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“Apagones” masivos de CFE, ¿prevenibles y previsibles?

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

Aunque está reservado por investigaciones y peritajes el lugar exacto de la infraestructura que atacaron vándalos a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), seis municipios de Quintana Roo sufrieron de forma inmediata el corte masivo de luz, el “apagón” de más de 7 horas que se prolongó hasta las 5 de la madrugada, y hasta hoy no hay detenidos.

Los afectados fueron Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Cozumel, Isla Mujeres y Othón P. Blanco, mientras en Yucatán afectó Mérida, Kanasín y Hoctún; en Campeche, zonas de su capital y áreas circunvecinas, y en Chiapas, regiones del norte y centros urbanos.

La CFE confirmó que personal especializado ingresó a zonas de difícil acceso para reemplazar las cadenas de aislamiento dañadas -reportes locales señalan disparos a distancia hacia los discos aisladores de las torres-, por lo que coordinó sus trabajos con el Ejército para resguardo del perímetro.

El masivo apagón en la Península de Yucatán del lunes lo provocaron actos de vandalismo, similares a las del mismo corredor eléctrico el 3 de junio, y causó la desconexión de dos líneas de transmisión de alta tensión de 400 kV. Los daños ocurrieron de forma específica en aisladores de dos estructuras de alta tensión, forzando la salida del sistema eléctrico regional.

Así, el origen del problema fue la desconexión imprevista de las dos líneas de alta tensión clave para el flujo eléctrico del Sureste, masivamente a Yucatán y Quintana Roo, y de forma parcial a sectores de Campeche y Chiapas, por lo que ciudades como Mérida y zona hotelera-urbana de Cancún -con más de 20 regiones a oscuras con temperaturas de 37 grados- provocaron caos vial por semáforos apagados y caídas de telefonía.

Aunque algunos dicen que se dio con los culpables del vandalismo, autoridades federales y la CFE sólo informan que se realizaron peritajes y se interpuso denuncia formal ante la Fiscalía General de la República (FGR) para localizar a los responsables.

La buena noticia es que los apagones masivos son prevenibles y previsibles en gran medida, pero prevenirlos depende directamente de la causa que los origina, aunque en el caso de un ataque por vandalismo o sabotaje -como el de ahora-, anticipar el momento exacto del daño es casi imposible, pero sí existen fallas del sistema que la infraestructura debería mitigar.

En este sentido, cuando se satura la demanda, el aumento de consumo por olas de calor se anticipa con pronósticos meteorológicos, pero se puede prevenir activando plantas de reserva, mientras que cuando hay falta de mantenimiento, el desgaste de transformadores y líneas de transmisión se detecta con revisiones programadas y termografía aérea.

Ante la falta de redundancia, un sistema robusto debe contar con caminos alternos para la electricidad, por lo que si una línea falla, otra debe absorber la carga automáticamente para evitar un apagón generalizado o “efecto dominó”.

Por otro lado, se puede hablar de eventos no previsibles, pero sí mitigables, como con el vandalismo y sabotaje, ya que es imposible adivinar cuándo alguien dañará una torre de alta tensión en zonas aisladas, pero se previene aumentando vigilancia física, utilizando drones y blindando accesos a las estructuras.

Asimismo, la caída de un rayo o el choque de un vehículo contra un poste ocurren al azar, pero el sistema debe estar diseñado para aislar la falla de forma inmediata y que afecte a menos usuarios.

En otro orden de idea, la falta de mantenimiento influye de forma crítica y decisiva en la frecuencia, magnitud y duración de los apagones. Aunque la CFE adjudicó el fallo al acto externo de vandalismo, especialistas del sector eléctrico y autoridades coinciden en que el impacto de cualquier evento humano o natural, se magnifica cuando falta adecuado mantenimiento.

La falta de inversión y atención técnica influye directamente a través de factores como debilidad ante fallos menores o “efecto dominó”.

Un sistema eléctrico con mantenimiento óptimo cuenta con redundancia y aislamiento de fallas, pero si los equipos de protección en subestaciones no reciben calibración constante, no logran frenar una sobrecarga local, por lo que un incidente en un punto -como el daño a dos líneas de ayer- obligue a salir de operación a centrales enteras por seguridad, convirtiendo un problema local en apagón regional.

Otro factor es la vulnerabilidad de infraestructura rural y urbana, como falta de brechas y poda: En el sureste, la vegetación crece rápido y si la CFE no limpia ramas cercanas a cables de conducción, los árboles provocan constantes cortocircuitos con vientos menores.

Además, aisladores, transformadores y cables expuestos al calor extremo y salitre de la Península se degradan más rápido. Sin un reemplazo programado, están “sentenciados” a colapsar ante mínima variación de voltaje.

Mantenimiento no es sólo arreglar lo viejo, sino tener la logística lista para emergencias. Cuando las cuadrillas locales carecen de suficientes refacciones o vehículos óptimos por recortes presupuestales, las maniobras que deberían demorar un par de horas se extienden toda la noche.

En México, el mantenimiento del sistema eléctrico es insuficiente y desigual, caracterizado por la marcada contradicción entre discursos oficiales de inversión y realidad operativa que enfrentan los usuarios.

Por un lado, la Comisión defiende aplicar programas preventivos masivos y reporta mejoras estadísticas, pero, por otro, ingenieros, consultores energéticos y cámaras empresariales señalan rezago estructural crítico con razones técnicas, financieras y de gestión que lo explican.

De entrada, los recortes financieros presupuestales hincados en la operación, pues aunque se anuncian miles de millones de pesos en planes de inversión a mediano plazo -como el plan de infraestructura 2025-2029-, el presupuesto neto programable de la CFE ha sufrido reducciones reales consecutivas.

Su gasto operativo real se vio castigado para priorizar al pago de intereses de su deuda, lo que limita el dinero en efectivo que fluye de forma inmediata a las superintendencias para comprar refacciones de calidad.

Como “cuello de botella”, el mantenimiento se concentra históricamente en plantas de generación de energía, descuidando líneas de transmisión -cables de alta tensión que viajan por el país- y redes de distribución -postes y transformadores de las colonias.

Al no modernizar transformadores al mismo ritmo que crece la población y el uso de aires acondicionados, el equipamiento trabaja al límite de su capacidad térmica y provoca fallas masivas ante cualquier imprevisto.

La versión de la CFE es afirmar que en 2026 las interrupciones de servicio a nivel nacional disminuyeron 37% respecto a años anteriores, por millones árboles podados y un tiempo más ágil de restablecimiento de fallas.

No obstante, expertos aclaran que el mantenimiento es predominantemente correctivo -apagar fuegos y parchar el sistema cuando ya falló- y no predictivo o preventivo de cambiar piezas antes de colapsar, por lo que regiones aisladas o con climas extremos, como la Península de Yucatán o las costas, vivan constante fragilidad energética.

Por cierto, al cierre del segundo trimestre de 2026, la deuda financiera de la CFE es de 481,438 millones de pesos.

Pese a equivaler cerca de 1.3% del PIB de México, el reporte más reciente entregado a la Bolsa Mexicana de Valores y analizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad muestra ligera reducción de 1% respecto al año anterior.

En un desglose de obligaciones, su deuda financiera -bancos y mercados- se ubica en esos 481,438 millones, y aunque bajó ligeramente, analistas financieros advierten que sigue siendo la segunda cifra más alta registrada para un primer semestre desde 2018.

Su rubro de deuda con proveedores y contratistas muestra una tendencia preocupante al alza de 74,499 millones de pesos, lo que significa un incremento de 10.6% el último año, lo que impacta directamente a las empresas privadas que le venden insumos, tecnología y servicios de logística.

Además, más de 50% de la carga de la deuda de la CFE está en dólares y ante la volatilidad del tipo de cambio, aumentó el costo de pagar intereses y provocó que sus utilidades netas cayeran 30.7% la primera mitad del año.

Paradójicamente, mientras arrastra estos pasivos, los gobiernos estatales, municipales y dependencias también le deben dinero, con una deuda acumulada que creció 25%, alcanzando 50,764 millones de pesos.

Su deuda se divide en inversionistas internacionales y nacionales -tenedores de bonos-, banca comercial y de desarrollo, y empresas privadas proveedoras de servicios, por lo que, al ser una empresa de Estado, no le debe sólo a una entidad, sino a cientos de financieras que financian su operación diaria y proyectos de infraestructura.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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