¡Sólo tres morenistas “puros” a gobernadores!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Aunque resulte incomprensible
-increíble para algunos-, tan sólo tres de los 17 nuevos coordinadores
estatales de Morena que se perfilan como virtuales candidatos para las
gubernaturas en las elecciones de 2027, son morenistas “puros”, con orígenes y
trayectoria en las filas de ese partido, porque los 14 restantes tienen diferentes
orígenes políticos.
En
efecto, mientras que algunos de los que aspiran a convertirse en próximos
gobernadores desarrollaron toda su carrera pública en la izquierda tradicional
o directamente en Morena, 14 de los restantes de la lista militaron formalmente
con siglas del desaparecido PRD, PAN, PRI o Verde “Ecologista”.
Así,
sólo los coordinadores de Baja California, San Luis Potosí y Zacatecas, Julieta
Ramírez Padilla, Elí César Eduardo Cervantes Rojas, y Verónica Díaz Robles,
respectivamente, serán los auténticos morenistas que, sin ninguna relación con
otros partidos, enfrentarán a la oposición en las próximas elecciones.
Sin
embargo, de la izquierda tradicional y de Morena, se incluyen los coordinadores
de Aguascalientes (Nora Ruvalcaba Gámez), quien inició en el PRD a fines de los
años 90, aunque fue fundadora de Morena en la entidad y su primera presidenta
estatal.
A
ella se suman la de Colima (Rosa María Bayardo Cabrera), cuyo perfil es empresarial
y activista inicial, con carrera política e institucional desarrollada
exclusivamente en Morena desde 2017, aunque antes fue del PRI, mientras que la
de Sinaloa (Imelda Castro Castro) militó por décadas en el PRD antes de estar
en Morena.
Les
siguen Sonora (Lorenia Iveth Valles Sampedro), quien se formó en el PRD, como
diputada federal, antes de su transición a Morena; Tlaxcala (Ana Lilia Rivera
Rivera), quien se inició en el PRD y luego fue fundadora de Morena; y concluye
el quintanarroense Eugenio Segura, quien va por Morena, pero tiene orígenes en
el Verde.
Para
Morena, la alta concentración de coordinadores estatales con pasado en el PRI,
PAN, PRD o Verde representa una estrategia de pragmatismo electoral que
prioriza la competitividad frente a la pureza ideológica, aunque esta
composición genera doble efecto en el partido, dividiéndose entre ventajas
pragmáticas y severos conflictos internos.
Entre
los beneficios, se busca una garantía de triunfo -rentabilidad electoral-, ya
que la dirigencia nacional prefiere perfiles con estructuras territoriales ya
probadas, capacidad financiera y alto conocimiento de marca en sus respectivos
Estados, asegurando retener o ganar gubernaturas.
Además,
en desarticulación de la oposición, al absorber liderazgos consolidados del
PRI, PAN o PRD, Morena debilita la capacidad de operación de los partidos de oposición
en regiones, dejándolos sin cuadros competitivos, ya que, con la ampliación de
la base votante, esos candidatos suelen atraer a sectores de clase media,
empresarios o votantes moderados que, originalmente, no simpatizaban con la
izquierda tradicional.
Sin
embargo, entre los riesgos y tensiones internas, se incluye el descontento de
bases -“puros” vs. “neomorenistas”-, donde la militancia fundacional acusa
constantemente el desplazamiento de cuadros históricos que construyeron el
partido desde 2011 o 2012, generando brazos caídos o fracturas en la
movilización de bases.
En
crisis de identidad ideológica, se debilita el discurso original de separación
de la “vieja política” -el llamado PRIAN- que, para los críticos, el partido
corre el riesgo de convertirse en nuevo partido hegemónico que replica vicios
corporativos del pasado.
Respecto
a la inestabilidad en las alianzas, la designación de candidatos externos o
procedentes de un aliado específico -como el Verde- genera rupturas locales con
otros socios estratégicos -como el PT-, lo que pone en riesgo la cohesión de la
coalición gobernante a nivel estatal.
Por
otro lado, la ausencia de cuadros de origen “puro” o fundacional en varias
coordinaciones estatales de Morena, no se debió a un veto explícito, sino a una
combinación de diseño metodológico, ventajas estructurales y prioridades de la
dirigencia nacional.
En
este sentido, aunque destacados militantes de bases -como la senadora Andrea
Chávez en Chihuahua o Raúl Morón en Michoacán- compitieron activamente, no
lograron acceder al nombramiento por varios factores, entre ellos el peso de
las encuestas abiertas y el “conocimiento de marca”, pues el estatuto de Morena
dice que las coordinaciones se definen por encuestas abiertas a toda la
ciudadanía, no sólo a su militancia.
La
paradoja del origen es que candidatos provenientes de otros partidos (ex alcaldes,
ex dirigentes o figuras con décadas de trayectoria en el PRI, PAN o PRD) ya
contaban con altísimo nivel de conocimiento y popularidad entre la población,
mientras los cuadros exclusivos en bases de Morena suelen ser muy conocidos
dentro el partido, pero registran menor porcentaje de reconocimiento entre
votantes externos que responden encuestas.
Otro
factor fue la disparidad en estructuras territoriales y recursos, pues para
ganar una encuesta o sondeo de opinión general, se requiere una fuerte
movilización y presencia en medios. Los perfiles externos o de reciente
incorporación llegaron al proceso controlando sus propias redes corporativas,
alcaldías importantes -como Cruz Pérez Cuéllar en Ciudad Juárez- o secretarías
de Estado locales.
Los
liderazgos “puros” o del ala más ideológica, operan bajo dinámicas de activismo
de tierra que, en ocasiones, se vieron rebasadas por las maquinarias políticas
tradicionales que sus competidores ya tenían aceitadas.
Como
tercer factor, estuvo el criterio de “rentabilidad sin riesgo” de la dirigencia.
Bajo las presidencias de figuras con un enfoque altamente operativo -como la
dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes- la estrategia central fue
minimizar el riesgo de derrota en las elecciones constitucionales.
En
este sentido, priorizó el pragmatismo electoral. Si un perfil externo
garantizaba ganar un Estado difícil o retener una gubernatura con amplio
margen, Morena optó por avalarlo para asegurar el control territorial y los
votos para el proyecto federal, asumiendo el costo del descontento interno.
Por
último, se incluye el factor género y los bloques de competitividad, ante la
obligación constitucional de cumplir con la paridad de género, que obligó a
Morena a postular a 10 mujeres y 7 hombres.
En
la mesa de negociaciones metodológicas, la asignación de géneros por Estado
provocó que en ciertas entidades donde un varón o una mujer de origen morenista
puro lideraba los afectos de la militancia, se tuviera que ceder el espacio a
un perfil del género opuesto, que terminó recayendo en figuras con mayor
alcance externo o provenientes de coaliciones.
Lo
cierto es que esta situación derivó en lo que los analistas y la propia
militancia llaman proceso obligatorio de “operación cicatriz”, pues figuras
desplazadas e inconformes han levantado protestas en Estados clave, forzando a
la dirigencia nacional a publicar metodologías técnicas de las encuestas espejo
para tratar de apaciguar reclamos de imposición.
Con
todo, de acuerdo con análisis políticos internos del oficialismo y mediciones
de firmas encuestadoras, Campeche, Michoacán, Nuevo León, Chihuahua, Querétaro
y Aguascalientes representan los Estados con mayores posibilidades de derrota o
escenarios de alto riesgo para Morena rumbo a las elecciones de 2027.
En
torno a la perspectiva de liderazgos internos, el senador morenista Ricardo
Monreal reconoció públicamente el desgaste del partido e identificó las
entidades bajo mayor peligro electoral: Campeche y Michoacán: Definidos como
los estados con la competencia más cerrada del país, por lo que son los focos
de riesgo más inmediatos.
Asimismo,
se mencionan Nuevo León y Chihuahua, calificados como escenarios altamente
disputados y gobernados actualmente por la oposición, en tanto Querétaro es catalogado
como terreno difícil debido a su histórico arraigo panista.
Por
su parte, diferentes firmas de opinión pública detallan las vulnerabilidades estadísticas
del partido gobernante: Bastiones opositores (Aguascalientes y Querétaro), la
plataforma LaEncuesta.mx expuso que el PAN retiene ventajas
superiores a los ocho puntos en ambas entidades.
Con
un margen de error absoluto en Campeche, mediciones de mediados de año muestran
a Morena superando a Movimiento Ciudadano por apenas 0.7%, lo que convierte impredecible
la elección.
En
riesgo por fractura de alianzas en Zacatecas, Colima y San Luis Potosí, consultoras
como TResearch y reportes de prensa advierten “focos rojos”, pues disputas
internas por la designación de coordinadores provocaron que el PT y el PVEM
congelaran o rechazaran las coaliciones locales, dividiendo el voto de la
izquierda.
Como
corolario al tema de los coordinadores estatales, cabe señalar que, entre los
no morenistas “puros” se incluyen los provenientes del Verde en Baja California
Sur (Manuel Alejandro Cota Cárdenas), por designación directa por cuota como
aliado de la coalición; y Nayarit (Jasmine María Bugarín Rodríguez), militante
y representante legislativa del Verde, previamente vinculada al PRI al inicio
de su carrera.
Por
su parte, provenientes de otros partidos, principalmente del extinto PRD,
figuran los de Campeche (Pablo Gutiérrez Lazarus), con origen político formal en
el PAN, con el que ganó Ciudad del Carmen en 2015 antes de sumarse a Morena en
2020; Chihuahua (Cruz Pérez Cuéllar), con larga trayectoria en el PAN, incluso como
dirigente estatal y diputado, y de forma breve en Movimiento Ciudadano, antes
de integrarse a Morena.
Por
Michoacán será Carlos Torres Piña, originalmente del PRD, donde fue dirigente
estatal y renunció en 2019 para unirse a Morena; Guerrero (Beatriz Mojica Morga),
históricamente del PRD, donde llegó a ser Secretaria General nacional y
candidata a la gubernatura en 2015; y Nuevo León (Clara Luz Flores Carrales),
con más de 20 años en el PRI, donde gobernó el municipio de Escobedo antes de
separarse en 2020.
Finalmente,
aparece otro de los más cuestionados en Querétaro: Santiago Nieto Castillo, eminentemente
técnico y académico-jurídico, aunque ocupó la titularidad de la FEPADE con Peña
Nieto, por consenso de partidos como el PRD, estuvo sin militancia tradicional
en la oposición antes de integrarse a la 4T sin ninguna convicción.
Por
cierto, en redes sociales, donde erróneamente señalan que NINGÚN coordinador
sería de los “puros”, señalan que miembros y dirigentes de Morena acusan
frecuentemente al bloque opositor del PRI y del PAN -al que denominan PRIAN- de
representar a un viejo régimen caracterizado por corrupción, fraudes
electorales históricos y políticas neoliberales.
Pero,
agrega, de cara a los procesos electorales, los candidatos de morena a las
gubernaturas son del PRIAN y, sin embargo, los postularon, los aceptaron, harán
campaña por ellos y pelearán contra los partidos de oposición por ellos. Ahora,
concluye, el viejo régimen del PRIAN representa a los de Morena, a esos que
tanto critican, odian y satanizan, tanto odian al PRI y al PAN, que son sus
candidatos.
Y
a los morenos les toca pedir para ellos el voto y aplaudir.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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