¡Notario público saquea Q. Roo desde Mérida!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Luis
Fernando de Jesús Pino Barrera no empezó su carrera como cualquier abogado.
Mucho antes de que el gobierno de Yucatán lo suspendiera por su presunta
participación en un despojo en Quintana Roo, y mucho antes de que un juez
federal lo “reivindicara” vía amparo, ya estaba haciendo algo clave: Recibía
patrimonio inmobiliario en silencio, bajo la sombra de la familia y lejos de
cualquier comprobación de ingresos.
Extenso
reportaje de Sol-Yucatán, revela que el folio 434007 del Registro Público de la
Propiedad revela un momento fundacional de su historia. En octubre de 2005, como
simple “auxiliar administrativo”, recibió en “donación” un predio de la calle
21-A 312 de la colonia San Vicente, en Mérida, a título gratuito, sin pagar un
solo centavo, de manos de Joaquín Alfonso Pino Regil, presumible pariente
directo.
No
era una compraventa, no había crédito, hipoteca, ni esfuerzo económico visible,
sino una transferencia directa de patrimonio en una red familiar, en un acto nada
menor. Es un predio urbano en una zona que, con el tiempo, se consolidó como
área habitacional de clase media, junto a zonas en expansión al Oriente y Norte
de Mérida.
A
valores de 2025, el terreno de entre 200 y 250 m2 -con construcción sencilla- vale
sin problema entre 850 mil y 1.6 millones de pesos, según el estado del
inmueble y metros construidos.
En
julio de 2023, el entonces gobernador del PAN, el hoy senador Mauricio Vila
Dosal, lo suspendió como titular de la Notaría 20 de Mérida, precisamente
alegando “situación jurídica grave”.
Sin
embargo, lo que en 2005 parecía “una casa más” en un barrio modesto, ahora
forma parte de un patrimonio significativo que se construyó antes de que Pino Barrera
se sentara en el sillón de notario.
Cuando
Vila Dosal decidió suspenderlo, fue alegando “situación jurídica grave” por su
presunta participación en el despojo y venta fraudulenta de un rancho en
Quintana Roo, en el que se le vinculó como parte del andamiaje legal que
permitió cambiar de manos la propiedad.
Al
menos en el discurso oficial ese episodio lo convirtió en notario incómodo,
pero, hacia atrás, el folio de 2005 demuestra otra cosa: Pino Barrera ya jugaba
el juego del patrimonio mucho antes de estar ante reflectores, ya que no se
hizo rico a partir del notariado, llegó con patrimonio familiar amarrado.
En
octubre de 2005, recibió en “donativo” el predio urbano de la calle 21-A 312 de
San Vicente, a título gratuito, en una jugada típica en familias que saben cómo
funciona el sistema: Antes de que un miembro sea funcionario, fedatario o actor
visible, le transfieren bienes “en limpio”, vía donaciones.
Así,
evitan el rastro de ingresos, eluden cualquier comparación entre su sueldo y su
patrimonio, ocultan el origen real de los activos y, si algún día llegan los
auditores, encuentran que no existe enriquecimiento inexplicable, sino
“herencias” y “apoyos familiares”.
En
el caso de Pino Barrera, el predio de San Vicente es pista de despegue. Años
después, su nombre aparecerá en peores escenarios posibles para un notario: Juicios
de nulidad de escrituras, señalamientos de fraude inmobiliario, poderes
otorgados con identidades falsas y, finalmente, una suspensión por parte del
propio gobierno estatal.
Hay
evidencia de que en la Notaría 26 -donde fue suplente- se otorgó poder amplio a
favor de un tercero con una credencial del INE a nombre de Manuel Gaspar Argáez
Cervera que, en realidad, era una identidad suplantada. El documento, pasado
“bajo su fe”, habría sido utilizado en un fraude.
El
tema se agravó en 2023, cuando la Consejería Jurídica de Yucatán emitió acuerdo
publicado en el Diario Oficial por el que lo suspendió en el ejercicio de la
Notaría 20, “hasta cambiar la situación jurídica que le afecta”.
Tras
esa frase técnica, la versión que circuló fue contundente: También estaba involucrado
en el despojo y venta irregular del rancho de Quintana Roo, donde su nombre
apareció como una pieza más del mecanismo que hizo posible el movimiento
patrimonial.
El
golpe hubiera sido mortal para cualquier notario sin “padrinos”, pero Pino
Barrera, sobrino político del ex senador priísta Orlando Paredes Lara, no era
cualquiera. Un juez federal le concedió un amparo y ordenó al gobierno de
Yucatán restituirlo, porque la sanción “vulneraba su derecho de audiencia y el
debido proceso”.
El
resultado fue perverso: El Ejecutivo estatal lo había suspendido por considerarlo
peligroso para la fe pública, pero el Poder Judicial federal lo rescató por
considerar defectuoso el procedimiento, con lo que la fe pública quedó atrapada
entre dos fuegos, y el mensaje fue brutal: La ley es elástica cuando se trata
de notarios con conexiones.
En
paralelo, sus huellas aparecen en el mundo empresarial. Sociedades, como “Constructora
Inmusur”, que después obtendrían contratos de obra en Ayuntamientos, como
Tulum, se constituyeron ante su “fe” pública como notario suplente.
No
es el gran empresario, pero sí el hombre que pone su firma para que empresas
entren al circuito de la obra pública. Mientras tanto, en el Poder Judicial de
Yucatán, su apellido sonaba por otra ruta: Su hermana Landy, actuario judicial
y aspirante a magistratura, recordó que, en tiempos de Vila, a su hermano le
suspendieron sus derechos por malos manejos en la notaría.
Todo
eso hace que el folio 434007 deje de ser simple dato registral para convertirse
en símbolo. Un joven “auxiliar administrativo” que, en 2005, recibió de un Pino
Barrera una casa en San Vicente, sin contraprestación, sin hipoteca, sin
esfuerzo: Un patrimonio construido bajo paraguas familiar y fortalecido con
patente de notario, con acceso al SIGER federal (Sistema Integral de
Gestión Registral, plataforma electrónica del Registro Público de
Comercio en México) y capacidad de validar actos de terceros
que terminan en tribunales.
El
patrón es claro: Primero se asegura la base patrimonial, luego se obtiene el
poder jurídico para multiplicarla, y cuando llegan hay acusaciones, se responde
con amparos, tecnicismos y la narrativa de “notario perseguido”.
En
ese guion, la casa en San Vicente no fue botín, sino ensayo general. El botín
vino después, en Quintana Roo, en empresas de obra pública, en poderes amplios
a personajes que se mueven entre Mérida y Cancún, en escrituras que la gente
común sólo conoce con una notificación de desalojo.
El
caso de Pino Barrera no es de un notario bajo sospecha. Es radiografía de un
modelo: Del abogado de familia bien “parada” que recibe propiedades antes de
tener carrera, que después se vuelve fedatario y acaba apareciendo en letra
chiquita de las peores historias de despojo. Y todo empieza en un folio como éste,
anodino a simple vista, con escena donde un “auxiliar administrativo” recibe su
primera ficha en tablero inmobiliario.
La
pregunta al aire es sencilla y brutal: Si así se veía su patrimonio cuando
apenas empezaba, ¿cómo luce ahora su mapa completo de bienes y de las
escrituras que ha firmado? Porque ese sí, no cabe en un sólo folio.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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