¡Inconstitucional prisión preventiva de periodista!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Ante
cuestionable, total silencio de la gobernadora Verde de Quintana Roo -la
supuesta “periodista” Mara Lezama-, y como una de las herencias malditas de su antecesor Carlos Joaquín González, el colega Héctor Valdez Hernández sufre de una anticonstitucional
prisión preventiva en el centro penitenciario Santa Martha Acatitla de la
Ciudad de México desde hace más de 5 años.
El
hombre fue detenido desde noviembre de 2020, acusado supuestamente de violar a una mujer de Tulum -de donde es originario-, pero habría sido una venganza
política del ex alcalde por la coalición PAN-PRD-MC de esa ciudad, Víctor Mas
Tah (2018-2021), así como al ahora Cónsul de México en Canadá, por sus críticas
periodísticas en el portal Tulum en Red.
La
detención ocurrió mientras se encontraba bajo el Mecanismo de Protección para
Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas en la capital del país un
28 de noviembre, tras alojar en su domicilio de la capital a la mujer,
originaria de Tulum, que se había trasladado a la Ciudad de México y le solicitó
ayuda expresamente.
Ambos
ya habían sostenido encuentros previos como pareja y de carácter consensuado,
aunque poco después ella lo acusó por violación, lo que derivó en la detención
inmediata del periodista, al que se le dictó prisión preventiva por seis años
el 30 de noviembre, de la que ha cumplido más de cinco en penales Reclusorio
Oriente y Santa Martha Acatitla.
El
periodista sostuvo desde un principio ser procesado por un “delito fabricado”,
en represalia política orquestada por Víctor Mas -ahora militante del PT- y el
entonces gobernador Carlos Joaquín por sus investigaciones sobre corrupción y
narcotráfico en Tulum, por lo que gremios como la Asociación de Periodistas
Desplazados y Agredidos cuestionan la falta de celeridad y condiciones del
proceso judicial.
En
días recientes, el periodista, al que conocimos en Chetumal, donde una hermana
suya estudiaba en la Universidad de Quintana Roo -vivía a la salida de Xul Há-,
reapareció con testimonios difundidos en redes sociales, donde sostuvo su
inocencia y afirmó ser víctima de persecución política.
Así,
denunció condiciones adversas, incluyendo dificultades para comunicarse y actos
de tortura previos, pese a sufrir graves complicaciones de salud por neumonía y
derrame pleural, que requirieron su hospitalización en mayo de 2024.
Héctor
Valdez había huido de Quintana Roo por amenazas de muerte, y aunque se le imputó
violación, junto con diversas organizaciones defensoras de la libertad de
expresión, calificó como “fabricación” de delitos en represalia por sus
investigaciones en Tulum.
Para
su mala fortuna, hasta hoy no existen indicios de que la gobernadora Mara
Lezama, quien presume haber sido “periodista”, trate de rebatir esa injusticia
de su antecesor, ni algún pronunciamiento oficial que modifique su situación, a
pesar de que su caso se expuso en propias conferencias matutinas de la
Presidencia de la República.
A
partir de los testimonios directos de Héctor Valdez y el seguimiento de
organizaciones de derechos humanos, persisten irregularidades y denuncias que
sustentan la tesis de persecución política contra la libertad de expresión.
La
principal es violación constitucional sobre la prisión preventiva, ya que suma
más de cinco años tras las rejas sin sentencia condenatoria, cuando que la
Carta Magna de México especifica que no puede exceder de dos años, según su
Artículo 20, apartado B, fracción IX.
En
este sentido, su caso es ejemplo del uso prolongado de la figura de prisión
preventiva, cuestionada inclusive por organismos internacionales por vulnerar
la presunción de inocencia.
Otra
irregularidad es la represalia por su labor periodística, al sostener que el
cargo de violación fue “prefabricado” por la fiscalía de Quintana Roo como
castigo por sus investigaciones.
Por
si fuera poco, lo arrestaron en un refugio del Mecanismo de Protección a
Periodistas en la CDMX, lo que sus defensores señalan como traición del Estado
al usar esa ubicación para capturarlo.
Además,
Héctor Valdez denuncia públicamente haber sido víctima de tortura para
intimidarlo y silenciar sus denuncias sobre la operación de grupos criminales
dentro de los penales, aunque también reporta bloqueos constantes para
comunicarse con el exterior, dificultando su capacidad de defensa y de denuncia
pública.
Otra
irregularidad es deficiencias en el Debido Proceso por falta de pruebas sólidas,
por lo que colegas y analistas jurídicos dicen que su detención careció de
pruebas contundentes, con un proceso plagado de inconsistencias técnicas y
retrasos injustificados.
A
pesar de que su caso llegó a la Presidencia de la República, no intervino la
Fiscalía General de la República para atraer el caso, por lo que, irónicamente,
lo dejó bajo jurisdicción que el mismo periodista denunciaba por corrupción.
Otra
irregularidad es negligencia en su salud, lo que pone en riesgo su vida, pues
ha sufrido crisis graves de salud que, según sus allegados, no se atendieron
con urgencia necesaria en el penal, lo que pone en riesgo su vida de forma
reiterada.
Ahora
bien, la percepción sobre si los gremios periodísticos han hecho lo necesario
para apoyarle, es tema de intenso debate, ya que ha recibido ayuda intermitente,
pero no ha cambiado su situación jurídica en más de cinco años.
En
relación con acompañamiento inicial, al momento de su detención en 2020,
organizaciones como la Asociación de Periodistas Desplazados y Agredidos
alzaron la voz para denunciar que los cargos de violación podrían ser una
fabricación derivada de su labor crítica en Quintana Roo.
Organizaciones
como Artículo 19 documentaron denunciaron los atentados con bombas molotov contra
Héctor Valdez en 2018, lo que validó su estatus de periodista en riesgo ante la
opinión pública antes de ser encarcelado.
En
torno a una visibilidad mediática, su caso lo llevaron otros periodistas a las
conferencias matutinas presidenciales -“La Mañanera”-, lo que generó un
compromiso inicial de revisión que, según el propio Héctor Valdez, nunca se
tradujo en acciones legales efectivas para su liberación.
Lamentablemente,
con el paso de los años (2021-2026), los colegas parecen haber dado el brazo a
torcer, pues el apoyo de los gremios nacionales parece haber disminuido en
intensidad, limitándose a comunicados aislados o menciones en informes sobre
libertad de expresión.
En
este sentido, el periodista, en reciente reaparición, tuvo que recurrir
directamente a las redes sociales para pedir a ciudadanía y colegas compartir
su testimonio, sugiriendo que la presión gremial no ha sido suficiente para
visibilizar el infierno carcelario que vive.
A
pesar del supuesto activismo de algunos grupos locales en Quintana Roo y la
falta de buenas intenciones de Mara Lezama, la falta de una defensa legal
coordinada y de alto impacto de las grandes cámaras de prensa le ha provocado
permanecer recluido sin sentencia o resolución favorable tras más de un lustro.
Con
todo, como colegas, existen acciones concretas que podrían reactivar su caso,
especialmente ahora que cumplió más de cinco años en prisión preventiva,
repetimos, un exceso legal en el sistema mexicano, entre ellos visibilizar la información,
romper el silencio, con reportajes actualizados que contrasten las acusaciones
originales con irregularidades del proceso.
Asimismo,
realizar una campaña de redes sociales, con etiquetas unificadas para que su
nombre no desaparezca de la agenda pública, compartiendo sus testimonios
directos desde el penal.
Como
presión política y gremial coordinada, volver a poner el tema sobre la mesa en La
Mañanera para solicitar un informe de la Secretaría de Gobernación sobre el
estatus de su caso y la inconstitucional falta de avance.
También
se podrían hacer pronunciamientos como carta abierta firmada por periodistas de
renombre y asociaciones internacionales -como Reporteros Sin Fronteras o el Comité
para la Protección de los Periodistas- dirigidos a la Fiscalía de la CDMX y a la
propia “periodista” Mara Lezama, aunque, creemos, también eficaz presionar y
pedir apoyo a los candidatos (as) a gobernador.
También
se puede solicitar a observadores de derechos humanos asistir a sus audiencias
para garantizar que no haya más retrasos procesales, así como exigir al
Mecanismo de Protección a Periodistas rendir cuentas sobre por qué no hubo un
seguimiento efectivo de su caso legal.
Lo
más delicado es que, ante su historial de salud -como algunos han defendido al
ex gobernador Mario Villanueva- el gremio puede presionar para que se le garantice
acceso constante a médicos externos o traslados hospitalarios si su vida corre
peligro.
No
olvidar que muchos periodistas desplazados o presos quedan en la indigencia,
por lo que no podemos olvidar el apoyo económico para su defensa legal o para
sus necesidades básicas en Santa Martha es vital.
Ahora
bien, ante la violación constitucional de la prisión preventiva que no debería
ni puede exceder de dos años -ya vemos que sí-, las reglas de ese plazo
establecen que, si después de este tiempo no se ha dictado sentencia, el
imputado DEBE ser puesto en libertad mientras continúa el proceso o se le DEBEN
imponer otras medidas cautelares menos restrictivas.
El
plazo de dos años sólo puede prorrogarse si el retraso en el proceso es por ejercer
su derecho de defensa el propio imputado, por ejemplo, si sus abogados
solicitan más tiempo para presentar pruebas, pero en ningún caso DEBE ser
superior al tiempo de la pena máxima fijada por ley para el delito por el cual
se le procesa.
Héctor
Valdez cumplió más de cinco años bajo esta medida sin sentencia, por lo se
excedió el límite constitucional más del doble, una grave irregularidad
procesal llamada exceso de prisión preventiva. Según la Suprema Corte de
Justicia, las autoridades están obligadas a revisar la medida cautelar al
cumplir dos años para determinar si el imputado puede seguir su proceso en
libertad.
Sobre
la posibilidad de que el caso de Héctor Valdez sea por venganza política o por
falta de recursos económicos para defenderse, ambos factores parecen converger,
alimentando una vulnerabilidad extrema, común entre los periodistas
independientes en México.
Respecto
a indicios de venganza, existen elementos documentados que refuerzan esa teoría
por su labor crítica, pues era crítico feroz de la gestión de Víctor Mas en
Tulum y de Carlos Joaquín en el Estado por lo que publicaba nexos entre
autoridades y crimen organizado.
La
Asociación de Periodistas Desplazados y Agredidos calificó su detención de “sospechosa”,
pues ocurrió justo cuando estaba bajo resguardo federal tras huir de atentados
contra su vida en Quintana Roo, pues antes de ser encarcelado sufrió atentados
con bombas molotov y amenazas de muerte, lo que establece un patrón de
persecución previo.
Por
el otro lado, la precariedad económica suele ser “segundo carcelero” de
periodistas en México, ya que un proceso de más de cinco años requiere muchos recursos
económicos para sostener amparos y diligencias, y sin respaldo financiero
sólido o apoyo de grandes firmas, los imputados suelen quedar atrapados en el
sistema de justicia por tiempo indefinido.
El
propio periodista tuvo que recurrir a redes sociales para pedir ayuda, lo que evidenció
no contar con estructura que garantice siquiera comunicación básica o atención
médica adecuada frente a crisis como su cuadro de neumonía.
En
resumen, la venganza habría sido motor inicial de su encarcelamiento, mientras
falta de recursos -tanto económicos como de apoyo gremial sostenido- permiten prolongar
su prisión ilegal, más allá del límite constitucional.
En
otro contexto, su detención fue durante el sexenio de López Obrador y aunque su
caso se expuso en conferencias matutinas presidenciales, Héctor Valdez dice que
la intervención federal fue insuficiente para frenar lo que llama fabricación
de delitos por autoridades estatales.
Recientemente,
extendió sus acusaciones a las autoridades de la Ciudad de México, pues ya en
reclusión fue víctima de tortura de mandos policiales y de seguridad como
represalia por denunciar actos de corrupción y narcotráfico en el sistema
penitenciario.
Cabe
explicar que, en casos de delitos de naturaleza sexual, las leyes mexicanas
protegen la identidad de las víctimas para evitar su revictimización, por lo
que su nombre suele mantenerse bajo reserva en el expediente judicial, y sólo se
le menciona como parte acusadora en el proceso radicado en la Ciudad de México.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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