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¡No aprenden nuestros policías!


                                    Por Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Es triste reconocerlo, pero, lamentablemente, a un año de ponerse en marcha en todo el país el sistema penal acusatorio y los juicios orales, que conlleva toda una serie de medidas preventivas a la violación de los derechos humanos, nuestra policía, particularmente la preventiva, no termina por entender o por aceptar el nuevo sistema.
No resta más que, con miras a salvaguardar el pleno respeto a las garantías individuales, las autoridades, la “superioridad”, como se dice en el argot policiaco, se vean en la necesidad de adoptar férreas, innegociables medidas contra esos agentes que no aceptan, no han entendido o no terminan de entender que vivimos otros tiempos.
Al igual que en la mayoría de los Estados, y con los naturales síntomas de corrupción que nos han obligado a aceptar, las autoridades se han dado a la tarea de implementar una serie de cursos de capacitación en todos los niveles y competencias para estar debidamente preparados ante el escenario que nos depara el nuevo, moderno sistema jurídico.
No obstante, reiteramos, no han terminado de llegar sus beneficios –y obligaciones- en todos sus niveles, al grado tal que sigue siendo frecuente observar el uso y abuso de la fuerza física, principalmente entre los uniformados, algunos de los cuales se ven en la necesidad de convertirse en cómplices por tratarse de sus “superiores”.
Tal fue el caso de una detención de la que fuimos testigos el lunes último en la ciudad capitalina de Chetumal, donde un grupo de elementos de la Policía Municipal Preventiva hizo gala de toda su bestialidad para “someter” a una persona en los alrededores del llamado mercado “nuevo”, sobre la Calzada Veracruz.
Los hechos se dieron alrededor de las 5 de la tarde, evidentemente en respuesta a una llamada telefónica, en esta ocasión por parte de una pareja de féminas pertenecientes a alguna religión no católica, que denunció que un hombre las había estado siguiendo desde hacía unos minutos, por lo que optaron por refugiarse en conocido negocio y llamar a la Policía Municipal.
En cuestión de 15 minutos arribó al lugar un grupo de 5 policías, inclusive un motociclista de apoyo, que, con toda la violencia del mundo, sometió al acusado y subió a la camioneta-patrulla número 0074 como si se tratara de un bulto de naranjas, no conforme con lo cual otro agente le colocó una pierna sobre el pecho. El hombre sólo acertaba a decir “me estás lastimando”.
Indignado ante el uso de tal fuerza preguntamos a uno de ellos por qué tanta violencia, a lo que quien parecía llevar la voz cantante evadió la respuesta, pero se dirigió a otro que parecía ser subalterno suyo, al que dijo “orita le dejas al señor a este cabrón para que vea por qué lo tratamos así” (al detenido), y se dirigió a una de las “acusadoras”, a la que pidió sus datos y denunciar al que “acusaba”.
Más decente que éste último -un robusto semirubio- , que tenía el rostro desencajado, fiero, como si odiase a todo mundo, otro de los agentes indicó a este servidor que el detenido estaba muy violento y se negaba a ser esposado y después subido a la patrulla 0074. También dijo que quien tomaba los datos era el responsable del “operativo”.
Ante nuestra falta de disponibilidad nos habíamos visto obligados a posponer la redacción y publicación de lo ocurrido, aunque no por tratarse de un hecho tan “sencillo” y, sobre todo, tan “cotidiano”, estábamos dispuestos a omitirlo del conocimiento público, sobre todo cuando nos consta el interés del titular de esa corporación, Didier Vázquez Méndez, en materia de derechos humanos.
En efecto, a partir del 4 de septiembre, su servidor es compañero del funcionario en un “Diplomado sobre los Juicios Orales y Derechos Humanos” que, impartido en la Universidad de Quintana Roo, auspicia la Comisión Estatal de Derechos Humanos para un grupo de más de medio centenar de estudiosos del tema.
En este sentido, se espera del funcionario una exhaustiva investigación sobre el caso del detenido y castigar a los responsables de esta violenta reacción contra quien, conforme al nuevo sistema, goza de todas las prerrogativas de la presunta inocencia y todo el derecho del mundo a ser tratado como lo que es: Una persona, no un costal de papas o naranjas, y más aun tratándose de una simple falta administrativa.
¿Hasta cuándo entenderán los policías que la máxima de todo sistema judicial o administrativo es el respeto a los derechos humanos? ¿Tan dura tendrán la cabeza como para no poder asimilar que ha terminado la época de golpes y torturas, sea para someter o arrancar confesiones?
Sabemos que no es posible hacerlo de la noche a la mañana, pero es sano comprobar las buenas intenciones de esa “superioridad” que, de tratar de justificar a sus subalternos, es ella la que queda muy mal parada ante los ojos de la opinión pública.
¡Pongamos hoy a prueba a Didier Vázquez! ¡Esperamos no pecar de optimismo!
Las gráficas sobre una detención que acompañan este texto, cabe aclarar, no corresponden a la del lunes mencionado, pero es una clara muestra del cotidiano “método” policial.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con la cita del nombre de su autor)

*Luis Angel Cabañas Basulto, periodista yucateco residente de Chetumal, Quintana Roo, con más de 38 años de trayectoria como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de diversos medios de información, también ha fungido como Jefe de Información de dos gobernadores y tres presidentes municipales, y publicado tres libros.

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