¿Por qué perdieron PAN y PRI la Presidencia?
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
La
economía de México durante los últimos gobiernos de la oposición se caracterizó
por sólida estabilidad macroeconómica, a diferencia de Morena, que atraviesa
por una fase de desaceleración y bajo crecimiento, caracterizada por menor
demanda interna y debilitamiento en la inversión, pero con PAN y PRI la riqueza
y el ingreso estaban pésimamente distribuidos, y la desigualdad era
significativamente más alta en comparación con los parámetros de hoy.
Tras
contraerse a inicios de este año frente al trimestre previo, análisis
macroeconómicos apuntan a un dinamismo moderado de la economía para el resto
del año, con indicadores clave del panorama económico, como un crecimiento del
PIB, donde especialistas estiman una expansión anual moderada de entre 1.3 y
1.4% para el cierre, notablemente inferior a promedios de años previos.
Así,
actividades secundarias, particularmente el sector de manufacturas y automotriz,
han resentido contracciones que frenan el avance nacional, mientras el peso
mexicano ha mostrado fluctuaciones y cotizaba en 17.51 unidades por dólar, en
medio de un clima global con presiones geopolíticas y salidas parciales de
capital extranjero.
Sin
embargo, la debilidad actual se vincula a elementos internos y externos que
impactan de forma directa en las decisiones de negocio y la estabilidad fiscal,
sobre todo la revisión del T-MEC (Tratado comercial con Estados Unidos y Canadá),
que genera ambiente de cautela que inhibe un mayor aprovechamiento del
nearshoring.
Diversas
agencias internacionales, como Moody's,
ajustan o alertan sobre la perspectiva de la deuda ante posibles riesgos
fiscales y cambios regulatorios, mientras en consumo e inflación, el costo de
la canasta básica se mantiene elevado, lo que mitiga el efecto multiplicador de
los apoyos sociales sobre el consumo de las familias.
Con
todo, proyecciones del Banco Mundial
y analistas que participan en la consulta de Citibanamex, estiman que una
reactivación más sólida requerirá fortalecer la certeza jurídica y reactivar la
inversión en infraestructura hacia 2027.
Ahora
bien, tomando como referencia los gobiernos del PAN, Vicente Fox y Felipe
Calderón, así como el del PRI, con Peña Nieto, entre 2012 y 2018, la economía
del país se caracterizó por sólida estabilidad macroeconómica, pero con un
crecimiento inercial y moderado que no superó el promedio de 2% anual. Los
resultados variaron según el sexenio y contexto internacional.
Durante
el sexenio de Fox (2000–2006), el PIB registró avance promedio anual de 1.9 a 2.0%,
arranque fue frenó la recesión del sector tecnológico (punto com) en Estados
Unidos en 2001, aunque logró estricta disciplina fiscal, control de la
inflación y niveles récord de reservas internacionales, beneficiado de ciclo
histórico de altos precios internacionales del petróleo.
No
obstante, hubo críticas por falta de reformas estructurales profundas debido a
la falta de mayoría en el Congreso de la Unión, así como una limitada inversión
en infraestructura pública de gran escala.
Por
su parte, durante el sexenio de Felipe Calderón (2006–2012) el crecimiento promedio
anual del PIB fue de 1.7 a 1.9% porque su administración absorbió el impacto de
la Gran Recesión global de 2008-2009 y la crisis de la influenza AH1N1, lo que provocó
un desplome de -5.3% en 2009.
Como
fortalezas, se reconoció el manejo contracíclico de la crisis, manteniendo la
inflación baja, la paz cambiaría, así como la acumulación de reservas, donde las
calificadoras internacionales mantuvieron el grado de inversión con
perspectivas estables.
Entre
sus debilidades, el mercado laboral resintió la crisis con repunte en la
informalidad, mientras que la deuda pública neta como porcentaje del PIB
comenzó con una tendencia al alza.
Por
último, en el sexenio de Peña Nieto el crecimiento del PIB tuvo el mayor
dinamismo de los tres periodos, con promedio de 2.4 a 2.5% anual, gracias a que
el entorno internacional fue más favorable y sin recesiones externas
generalizadas.
Entre
las fortalezas de su sexenio, se aprobaron reformas estructurales, como la energética,
de telecomunicaciones y financiera, que incrementaron la atracción de Inversión
Extranjera Directa y abrieron sectores clave a la iniciativa privada.
Por
el contrario, el peso mexicano experimentó fuerte devaluación frente al dólar -cerca
de 56%-, provocada en gran medida por la incertidumbre geopolítica tras las
elecciones de EE. UU. en 2016. La deuda pública escaló de forma acelerada y los
niveles de pobreza e informalidad mostraron pocos cambios sustanciales.
En
resumen, riqueza e ingreso no estaban mejor distribuidos durante los sexenios
de la oposición. De hecho, los indicadores oficiales muestran que la
desigualdad era significativamente más alta en comparación con los parámetros
actuales, pese a que a lo largo de gobiernos del PAN y PRI (2000-2018), México
mantuvo una de las concentraciones de ingreso más profundas de la región,
situación que se constata a través de las métricas históricas de desigualdad:
Así
las cosas, la profunda desigualdad, falta de movilidad social y estancamiento
de la pobreza fueron los principales catalizadores económicos del triunfo
electoral de Morena en 2018. El descontento acumulado frente a un modelo que
generaba riqueza, pero no la distribuía creó las condiciones para un cambio
político radical.
A
nivel sociopolítico y económico, el triunfo del partido guinda con López
Obrador se explica por cuatro factores centrales relacionados con el desempeño
de los gobiernos anteriores: Fracaso en la reducción de la pobreza, estancamiento
y precarización laboral; crisis de legitimidad por corrupción y violencia, y captura
del Estado por monopolios.
En
efecto, pesa a la estabilidad macroeconómica y de programas sociales
focalizados como Progresa/Oportunidades/Prospera, el porcentaje de población en
situación de pobreza por ingresos se mantuvo prácticamente inmóvil con el PRI. En
2018, casi la mitad de los mexicanos -alrededor de 41.9%- seguía viviendo en
pobreza, cifra muy similar a la de dos décadas atrás, lo que generó percepción
de que el crecimiento económico sólo beneficiaba a las élites.
Durante
los sexenios del PAN y PRI, la estrategia de competitividad internacional de
México se basó, en gran medida, en mantener bajos los salarios mínimos. El
poder adquisitivo acumuló décadas de rezago y el empleo informal superó
constantemente 55%. La narrativa de Morena de “primero los pobres” y su promesa
de aumento drástico a salarios resonaron en millones de trabajadores que no
veían mejorar su economía familiar.
El
factor económico se potenció con profunda crisis de inseguridad y escándalos de
corrupción gubernamental de alto impacto durante el sexenio de Peña Nieto -como
la Casa Blanca o la Estafa Maestra-, lo que desgastó la legitimidad de los
partidos tradicionales -PRI y PAN-, asociando las reformas estructurales y de
libre mercado con el beneficio de unos cuantos.
Estudios
de organismos, como Oxfam y la CEPAL, evidenciaron que la falta de competencia
y la laxitud regulatoria permitieron que un grupo selecto de empresarios
concentrara sectores clave de la economía -telecomunicaciones, minería, banca-,
y Morena capitalizó este resentimiento social con el concepto de “mafia del
poder”, prometiendo separar el poder político del económico.
En
resumen, el triunfo de Morena no fue sólo fenómeno ideológico, sino resultado
del “voto de castigo” de amplia mayoría social que se sentía excluida de los
beneficios del desarrollo económico del país.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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