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Gran Consejo Maya y Grupo Xcaret, ¡en la mira!

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

         Quienes tuvimos hace unos años la oportunidad de disfrutar el grandioso espectáculo maya de Xcaret, siempre creímos que éste les generaría muchos ingresos a los indígenas y, al igual que hoy, nos preguntábamos por qué esos recursos no se reflejaban de alguna manera en mejorar los servicios públicos de sus comunidades.

            Para mala fortuna de la empresa -y de quienes se beneficiaban con millonarios, oscuros acuerdos- el tema es objeto de una gran polémica, trascendió a la Suprema Corte de Justicia y amenaza con escalar proporciones de difícil pronóstico, entre ellos una demanda por “violencia digital” contra la periodista Fabiola Cortés Miranda, sobre lo que pocos conocíamos o poco importaba.

Verá Usted. El Gran Consejo Maya, máxima autoridad tradicional del pueblo maya en Quintana Roo, funciona como instancia comunitaria oficial para preservar lengua, tradiciones, usos, costumbres y patrimonio cultural de las comunidades indígenas, pero es el más cuestionado, junto con Grupo Xcaret.

Reconocido legalmente por el Estado desde 1998, actúa de enlace entre pueblos originarios y gobierno, con participación en procesos de consulta y toma de decisiones que afectan a sus territorios y cultura.

El Gran Consejo lo forman figuras de más jerarquía y respeto en el organismo social y religioso maya de Quintana Roo, entre ellos sus dignatarios, líderes que representan a los principales centros ceremoniales del Estado: Tixcacal Guardia, Chancah Veracruz, Chumpón, Tulum y Carrillo Puerto.

También lo integran sacerdotes mayas que guían vida espiritual y rituales sagrados de comunidades; los jueces tradicionales, autoridades que resuelven conflictos internos en base a leyes consuetudinarias, o sea usos y costumbres.

Por último, lo forman comandantes y sargentos, vinculados a la “Guardia tradicional”, herencia histórica de la Guerra de Castas, todos ellos, generalmente, con sede principal de consulta y reuniones en Felipe Carrillo Puerto, corazón histórico de la Zona Maya.

La postura de ese Gran Consejo respecto a Grupo Xcaret es compleja y favorable a la empresa, lo que genera fuerte división interna entre comunidades indígenas, pues, a diferencia de otros colectivos que acusan a la empresa de “comercializar” la cultura, prefiere el diálogo y colaboración.

Así, en 2023 y 2024, firmó acuerdos con Grupo Xcaret para permitir usar simbología maya a cambio de beneficios directos para centros ceremoniales, por lo que se desistió formalmente de las quejas ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor, respaldando a la empresa a utilizar elementos del patrimonio cultural en publicidad y espectáculos.

En este sentido, tras un fallo de la Corte en marzo de 2026, que prohibió a Xcaret lucrar con símbolos mayas, el Gran Consejo calificó la resolución de “nefasta”, con el argumento de vulnerar su autonomía de decidir su propio patrimonio.

Sin embargo, la postura no es unánime en el pueblo maya, pues dignatarios y comunidades lo critican y denuncian que los recursos del acuerdo -unos 15 millones de pesos- no llegan a los pueblos ni se traducen en beneficios reales.

Recientemente, algunos sectores llegaron al grado de “desconocer” al Gran Consejo, a cuyos líderes acusan de vender el patrimonio cultural para fines comerciales y exigen respetar la prohibición que impuso la Corte.

Sobre el espectáculo principal, en el Teatro Gran Tlachco de Xcaret, el Gran Consejo defiende que las representaciones sirven para visibilizar su cultura a nivel internacional, siempre que exista reconocimiento y respeto a las raíces originales.

En relación con la resolución de la Corte, ésta se considera histórica por ordenar a Grupo Xcaret dejar de utilizar símbolos, imágenes y elementos de la cultura maya en publicidad y atracciones turísticas.

Así, decidió que la protección del patrimonio cultural indígena tiene mayor peso que el interés comercial de una empresa privada, con lo que cualquier uso de elementos culturales requiere de consentimiento libre, previo e informado de todas las comunidades involucradas. No de una representativa.

Ante esta decisión, la empresa debe retirar de sus campañas de marketing y publicidad cualquier referencia a la cultura maya mientras se resuelve el litigio de fondo, y abarca elementos como juego de pelota, celebración Hanal Pixán, travesía sagrada y danzas tradicionales.

El caso es inusual porque, aunque el Gran Consejo firmó el millonario acuerdo de colaboración, la Corte lo invalidó, con el argumento de que el Gran Consejo no podía ceder por sí solo un patrimonio que pertenece a más de mil comunidades en Yucatán, Campeche y Quintana Roo.

En respuesta, Grupo Xcaret declaró que respetaría la determinación, pero sin afectar la operación de sus parques ni la experiencia de visitantes a corto plazo, por lo que continuarán el proceso legal hasta su solución definitiva.

No obstante, la Corte trajo consecuencias directas y de gran alcance para el espectáculo más emblemático del parque e industria turística, entre ellos al show “México Espectacular”, por la suspensión de rituales, pues obliga a suspender temporalmente símbolos, rituales y expresiones específicamente mayas en sus espectáculos.

Además, otros como juego de pelota, danzas sagradas y alusiones a la cosmogonía maya se deben retirar o modificar mientras siga el litigio, y aunque se asegure que sigue el espectáculo, su contenido está bajo estricta revisión legal para evitar el uso comercial no autorizado del patrimonio colectivo.

Por otro lado, el veredicto no sólo afecta a Grupo Xcaret, sino que sienta un precedente jurídico para todo el sector, con revisión de otros parques, como Xel-Há o Xplor, que también utilizan iconografía maya en su señalética y experiencias, y deberán ajustar su imagen para cumplir la prohibición.

Sobre publicidad y marketing, se ordenó retirar toda imagen o referencia maya de sitios web, folletos y campañas promocionales de hoteles y parques del grupo, mientras, con nuevas reglas de consentimiento, cualquier empresa turística de México que desee utilizar elementos de pueblos originarios deberá obtener ahora consentimiento libre, previo e informado de las comunidades de manera integral, no sólo vía acuerdos con consejos específicos.

Por cierto, “México Espectacular” es el show nocturno más emblemático del parque Xcaret, considerado uno de los más grandes de México en un recinto para más de 6 mil personas, con más de 300 artistas en escena.

El espectáculo es un viaje cronológico por la identidad de México y se divide principalmente en dos partes, historia y conquista. La Época Prehispánica inicia con representaciones de la vida antigua, rituales y la cosmogonía indígena.

Su Juego de Pelota es uno de los más famosos, con las variantes de poc-ta-poc -golpes a la pelota con la cadera- y juego con una pelota encendida en fuego, y Encuentro de Dos Mundos escenifica llegada de españoles, evangelización y choque cultural que dio origen al México actual.

Sobre el folclore de México, se expone un recorrido geográfico que, tras la parte histórica, el show se transforma en una fiesta de música y danza que muestra a los Estados más representativos del país.

Otros atractivos son danzas icónicas, con Viejitos de Michoacán, Huapangos de la Huasteca, Bamba de Veracruz y, por supuesto, el Mariachi y el Jarabe Tapatío de Jalisco y, con un cierre patriótico, el final es muy emotivo, con todos los artistas en escena, banderas y canciones celebran la unidad mexicana, todo en unas 2 horas.

Su producción utiliza tecnología avanzada en iluminación, pantallas y efectos de sonido para complementar las coreografías tradicionales, premiado internacionalmente por su calidad técnica y difusión de la cultura mexicana.

Las comunidades que se oponen al espectáculo y al uso de su cultura basan su postura en tres ejes: Lucro con el patrimonio colectivo, “folklorización” y distorsión, y falta de consulta real

El principal argumento es que una empresa privada genera millonarias ganancias con símbolos, danzas y rituales que no le pertenecen. Consideran que la identidad maya es un bien común y no mercancía que pueda “empaquetarse” para turismo masivo sin beneficiar a los verdaderos herederos de esa cultura.

Líderes y académicos indígenas critican la “disneyzación” de su historia por reducir ceremonias sagradas a simples actos de entretenimiento, mezclar elementos de distintas regiones y épocas, creando una imagen “genérica” o falsa de lo que significa ser maya, e ignorar la situación de pobreza y marginación de las comunidades reales, mientras se exalta un pasado prehispánico idealizado.

Aunque el Gran Consejo firmó acuerdos, comunidades -especialmente de Yucatán y Campeche- dicen nunca haber sido consultadas, cuando que la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos Indígenas exige que el consentimiento sea libre, sin presiones económicas; previo, antes de usar los símbolos; e informado, explicando claramente cuánto dinero ganará la empresa y cuánto recibirá la comunidad.

Además, dicen que, bajo las nuevas leyes mexicanas, ellas son las únicas facultadas para autorizar el uso de sus diseños textiles, música y ritos. Que Xcaret haya registrado marcas o conceptos relacionados con lo maya se ve como apropiación cultural.

Las comunidades que lideran la oposición a Grupo Xcaret no son sólo un grupo, sino que representan una vasta diversidad de pueblos mayas de la Península que impugnan los acuerdos previos, entre ellos los Mayas Cruzo'ob, representantes de esta histórica identidad -herederos de la Guerra de Castas- claros en señalar que el Gran Consejo no puede ceder derechos de todos.

También incluyen dignatarios mayas disidentes, líderes de centros ceremoniales en Quintana Roo, que desconocen la autoridad de los miembros del Gran Consejo, a los que acusan de firmar acuerdos sin consultar a las bases.

Otros más, pueblos mayas de Yucatán y Campeche, ya que, al ser un patrimonio cultural compartido, representantes de esas entidades se sumaron a las quejas ante el Instituto, argumentando que las más de mil comunidades de la región deben consultarse, no sólo las de Quintana Roo.

También diversas organizaciones civiles e indígenas acompañan legalmente las denuncias, cuestionando que los 15 millones de pesos no llegaron a las comunidades y sólo fue un intento de “darle la vuelta a la ley”.

La batalla jurídica se impulsó inicialmente por quejas ante el Instituto, respaldadas y escaladas por representantes del Pueblo Maya en amparos; autoridades locales e indígenas que impugnaron la suspensión que favorecía a la empresa en 2025, y comunidades que exigen respetar el fallo de la Corte.

Lo cierto es que el conflicto evidencia una fractura entre la estructura jerárquica tradicional -el Gran Consejo- y las comunidades de base, que exigen que su cultura deje de verse como “mercancía”, ante lo cual los dignatarios mayas solicitaron una auditoría.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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