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¿Muerte política y cárcel a titular de la SESA?

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

Aunque tolerado por su jefa, la gobernadora Verde, Mara Lezama, el titular de la Secretaría de Salud de Quintana Roo (SESA), Flavio Carlos Rosado, figura entre los investigados por la Federación en torno a las toneladas de medicamentos e insumos caducados en los almacenes de Subteniente López, con lo que podría despedirse de sus aspiraciones políticas.

Además de su adiós a la alcaldía en Isla Mujeres, el funcionario, quien no ha dicho una sola palabra sobre el caso de los medicamentos, también podría ir a la cárcel de ser responsable en ese tema que ya data dos meses.

El caso está aún bajo investigación federal activa, donde, ante la apatía de las autoridades de Quintana Roo, intervino directa y formalmente la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno -antes Función Pública- tras detectarse los insumos deteriorados, mojados, caducados o en pésimas condiciones dentro del almacén.

Así, la investigación federal, además de Carlos Rosado, indaga formalmente a tres altos mandos de las áreas de adquisiciones, administración y control del almacén de SESA que habrían realizado movimientos ilícitos de lotes y pedido “prestado” medicamentos a otros hospitales para ocultar pérdidas y maquillar cifras ante las revisiones.

Colectivos sociales y ciudadanos califican el caso de gravedad extrema por el marcado desabasto de fármacos en salas de espera y centros de salud, donde los pacientes se ven obligados a surtir recetas por su cuenta.

Las auditorías no difunden aún un desglose con número exacto de piezas involucradas, aunque las denuncias e investigaciones refieren “toneladas de fármacos” y “miles de piezas”.

Su dimensión se mide por elementos clave detectados por la Secretaría Anticorrupción, entre ellos la reducción de claves disponibles, pues el acumulamiento y falta de distribución de lotes provocó que el abasto de claves de medicamentos esenciales en hospitales cayera drásticamente de 300 a sólo 70 disponibles, afectando tratamientos completos de pacientes.

Gran parte del inventario perdido consistía en cajas completas de material de curación y fármacos prioritarios que terminaron inutilizados por estar insalubres, mojados por filtraciones y deteriorados por humedad del almacén.

Coincidentemente, la Secretaría de Salud federal investiga un caso paralelo en almacenes centrales del Hospital Infantil de la Ciudad de México, donde el volumen se cuantificó con precisión, 18.4 millones de piezas, con pérdidas por más de 121 millones de pesos, con fallas sistemáticas de almacén como las que afectaron a Quintana Roo

Con todo, la ausencia de detenidos y lentitud en el caso Quintana Roo es por factores administrativos, políticos y jurídicos sobre cómo se manejan estos delitos, pues la intervención federal inició apenas en julio, y el protocolo legal establece que primero se deben desahogar auditoría y compulsar documentos.

Además, no se puede arrestar a nadie de forma inmediata porque primero se deben fincar responsabilidades administrativas, cuantificar daño patrimonial y verificar registros de resguardo, y sólo después de concluir la auditoría, la Federación puede interponer denuncia penal formal ante la Fiscalía General de la República (FGR) por daño patrimonial o coalición de servidores públicos.

La principal razón del retraso es que escena y registros presuntamente se alteraron: Según indagatorias, cuando altos mandos supieron de la inspección, ordenaron trasladar medicamentos vigentes de hospitales públicos a la bodega para “rellenar” estantes y cuadrar números.

Esto obliga a los auditores federales a rastrear origen y código de barras de cada lote para descifrar qué caja pertenecía originalmente a la bodega y cuál se “prestó” para engañar, extendiendo los tiempos de investigación.

A nivel normativo en el sector, dar de baja medicamentos caducados implica papeleo muy complejo y lento. La Federación reconoce que el proceso para desechar legalmente bienes o fármacos obsoletos están llenos de trabas burocráticas, lo que investigados suelen usar de vacío como defensa, con el argumento de que el acumulamiento es por retraso de trámites institucionales y no por negligencia criminal.

Opinión pública y prensa señalan fuerte encubrimiento, pues las irregularidades en SESA con Carlos Rosado, aparecieron estaba fuera de funciones directas, en actividades de carácter político, lo que generó falta de supervisión y red de complicidades entre directivos de adquisiciones y administración para intentar ocultar las toneladas de fármacos descompuestos.

A todo esto, legal y políticamente, Carlos Rosado está bajo el reflector directo y podría figurar entre los inculpados definitivos a medida que avance la investigación federal, ya que, como titular de SESA, ley y normas de fiscalización determinan su nivel de involucramiento bajo una serie de criterios.

En servicio público existe responsabilidad por omisión. Aunque los encargados directos del almacén o jefes de adquisiciones alteraron inventarios o descuidaron lotes, es el máximo responsable del funcionamiento, resguardo y administración de recursos materiales. La Secretaría Anticorrupción indaga instrucciones o negligencia de su parte al no supervisar la correcta distribución de medicamentos.

Sectores sociales, prensa y legisladores creen que él y sus colaboradores deben ser llamados por el Congreso del Estado. La exigencia civil busca que responda no sólo administrativa, sino penalmente por lo que califica de agravio grave a la sociedad, dado el severo desabasto en clínicas en el mismo periodo.

El caso del secretario se complica porque los hallazgos en la bodega coinciden con señalamientos que lo acusan de descuidar funciones en SESA para concentrarse en promover su imagen en Isla Mujeres, en campaña anticipada que generó vacío de poder y falta de control que permitieron la caducidad e intento de encubrirla.

Al estar el proceso en auditoría técnica, autoridades federales revisan firmas de los contratos de adquisición, bitácoras de entrada y salida, y órdenes de distribución de los lotes vencidos. De demostrarse firma o autorización de compras excesivas innecesarias, o ignorar alertas sobre riesgo de caducidad, sería imputado penalmente.

Si el deslinde queda en mandos medios, aun así, Carlos Rosado tendría sanciones administrativas severas e inhabilitación por negligencia en su gestión, aunque, de resultar culpable de alguna falta, podría ir a la cárcel, como cualquier implicado, pero bajo condición de que el caso sea vía penal, no administrativo.

El marco legal de México castiga por dos caminos esta negligencia, uno de ellos la falta administrativa, que no da cárcel, por lo que, si se determina que Carlos Rosado cometió una grave -desvío de recursos, encubrimiento o negligencia-, las sanciones bajo la Ley General de Responsabilidades Administrativas son destitución, inhabilitación hasta por 20 años o severas multas para reparar daño patrimonial.

La vía penal -que sí da cárcel-, para que él o sus colaboradores terminen en prisión, la misma ley obliga a los auditores federales a turnar el expediente al Ministerio Público y presentar una denuncia ante la FGR.

En el Código Penal, el desastre de los medicamentos y maquillaje de inventarios encaja en ejercicio ilícito del servicio público y peculado: Si se compró medicamentos en exceso para beneficiar a proveedores o, sabiendo que iban a caducar, no hicieron nada por distribuirlos, la prisión de 2 a 14 años.

Por falsificar documentos y alterar evidencia, el operativo de trasladar medicamentos de otros hospitales para engañar a los auditores tipifica el delito de alterar registros contables y oficiales, con penas de 3 a 8 años de cárcel.

Sobre delitos contra la salud por omisión, colectivos civiles proponen catalogarlo “crimen de Estado”, ya que la negligencia de dejar vencer toneladas de fármacos privó de manera directa del derecho a la salud a miles de pacientes en clínicas y hospitales.

En resumen, Carlos Rosado pisará la cárcel sólo si la Federación, tras concluir la auditoría técnica, decide llevar el caso ante un juez penal federal e imputarle delitos del Código Penal y no sólo violaciones a la ley administrativa

Para su mala fortuna, en México existen antecedentes contundentes de ex secretarios y altos funcionarios estatales de Salud perseguidos penalmente, detenidos e, incluso, sentenciados a prisión por desvío, negligencia o mal manejo de medicamentos e insumos médicos.

En Jalisco, Antonio Cruces Mada, ex titular, fue detenido y sentenciado a 9 años de cárcel por desviar recursos públicos y aprovechamiento indebido de atribuciones, pues se involucró en compras irregulares e inconsistencias graves en el manejo de unidades hospitalarias y erario público del sector salud.

Otro caso fue San Luis Potosí, donde dos secretarios fueron a prisión en forma consecutiva, lo que fijó un precedente histórico en el país al encarcelarlos por desvíos relacionados con simulación y mal manejo de insumos médicos.

Ellos fueron Mónica Liliana Rangel, detenida, procesada y sentenciada tras comprobarse un fraude millonario relacionado con la compra de insumos médicos y plaguicidas, aunque recuperó su libertad con el pago de millonaria reparación del daño al erario.

El otro fue Miguel Ángel Lutzow, quien la sucedió, también detenido y declarado culpable por ejercicio abusivo de funciones como coautor en esos mismos esquemas de adquisición irregular de insumos de salud.

Respecto al Hospital Infantil de la Ciudad México con los 18.4 millones de medicamentos caducados, FGR mantiene indagatoria penal activa dirigida hacia altos mandos institucionales anteriores, como su ex director, Jaime Nieto Cermeño, ya que se investiga el presunto ocultamiento intencionado de más de 390 mil medicamentos oncológicos infantiles en bodegas privadas mientras públicamente había desabasto, con daños por más de 121 millones de pesos.

Casos recientes son Baja California y Chihuahua, donde fiscalías anticorrupción detuvieron a ex funcionarios del sector y presentaron denuncias penales contra ex secretarios por comprar medicamentos caducos o desvío de fármacos oncológicos de alto costo.

Estos antecedentes demuestran que cárcel es escenario real. En México, cuando auditorías federales documentan que pérdida de medicamentos no fue “accidente burocrático”, sino resultado de compras simuladas, corrupción con proveedores o intento deliberado de ocultar inventarios -como el maquillaje de Quintana Roo-, el caso se turna de inmediato a las fiscalías penales.

Lo cierto es que el escándalo de Santa Elena tiene peso suficiente para sepultar las aspiraciones políticas de Carlos Rosado, perfilado activamente por grupos políticos para buscar la alcaldía de Isla Mujeres.

Para competir por una alcaldía, un funcionario necesita colgarse de los logros de su gestión, pero su paso por SESA quedó severamente marcado por desabasto hospitalario y denuncias civiles. Es políticamente insostenible hacer campaña en Isla Mujeres cuando el debate público lo señala directamente por negligencia ante toneladas de medicamentos caducados.

En un lejano escenario, la oposición usaría el desastre como arma principal, con el argumento de que “mientras miles de familias exigían fármacos en las clínicas, el secretario hacía campaña y dejaba caducar la medicina”, un golpe letal para su imagen. El caso lo catalogan colectivos sociales y prensa como “grave violencia institucional”.

Pero, además, la intervención de la Secretaría Anticorrupción significa que está bajo la lupa directa del centro del país, mientras en Morena una investigación activa por negligencia médica masiva o corrupción destruye cualquier posibilidad de visto bueno -la “bendición”- para una candidatura.

De avanzar el proceso y resultar en inhabilitación, quedaría legalmente impedido para postularse a cualquier cargo de elección, por lo que su futuro político depende por completo de la auditoría federal y deslinde operativo o si, por el contrario, su nombre aparece en el pliego definitivo de responsabilidades.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

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