México, ¡el peor para la prensa de América!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Las
sonadas desapariciones y ejecución de los periodistas Roxana Guzmán Ramírez y Manuel
Alejandro (Alex) Moreno Serna, en Nanchital, Veracruz, y Zihuatanejo, Guerrero,
respectivamente, confirman que México es el país más letal y peligroso para
ejercer el periodismo en todo el continente americano, situación crítica que se
mantiene desde hace más de 15 años.
Organizaciones
globales, como Reporteros Sin Fronteras y Article 19,
catalogan al país al nivel de zona de guerra por los elevados índices de
violencia e impunidad, con más de 150 periodistas asesinados y una treintena que
permanece desaparecida desde 2000, con un promedio de agresión física,
digital o legal contra la prensa, asómbrese Usted, ¡de una cada 19 horas!
Por
si fuera poco, existe grave aumento de demandas e investigaciones legales,
sobre todo, contra periodistas independientes, con el propósito de asfixiar su
labor profesional, además de que, según informes de derechos humanos, funcionarios
públicos -municipales, estatales y federales- son responsables de la mitad de
las agresiones.
Respecto
al crimen organizado, los cárteles de la droga atacan de forma directa y
sumamente violenta a los que reportan sobre seguridad, narcotráfico o colusión
con autoridades, además de que la prensa sufre constantes campañas de
descrédito y señalamientos directos desde los propios espacios de poder, lo que
propicia linchamientos digitales.
Sin
embargo, con todo, el riesgo no es homogéneo, ya que los periodistas locales y
regionales son los más desprotegidos, sobre todo en zonas con mayor número de
incidentes violentos, atentados y amenazas recurrentes como la Ciudad de México,
Puebla, Veracruz, Michoacán y Oaxaca.
Entre
los factores que perpetúan la crisis en la actividad periodística, se incluye
la impunidad estructural, toda vez que alrededor de 98% de los crímenes contra
la prensa en México quedan sin resolución judicial real o castigo para los
autores intelectuales.
Sobre
el caso, el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos
Humanos y Periodistas tiene a cientos de beneficiarios, pero carece de recursos
económicos y coordinación estatal para prevenir atentados en las zonas más
remotas, por lo que ha sido rebasado.
Cabe
señalar que los bajos salarios y la necesidad de trabajar para múltiples medios
de comunicación aumentan la exposición al peligro sin redes de seguridad médica
o legal institucionales.
Los
elevados índices de inseguridad para los periodistas de México se atribuyen a
una combinación de factores institucionales, criminales y económicos que crean
un entorno hostil, según Article 19 y Reporteros Sin
Fronteras.
Así,
las causas principales de esta crisis son la impunidad estructural y fallas
judiciales con falta de castigo, ya que cerca de 98% de agresiones, amenazas y
homicidios contra comunicadores jamás reciben una sentencia judicial
condenatoria y las fiscalías locales, de entrada, suelen descartar la labor
periodística como motivo principal del crimen.
Además,
como revictimización estatal, con frecuencia se responsabiliza a la propia
víctima o a su entorno, lo que frena el esclarecimiento de hechos.
Por
otro lado, en múltiples regiones del país permea delgada línea entre los
cuerpos policiales, funcionarios municipales y cárteles de la droga, mientras
que informar sobre corrupción local, desvío de recursos o nexos criminales
convierte al periodista en objetivo directo de ambos bandos.
Existe
notable aumento en el uso de demandas civiles, penales y electorales de
políticos para asfixiar financieramente a los reporteros, contra los que, mecanismos
diseñados para proteger derechos, como las leyes de Violencia Política de
Género, comienzan a forzar la eliminación de notas críticas.
Otro
factor son las descalificaciones constantes de tribunas públicas a la prensa
libre, lo que genera un clima de linchamiento digital y social, además de que,
al etiquetar a los medios independientes como “enemigos” o “corruptos”, se
normalizan y validan de manera indirecta los ataques físicos en su contra.
En
una precarización económica y laboral, el desequilibrio en el reparto de publicidad
oficial obliga a pequeños portales a depender del dinero de gobiernos locales,
limitando su independencia, ya que los reporteros de regiones apartadas
trabajan sin salarios fijos, seguros de vida o equipo de protección, quedando
expuestos al crimen organizado sin ningún respaldo institucional.
La
respuesta de las autoridades ante la violencia contra la prensa el calificada
unánimemente por organismos nacionales e internacionales como deficiente,
rebasada y, en muchos casos, simulada. El Estado mexicano ha construido
instituciones “en el papel” que carecen de voluntad política, presupuesto y
fuerza real para frenar las agresiones.
Ante
esto, el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y
Periodistas se cataloga como herramienta de reacción lenta e insuficiente. Durante
evaluaciones de riesgo se documenta un alto índice de rechazo a solicitudes de
protección, dejando vulnerables a decenas de periodistas.
Las
medidas otorgadas -como botones de pánico, cámaras o escoltas- han demostrado
ser ineficaces, a grado tal de que varios periodistas han sido asesinados pese
a esquemas activos de protección federal, amén de existir nula cooperación de
las policías, que muchas veces vigilan o intimidan a los propios periodistas
bajo resguardo.
Por
su parte, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la
Libertad de Expresión y las fiscalías estatales son un rotundo fracaso en
procuración de justicia; rara vez investigan el periodismo como motivo de
crimen y atribuyen los ataques a problemas personales o altercados comunes.
En
una falta de autonomía real, las fiscalías suelen estar alineadas a los intereses
de gobernadores en turno, lo que impide investigar a los funcionarios públicos
que ordenan agresiones.
No
pocos consideran que las autoridades son parte del problema, con una calificación
especialmente severa porque el Estado no solo es omiso, sino también agresor: Tribunales
y jueces son utilizados por la clase política para validar el acoso judicial,
persiguiendo a periodistas mediante demandas de carácter civil, penal o
electoral bajo una falsa apariencia de legalidad.
Aunque
ha disminuido la confrontación directa respecto a años anteriores, las
autoridades sostienen discursos que minimizan los riesgos o desacreditan la
cobertura de la prensa independiente.
Así
las cosas, para disminuir los riesgos del periodismo en entornos de alta
peligrosidad, es necesaria una estrategia integral que combine seguridad
física, protección digital, respaldo legal y acción colectiva, a través de
medidas que recomiendan expertos internacionales.
Entre
éstas se enumera la seguridad física y protocolos en cobertura, con evaluación previa
de riesgos, esto es, analizar el terreno, identificar zonas seguras y
establecer vías de escape antes de salir a reportar al campo. mantener comunicación
constante con la redacción o un contacto de confianza, compartiendo la
ubicación en tiempo real durante coberturas críticas.
También
se incluye evitar el trabajo en solitario, realizar coberturas de riesgo en
células o equipos con otros colegas, especialmente en zonas rurales o
controladas por la delincuencia y evaluar si es más seguro portar chalecos y
credenciales de prensa visibles o, por el contrario, mantener un perfil bajo
para no llamar la atención.
Otro
recurso es el blindaje digital y de comunicaciones con cifrado de extremo a
extremo: Utilizar aplicaciones de mensajería segura como Signal o WhatsApp para
proteger fuentes e información sensible, así como activar todas las redes
sociales, correos electrónicos y cuentas bancarias para evitar hackeos,
suplantación de identidad o campañas de desprestigio.
Como
redes de apoyo, alianzas y cuidado colectivo, propiciar el reportaje
colaborativo, o sea, investigar temas de alto impacto en bloque -firmas
conjuntas o consorcios de medios- para que ninguna agresión pueda frenar la
publicación de la nota.
Otro
más, es mantener contacto preventivo con redes de periodistas locales, así como
con colectivos nacionales e internacionales -como Article 19, Reporteros Sin
Fronteras o Comité para la Protección de los Periodistas- y fomentar espacios
en las redacciones para procesar estrés postraumático, ansiedad y desgaste
psicológico derivado de la violencia.
Por
el lado de estrategias frente al acoso judicial y legal, propiciar la asesoría
legal preventiva, revisar minuciosamente la solidez jurídica de los reportajes
de investigación antes de su publicación para evitar demandas por daño moral o
difamación y guardar copias de seguridad de toda evidencia, testimonios y
documentos que sustenten la información publicada en servidores externos o
nubes seguras.
Hasta
ahí las cosas y buena suerte, aunque respecto a la desaparición y ejecución de Roxana
Guzmán y Alex Moreno Serna, cabe destacar que la ONU-DH externó su pública consternación,
y que en sus Estados de origen, Veracruz y Guerrero, documentó un número
preocupante de asesinatos y desapariciones de periodistas.
Roxana
Guzmán era directora de un medio informativo digital y habría sido la única
mujer que cubría la fuente policiaca al sur de Veracruz. Es fundamental
garantizar el ejercicio de la libertad de expresión en condiciones de
seguridad, reconociendo los riesgos diferenciados y agravados que enfrentan las
mujeres.
Alex
Serna, por su parte, se dedicaba a investigar temas ambientales en la Costa
Grande de Guerrero, aunque a través de su labor, también contribuía a la
defensa del agua y la tierra, así como a la denuncia pública de posibles actos
de corrupción.
La
ONU-DH expresó su solidaridad con sus familias, colegas y gremio periodístico,
en tanto llamó a las autoridades a esclarecer los hechos, considerando como
línea de investigación la libertad de expresión de ambas víctimas, a fin de
garantizar el acceso a la justicia y la reparación integral.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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