boletas, donde podemos demostrar nuestro hartazgo.
Ferriz opina hacerlo contra el Senado, pero, caray, nuestro coraje, tal y como, por ejemplo, demostramos el año anterior los quintanarroenses contra los gobiernos del PRI, habremos de canalizarlo buscando un cambio, pero un VERDADERO cambio, tal que no nos cambien votos por “espejitos” que se concretan luego en desempleo y corrupción.
Sin ser necesariamente adivinos, estamos en condiciones de anticipar que el reflejo del parteaguas político serán las elecciones del 2018, y los primeros castigados, justamente, serán el presidente Peña Nieto y el PRI, que han dado sobrada muestra de corrupción, impunidad e incapacidad desde TODAS sus “trincheras”, particularmente el Congreso de la Unión.
Haber donado todos sus ingresos como partidos o parte de ellos, no cambian cinco años de prefabricar un marco legislativo que no sólo tienen al país al borde del abismo -como Quintana Roo y la deuda de sus tres últimos gobernantes-, sino con una serie de medidas para “blindarse” y buscar asegurar su impunidad, como Roberto Borge ante su fin de sexenio, y ahora Carlos Joaquín González con “su” Auditor Superior, Fiscal Anticorrupción y presidente del Tribunal Superior de Justicia.
En fin, lamentablemente, los fenómenos meteorológicos, que apenas parecen empezar ante la temporada natral que concluye en noviembre -en el caso de los huracanes- han significado un doloroso medio para el despertar de los mexicanos, algo similar a lo ocurrido con los “gasolinazos” que, sin embargo, tampoco parecen tener fin…al menos NO en este sexenio priísta.

 (Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

*Luis Ángel Cabañas Basulto es Licenciado en Derecho egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán, periodista residente en Chetumal, Quintana Roo, desde hace 30 años, con más de 40 como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de información, así como Jefe de Información de dos gobernadores y tres presidentes municipales. Ha publicado cuatro libros.


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