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¡Sospechoso silencio con sospechosa “renuncia”!

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

Mantener silencio y omitir investigar el enlodado caso del ex director del Servicio de Administración Tributaria de Quintana Roo, Héctor José Contreras Mercader, implica para la gobernadora viajera, la Verde Mara Lezama, asumir costos y estrategias políticas muy específicas, una de ellas el desgaste de la bandera de “austeridad republicana”, totalmente ignorado por ella.

En efecto, a pregunta de Joaquín C. Moreno, investigaciones periodísticas señalan al ahora ex funcionario por supuestos vínculos con contratos públicos por más de 80.5 millones de pesos y la compra de una mansión de 65 millones en Puerto Cancún, aunque, previamente, renunció tras el escándalo de ostentación.

Entre los principales señalamientos en su contra se incluye una red de contratos, donde el Gobierno del Estado otorgó contratos por esos 80.5 millones a la empresa “Transportes Ejecutivos Bell”, cuya apoderada legal, Frida Sofía Hoil Sánchez, comparte sociedades con el hermano del ex funcionario, el notario público Juan Arturo Contreras.

Lo cierto es que una empresa de esta red habría adquirido la residencia valuada en 65 millones de pesos, domicilio actual de Juan Arturo, aunque a Héctor José también se le vincula como operador político de figuras como Mara Lezama y el llamado “Niño Verde” Jorge Emilio González Martínez.

Como se sabe, Héctor José renunció “voluntariamente” el 11 de junio tras salir publicado en una fotografía en un palco VIP del Madison Square Garden, a escasos metros del presidente estadounidense Donald Trump, durante las finales de la NBA, donde los boletos de admisión, valuados entre 20,000 y 30,000 dólares, contrastan con la política de “austeridad” oficial.

Sobre este particular, en nuestra columna del 24 de junio, titulada: “Sospechosa, ¡cuestionada renuncia voluntaria!”, abundamos en señalamientos sobre este escandaloso tema, que puede Usted leer en este link: https://luisangelqroo.blogspot.com/2026/06/sospechosa-cuestionada-renuncia.html

Sin embargo, “extrañamente”, no existe ninguna investigación oficial confirmada en el ámbito penal o administrativo en su contra.

Todo el expediente sobre la presunta red de contratos por los 80.5 millones de pesos y la compra de la residencia proviene estrictamente de una indagatoria publicada por el periódico Reforma, que fundamentó su acusación en documentos corporativos, actas del registro comercial y contratos de la Secretaría de Finanzas.

No obstante, ni la Fiscalía General del Estado, Secretaría de la Función Pública, ni autoridades fiscalizadoras federales emitieron comunicados oficiales sobre la apertura de alguna carpeta de investigación penal o procedimiento sancionatorio administrativo derivado del caso.

Formalmente, el ex funcionario no fue separado de su cargo por sospechas de desvío de recursos. Su separación fue por renuncia voluntaria que presentó con el argumento de motivos personales y para evitar que el escándalo mediático de su asistencia a las finales de la NBA entorpeciera el “trabajo institucional” de la administración.

Así las cosas, la inacción de las instancias fiscalizadoras y judiciales ante las revelaciones periodísticas documentadas se interpreta, desde la perspectiva del análisis político y la opinión pública, bajo vertientes importantes.

Una de ellas es de protección o pacto de impunidad: Al señalarse al ex funcionario como presunto operador clave para figuras de alto nivel en Quintana Roo, la falta de investigación formal obliga a sospechar cobijo político. Se asume que abrir una indagatoria oficial podría “salpicar” a mandos superiores o socios políticos estratégicos.

La otra es la renuncia como “castigo” suficiente, pues en la cultura política, con frecuencia se utiliza la separación del cargo -renuncia voluntaria- como mecanismo de control de daños para enfriar el escándalo mediático. Al salir el personaje del foco público, las autoridades suelen apostar al olvido colectivo, asumiendo que la baja es sanción suficiente y evita llevar el caso a tribunales.

Como estrategia de control de daños electoral o de imagen, iniciar proceso penal confirmaría oficialmente irregularidades financieras y contratos millonarios bajo el gobierno de Mara Lezama, y al omitir la investigación, se evita validar acusaciones de prensa y previene un impacto negativo directo en la aprobación o en futuros procesos electorales para Morena.

En este sentido, el “silencio” de la mandataria genera contradicción discursiva. Mientras la línea oficial de Morena y la 4T promueven austeridad y combate a la corrupción, permitir que un funcionario de su círculo íntimo -la acompañó desde su gestión como alcaldesa de Cancún- se retire sólo con una “renuncia voluntaria” tras exhibir lujos excesivos -y ligado a red millonaria de contratos- proyecta una percepción de simulación ante la ciudadanía.

En términos de opinión pública, la falta de una postura contundente o auditoría de la Secretaría de la Función Pública opera como admisión tácita. Al no confrontar datos periodísticos documentados ni ordenar un deslinde legal transparente, el silencio lo interpretan oposición y diversos sectores como protección corporativa para evitar que las indagatorias alcancen niveles más altos de su “gobierno”.

El caso no es aislado; coincide con un contexto donde la gestión de Mara Lezama enfrenta presiones y publicaciones de la prensa nacional por otros temas de opulencia y adjudicaciones, como señalamientos de las docenas de vuelos privados a Estados Unidos y Europa o contratos a redes de empresas cuestionadas.

Su silencio ante el caso Héctor José Contreras aumenta vulnerabilidades de su “gobierno”, lo que genera desconfianza y presiones desde las dirigencias de su propio movimiento a nivel federal, de cara a futuros escenarios políticos o electorales en la región.

En resumen, el silencio permite a Mara Lezama un control de daños inmediato al sacar el tema de la agenda institucional, pero a cambio de asumir un gasto reputacional de impunidad y debilitar su autoridad “moral” ante la gente.

A todo esto, legal e institucionalmente existen vías para investigar al ex funcionario y, de encontrarse culpable, sancionarlo, aun cuando las autoridades hayan optado por silencio inicial. En el sistema jurídico mexicano, presión ciudadana y mecanismos de fiscalización independientes pueden forzar la apertura de un expediente a través de varias rutas.

Por la vía penal de denuncia ciudadana por corrupción, cualquier persona, colectivo u organización civil con las pruebas de la prensa puede interponer una denuncia formal ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción de Quintana Roo a través de su portal feccqroo.gob.mx.

Con datos de la investigación -red de contratos y propiedades millonarias-, se puede exigir investigar enriquecimiento ilícito, ejercicio ilícito del servicio público o cohecho.

Vía administrativa, en auditoría de recursos, la renuncia no extingue la responsabilidad administrativa de un ex servidor público y se puede interponer queja o denuncia administrativa en el portal estatal denuncia.qroo.gob.mx o llamando al 800 84 977 84. La Contraloría del Estado está obligada a revisar su evolución patrimonial -qué bienes tenía al entrar y cuáles al salir del SATQ- para contrastarlo con sus ingresos legítimos.

Ante la Auditoría Superior del Estado, ciudadanos o diputados de oposición pueden solicitar formalmente una auditoría especial a las cuentas del SATQ y a los contratos asignados a la empresa de transportes involucrada.

Ahor bien, por la vía federal, dado que los señalamientos involucran la compra de una propiedad de 65 millones de pesos y triangulación de empresas, el caso sale del ámbito puramente estatal. Si se presume “lavado” de dinero o evasión fiscal, la Unidad de Inteligencia Financiera o el SAT federal pueden congelar cuentas bancarias e iniciar una investigación de oficio sin necesitar permiso del Gobierno del Estado.

Por último, el activismo de organizaciones no gubernamentales -como Mexicanos Contra la Corrupción o colectivos locales- suele ser motor real en estos casos. Promover amparos ciudadanos o presentar expedientes directamente ante la Fiscalía General de la República, obligan a actuar para evitar costo político de complicidad manifiesta.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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