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Detención de policías, ¡“el dedo en la llaga”!

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

Pese a la supuesta disminución del índice delictivo en Quintana Roo que presume la gobernadora Verde, Mara Lezama, a quien seguramente preocupan más sus excursiones pagadas vía aérea a Estados Unidos, el reciente “levantón” de tres universitarios y la detención de cuatro policías como responsables directos obligan a preguntarse en manos de quiénes está la seguridad del Estado.

Tras la sorpresiva captura de los uniformados durante su pase de lista y cambio de turno, la cuestionada Fiscalía General del Estado aseguró que el caso no se cierra, y que están a la espera de más investigaciones de llamadas telefónicas de los involucrados, análisis de video grabaciones públicas y privadas, así como del resultado de un cateo en una casa de seguridad de la colonia Adolfo López Mateos de esta ciudad.

Asimismo, se investiga a qué grupo delictivo pertenecen las personas a las que los policías entregaron a los jóvenes que secuestraron a cambio de dinero, aunque no se anticipa ni descarta a ningún cartel, los más probables el de Caborca, Jalisco Nueva Generación o de Sinaloa.

De los policías detenidos, tres son municipales y una mujer estatal -José Rogelio “N”, Ángel Asael “N”, Ana Karen “N” y José Gerardo “N”-, por su presunta participación en desaparición forzada, homicidio de grado de tentativa, abuso de autoridad y robo de vehículo, en agravio de Luis Manuel Cervantes Cámara, Jonathan Farid Manzanilla Aguilar y Everardo Enrique Hernández Manzanilla.

Según investigaciones, el 29 de agosto por la madrugada interceptaron a los universitarios en el bulevar y, en lugar de protegerlos tras una riña en el centro nocturno Carpe Diem, los entregaron a “un grupo criminal”, aunque los dos primeros fueron localizados horas después, mientras que el tercero fue hallado vivo luego de tres días con huellas de agresión física.

Según el fiscal Raciel López, los imputados están bajo prisión preventiva y solicitarán contra ellos la pena máxima de 50 años de cárcel, pues, según las indagatorias, interceptaron a sus víctimas tras salir de la discoteca, cuando Jonathan Farid y Luis Manuel viajaban en un vehículo contra el que los oficiales dispararon directamente para forzarlos a detenerse, mientras una patrulla interceptó a Everardo Enrique en otro automóvil.

Las autoridades confirmaron que videos clave demuestran que los policías colaboraban directamente con la delincuencia organizada, de la que recibieron dinero a cambio de entregar a los jóvenes.

Los agentes fueron capturados y desarmados durante su pase de lista y, tras ser fichados, los trasladaron al Centro de Reinserción Social (Cereso) de Chetumal, donde están en espera del desahogo de su audiencia inicial ante el juez de control, que determinaría formalmente su vinculación a proceso.

Sin embargo, la Fiscalía mantiene abierta la carpeta de investigación para determinar si están implicados más policías, desde cuándo existía este vínculo de corrupción y capturar a los de la célula criminal que recibió a las víctimas.

Tras la imputación formal, las defensas de los policías tienen derecho constitucional a solicitar duplicar el plazo de 72 a 144 horas para recabar pruebas a su favor antes de decidir el juez si los vincula formalmente a proceso.

Así, en los próximos días se reanudará la sesión jurídica para determinar el auto de vinculación, aunque, por el peso de las evidencias científicas presentadas -videos y registros de balística en las patrullas-, el juez iniciaría formalmente el proceso e instituiría la investigación complementaria.

El caso causó fuerte indignación social en Chetumal, donde desencadenó movilización de sociedad civil y despliegues urgentes de seguridad, por ejemplo, al conocerse el “levantón”, la comunidad estudiantil de la Universidad de Quintana Roo -a la que pertenecen las víctimas- junto con ciudadanos y colectivos locales, se unió a demandas masivas en redes sociales y espacios públicos exigiendo su localización inmediata con vida.

Tras confirmarse que patrullas policiales estuvieron implicadas en interceptar y disparar a los jóvenes, ciudadanía y sociedad civil aumentaron protestas digitales y pronunciamientos públicos, exigiendo depuración profunda de la Policía Municipal y de la Secretaría de Seguridad Ciudadana ante evidente infiltración de la delincuencia organizada en las corporaciones.

Con Código Rojo en Chetumal, el gabinete de seguridad implementó operativos de rastreo con drones tácticos y sistema de videovigilancia del C5, lo que permitió ubicar vehículos sospechosos, detectar movimientos de células delictivas y blindar entradas y salidas de la ciudad.

Asimismo, en cateos y casas de seguridad, fuerzas del orden desmantelaron la casa de seguridad vinculada a células delictivas en la López Mateos, donde decomisaron armas largas y cortas y drogas, pero el operativo más relevante fue en instalaciones policiales de Chetumal, donde agentes de la Policía de Investigación de la Fiscalía ingresaron sorpresivamente durante el pase de lista y cambio de turno para desarmar y arrestar a los cuatro policías.

A todo esto, ya existían sospechas previas y preocupación sobre la infiltración del crimen organizado en las policías de Chetumal y el Sur de Quintana Roo ante el aumento sostenido de índices de violencia regionales, hasta que este caso específico transformó las dudas ciudadanas en certeza que confirmaron las propias autoridades. 

Entre los factores que alimentaban las sospechas se incluye el aumento previo de delincuencia en el bulevar, ya que antes del secuestro había alertas por hallazgo de restos humanos y reportes de “levantones”, cuya recurrencia en una de las zonas más transitadas de la capital hacía sospechar de posible omisión o protección activa de la policía.

La detención de los uniformados no sólo se basó en presunciones. La Fiscalía confirmó que las sospechas institucionales se corroboraron tras analizar grabaciones de video de las propias patrullas, cuyo material expuso a los agentes recibiendo dinero en efectivo de la delincuencia organizada a cambio de entregarles a los jóvenes.

A raíz de lo ocurrido, la línea de investigación principal de las autoridades ya no se limita a este caso aislado, sino que busca esclarecer desde cuándo operaba este vínculo económico y operativo entre detenidos y célula criminal y si otros mandos o agentes de la Policía Municipal y de la Secretaría de Seguridad Ciudadana forman parte de la misma red de filtración de información y entrega de ciudadanos.

Las autoridades manejan el nombre de la organización criminal responsable bajo estricto hermetismo institucional, por lo que se refieren a ella sólo como “célula delictiva” o “grupo criminal” y hasta ahora no imputa públicamente el secuestro a un cártel específico, aunque el contexto del mapa del narcotráfico en la región y reportes de seguridad previos identifican las dinámicas del área.

La zona sur, particularmente la frontera en Chetumal, la identifican analistas de seguridad como territorio en disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa -ha tenido históricamente fuerte presencia en la frontera sur- y células ligadas al Cártel Jalisco Nueva Generación.

La Fiscalía enfoca sus investigaciones en identificar a los específicos que operaban la casa de seguridad desmantelada en la López Mateos, utilizada por el brazo armado que recibió a los jóvenes, y la prioridad de la investigación es identificar la cadena de mando de esa “célula” para determinar a qué estructura criminal mayor respondían los sobornos a los policías.

El Cártel de Caborca no sale limpio de sospechas, ya que inteligencia militar y federal lo ubican como una de las principales organizaciones generadoras de violencia que se disputan el control de Chetumal y frontera sur.

El cártel -que fundó originalmente Rafael Caro Quintero y operan en la zona líderes criminales identificados como “El Toledo”- basa gran parte de su expansión en el sur de Quintana Roo con cooptación y soborno de autoridades locales y cuerpos policíacos.

En este sentido, ningún grupo criminal se descarta o declara “limpio”, aunque autoridades federales atribuyen la reciente ola de violencia en Chetumal y el bulevar a una batalla frontal entre facciones remanentes de Los Caborca, el Cártel de Sinaloa y células del CJNG.

Fiscalía y Gabinete de Seguridad Federal mantienen bajo análisis los teléfonos celulares confiscados a los cuatro policías, así como el dinero y las armas decomisadas en la casa de seguridad de la López Mateos, y a través de peritajes balísticos y de telecomunicaciones se determinará formalmente a qué estructura criminal mayor respondían los agentes.

Por otro lado, una de las líneas de investigación vincula directamente el secuestro con la riña la misma noche del “levantón”, cuando los tres jóvenes sostuvieron acalorada discusión y riña con otros sujetos minutos antes en el centro nocturno, tras lo cual, los sujetos con los que pelearon -presuntamente vinculados a la célula delictiva que operaba en la zona- habrían ordenado su captura.

Por su parte, Carpe Diem publicó que cooperó de inmediato entregando sus grabaciones de video a la Fiscalía, y que la salida de los universitarios del establecimiento fue con normalidad y que el secuestro ocurrió cuadras adelante.

Este trasfondo explica por qué el grupo criminal utilizó a los policías como su “brazo operativo” inmediato para perseguir, balear los neumáticos de los autos y detener a los jóvenes a unos metros del lugar, completando la entrega a los delincuentes a modo de “represalia”.

Por su lado, las investigaciones incluyen acciones legales directas contra todos los participantes del suceso. El estatus de las órdenes de captura y las acciones judiciales contra los involucrados en la riña y el secuestro será con la identificación de los agresores del antro

La Fiscalía trabaja estrechamente con la administración del antro a través de los videos de las cámaras de seguridad internas, con lo que logró identificar rostros e identidad de los sujetos con los que los universitarios riñeron.

Aunque los primeros en ser capturados fueron los policías -por el riesgo de fuga-y por haber sido descubiertos con cámaras de sus propias patrullas-, se integran carpetas de investigación para proceder contra ellos por secuestro, homicidio en grado de tentativa y vínculos con la delincuencia organizada.

Las investigaciones arrojaron los primeros despliegues tácticos coordinados por Ejército, Marina y Fiscalía en Chetumal. El objetivo prioritario de las recientes órdenes de cateo en la López Mateos era capturar formalmente a los autores materiales e intelectuales de la agresión desde el antro, por lo que el caso no se cerrará con las detenciones, sino que se persigue a toda la cadena de mando de la célula delictiva.

En otro orden de ideas, las autoridades incrementaron acciones de fiscalización y operativos de seguridad en el bulevar a raíz del ataque y secuestro de los universitarios, ya que la exigencia ciudadana es revisión.

Aunque el altercado inicial ocurrió en el antro, el secuestro como tal fue en la vía pública, cuadras adelante, aunque el caso detonó fuerte escándalo respecto a la operación de Carpe Diem, provocando a la ciudadanía exigir a la Dirección de Fiscalización Municipal revisar a fondo permisos de alcoholes, condiciones de seguridad y flagrante extensión de horarios de operación que, presuntamente se prolongaban de forma irregular.

Paralelamente, fuerzas estatales y federales desplegaron órdenes de cateo en la capital que derivaron en la colocación de sellos de clausura judicial en otros centros nocturnos, tales como los bares Terraza Colonial y Bennys.

En refuerzo a la vigilancia nocturna, Secretaría de Seguridad y Guardia Nacional redoblaron patrullajes y filtros de revisión en los accesos y salidas del bulevar, especialmente al horario de cierre de centros nocturnos para evitar nuevos incidentes de violencia.

La alcaldesa de Othón P. Blanco, Yensunni Martínez Hernández, adoptó una postura de “cero tolerancia” frente a la detención de sus policías, aunque su mensaje también se enfocó en contener el impacto político y defender la reputación general de la corporación.

Por canales oficiales, fijó postura con absoluto rechazo a cualquier acto de corrupción o colusión con el crimen organizado en su policía, donde aseguró que no se encubrirá a nadie, mientras pidió no generalizar ni juzgar a toda la policía por la conducta delictiva de unos cuantos, pues cuentan con buenos agentes dedicados a proteger a la población.

Por último, aseguró que su “gobierno” mantiene total apertura para colaborar con Fiscalía y fuerzas federales para facilitar investigaciones y aplicar todo el peso de la ley a los responsables.

Pese a su pronunciamiento, prensa y sectores locales en Chetumal calificaron su reacción como tardía -un “control de daños”-, señalando que el caso expone graves vacíos en los filtros de control de confianza institucionales y fallas en la supervisión de policías en activo.

Tras este posicionamiento, Comuna y autoridades del Estado implementaron medidas y ajustes administrativos en la corporación, como auditoría interna y exámenes de control de confianza, y aunque no se anunció cese masivo, la Comuna dio luz verde a revisión interna exhaustiva de expedientes.

Así, se instruyó agilizar y endurecer las pruebas de control de confianza para el resto de los policías en activo, con el objeto de identificar perfiles de riesgo y detectar posibles nexos adicionales con células delictivas.

Aunque las bajas administrativas formales de los detenidos se procesaron ante su reclusión en el Cereso, la Comuna mantiene el acuerdo de suspensión inmediata de cualquier otro policía que la Fiscalía señale como sospechoso conforme avance la revisión de datos telefónicos y balísticos.

No se reporta cambio inmediato del titular de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, Manuel Santibáñez Cortés, ya que la estrategia de seguridad opera bajo el esquema de Mando Único en coordinación directa con la Secretaría de Seguridad estatal y las fuerzas federales.

En este sentido, cualquier reestructuración de alto nivel en mandos dependerá de la estrategia conjunta que determinen Federación y Estado.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

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