lunes, 23 de abril de 2018


 ¿Ganó PRIAN por hablar “bonito”?


                                                Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Tema inevitable de todo columnista, el debate de los cinco candidatos a la Presidencia de la República dejó un amargo sabor de boca a los millones de mexicanos que seguimos atentos la trasmisión y respetable conducción de un programa que, lamentablemente, tras las dos horas de duración, en la inmensa mayoría sólo provocó preguntar ¿quién ganó el debate?
Lo cierto es que, ante las tendencias, preferencias, precampañas y campañas de los aspirantes, existían pocas dudas ante lo que ocurriría anoche durante ese evento dominical que, al menos en el caso de Chetumal, despertó inusitado interés, tal que provocó calles semidesérticas y la mayoría de la población pegada a la pantalla “chica”.
Aunque la pésima señal de Cablevisión “obsequió” algunas interrupciones, en términos generales, la mayoría de los televidentes seguía atenta el papel de quien podría expulsar al PRI de Los Pinos: Andrés Manuel López Obrador, aunque no sólo fue personaje principal de los seguidores de Morena, sino también de sus contrincantes.
Para quienes presumen conocer de política, para nadie era un secreto que el enemigo a vencer era el inalcanzable ex jefe de Gobierno del Distrito Federal, al que, con una ventaja récord en las preferencias, sólo se le podría afectar atacándole y ridiculizándole, ya que ni los programas, promesas o plataformas de aquéllos terminan por convencer  ni a sus propios seguidores.
Así las cosas, ninguno de los demás abanderados presidenciales midió sus cuestionamientos, particularmente los del binomio PAN-PRI, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, respectivamente, quienes se olvidaron que el debate era entre cinco, y sólo de cuando en cuando de acordaron de los independientes Margarita Zavala y “El Bronco” Jaime Rodríguez Calderón.
Y es que, ante el pobre avance de éstos últimos, el segundo (PAN) y tercero (PRI) de las encuestas se enfocaron, más que a proponer, a atacar al dirigente de Morena, al que, contra lo que esperaban, no lograron sacar de sus casillas, pese a que sus respectivos correligionarios han sido presidentes de la República y sólo han provocado mayor pobreza, inseguridad y corrupción.
Así las cosas, otra circunstancia perfectamente previsible era que tanto Anaya como Meade tendrían mayores “tablas” en sus participaciones, aunque no precisamente por sus propuestas o por los papeles del PAN y el PRI al frente del Ejecutivo Federal, sino por sus respectivas trayectorias académicas, mucho mejores que la de López Obrador.
No es la primera ocasión que, inclusive por redes sociales, se les intente comparar a los tres en ese renglón, inclusive que tanto el panista como el priísta dominen el idioma inglés, que López Obrador ignora en lo más elemental, o sepa poco menos que Peña Nieto.
No obstante, los detractores en este renglón olvidan que, pese a que los últimos mandatarios federales priístas han tenido una envidiable trayectoria académica, inclusive en universidades de otros países o continentes, la mayoría de ellos ha tenido a la corrupción e impunidad como principales características, o bien dejaron al país en la miseria.
De ahí que, preparación académica -o trayectoria política- NO sean precisamente sinónimos de garantía de honradez o de capacidad.
Otra situación que se puso de manifiesto, aunque también era previsible, es que tanto Anaya como Meade -siempre los mencionamos juntos porque, como candidatos del PRIAN, ambos son lo mismo-, presumen mejores dotes de oratoria, hablan “bonito” y son mejor demagogos.
En efecto, López Obrador, con un lenguaje más “populachero”, lento y coloquial, jamás podría superarlos en forma, aunque SÍ en fondo y contenido, tal y como arrasó con su entonces rival presidencial en aquel lejano 1994, el también panista Diego Fernández de Cevallos.
  El caso es que, desesperado en despegarse del tercer lugar de Meade, y acercarse al cada vez más lejano primer lugar de López Obrador, Anaya se lanzó durante las dos horas a la yugular de este último -ni siquiera le hablaba al país o respondía al moderador-, en tanto le acusaba a diestra y siniestra en temas ampliamente debatidos en público.
Nadie le recordó que, contra sus reclamos a López Obrador, él fue uno de los principales obstáculos para la elección de un Fiscal Anticorrupción en la Cámara de Diputados, donde la propia bancada del PRI arremetió en su contra, luego que el PAN impidiera la elección de la Mesa Directiva y reiterar su exigencia de que no se avalara el Fiscal.
Luego de saludar “con cariño” al presidente del Senado, el panista Ernesto Cordero, la senadora del PRI Yolanda de la Torre le calificó de traidor y condenó que el PAN haya lavado la ropa sucia en el Congreso, mientras que los diputados del blanquiazul, PRD y Movimiento Ciudadano ya habían salido del pleno.
También llamado rey de los “moches” y emperador de la corrupción, le acusaron de no respetar ni siquiera a su familia, porque hasta a su suegro embarraba en esos “moches” y corrupción, ya que “es un traidor, un canalla que no quiere a México”, según publicaría el Diario Reforma.
Por otro lado, Anaya también fue acusado por fraude como dirigente nacional del PAN por el ex titular de la Cofepris, Miguel Ángel Toscano, quien lo denunció ante el Instituto Nacional Electoral (INE) junto con el secretario general, Damián Zepeda, por alterar los estatutos panistas para permanecer en el cargo hasta un día antes del registro de  su precandidatura.
Con la modificación, Anaya evitó renunciar un día antes del inicio del proceso electoral el 8 de septiembre, con lo que se benefició de recursos y exposición mediática como dirigente y aspirante presidencial
La propia Margarita Zavala cuestionó la solvencia financiera del Anaya, candidato de la coalición “Por México al Frente” (PAN-PRD-MC) para hacerse de un patrimonio millonario sólo a partir de sus ingresos como funcionario, esto tras las acusaciones contra el panista por “lavado” de dinero.
         Por cierto, ninguno de los aspirantes se refirió en el debate al papel de las coaliciones, aunque, curiosamente, la que más llama la atención es la que postuló precisamente a Anaya, cuyas plataformas electorales contrastan en varios puntos, uno de ellos respecto a los derechos de la llamada “comunidad LGBT” (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales)
En efecto, la plataforma electoral del PRD para el proceso menciona que buscará “garantizar igualdad de derechos a las poblaciones lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, travestis, transexuales e intersexuales (LGBTTTI), así como defender todas las formas de cohabitación.
La  “eliminación de las leyes y normas tendientes a reprimir, condenar, estigmatizar y discriminar la orientación sexual, expresión e identidad de género”, dice el documento donde, en la misma línea, Movimiento Ciudadano indica que buscará “asegurar que las preferencias sexuales de las personas no limiten sus derechos humanos ni sean motivo de exclusión”.
La plataforma del PAN, en cambio, aunque menciona en varios puntos que buscarán garantizar las libertades, no existe ninguna mención específica respecto al respeto a los derechos de las comunidades o a eliminar leyes que los discriminen. El PAN siempre se ha opuesto al matrimonio igualitario, entre otros.
Respecto al tema de la seguridad, la coalición plantea un cambio de estrategia, aunque hay diferencias sutiles entre los partidos.
El PRD habla de “desincorporar a las fuerzas armadas del combate a la delincuencia organizada”, mientras en la plataforma panista no figura esta idea, pues el PAN ha apoyado la lucha contra el crimen en la que participan las fuerzas armadas.
Reformular la estrategia contra las organizaciones de delincuencia organizada, privilegiando el uso de la información de inteligencia para la desarticulación de los grupos delictivos y el combate al lavado de dinero”, dice uno de los puntos de su plataforma.
En cuanto al narcotráfico, el PRD habla de “promover un nuevo paradigma en la política de drogas alternativo a la política prohibicionista”, mientras el PAN menciona: “Implementar, con relación al consumo y tráfico de drogas, una política integral enfocada en la reducción de daños y riesgos y en la desarticulación de las organizaciones de delincuencia organizada”. No habla de política prohibicionista.
En el ámbito económico, el PRD habla de cambiar el modelo privatizador, y expresa su defensa de la “soberanía del Estado sobre recursos energéticos y mineros para su uso y explotación en consonancia con los intereses de las comunidades”. La industria energética, refiere, debe trabajar con un régimen bajo criterios del Estado, y a favor “exclusivo” de la nación.
En tanto el PAN, no enfatiza en cambiar el “modelo económico vigente, privatizador”. De hecho, en varios puntos se habla de incluir a la iniciativa privada en el fomento del desarrollo: “Establecer una política de Estado para acelerar la industrialización del país, con igualdad de oportunidades para todos los inversionistas privados, libre de cualquier favoritismo”, dice.
También habla de “Elaborar e instrumentar un Programa Nacional de Infraestructura, con la participación del sector privado, para incrementar sustancialmente la inversión pública, privada y mixta en la infraestructura estratégica del país”. En 2013, respaldó abrir el sector energético a la inversión privada, nacional o extranjera, mientras el PRD votó en contra.
Por otro lado, la plataforma del PAN incluye “garantizar la libertad religiosa y el pleno respeto y tolerancia al ejercicio de la religión por parte de los particulares y servidores públicos, bajo la convicción de que las creencias personales y su publicidad, como título personal, son perfectamente compatibles con la laicidad del Estado.
En tanto, ni el PRD ni Movimiento Ciudadano defienden de forma expresa que los funcionarios puedan ejerzan su religión de forma pública.
Lo cierto es que también existe una serie de diferencias importantes entre los partidos de esa coalición en los renglones de las mujeres y el tema de los indígenas, aunque, si nos refiriéramos a la organización que postuló a Meade “Todos por México”, esto es el PRI-Verde “Ecologista” y Panal, habría muchísima más tela de donde cortar.
Quizá la pregunta más interesante que flotó en el ambiente dominical es si, de llegar a la Presidencia, el “niño bueno” Meade se atrevería a meter a Peña Nieto y “compañía” a la cárcel y si se divorciaría de los priístas que tanto daño han hecho al país y han sido motivo de tanto escándalo, corrupción e impunidad.
Finalmente, mientras Forbes dio como ganador a López Obrador, seguido de Anaya y Meade, respectivamente, con fuentes a la mano, una de las mejores investigaciones en torno a los candidatos, el portal de Proceso refiere que durante el debate detectó tres mentiras de Anaya, dos de “El Bronco”, una de AMLO y otra de Meade.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 41 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres presidentes municipales y publicar cuatro libros.
Titulado en la Universidad Autónoma de Yucatán como Licenciado en Derecho, cuenta con cuatro Diplomados en Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, y en Juicio de Amparo, así como con más de 15 Seminarios, Talleres y Cursos diversos. 

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