Mara y director de CAPA, ¡“dueños” del agua!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Mientras su Dirección de Recuperación
de Adeudos y Ejecución Fiscal inició desde noviembre procesos de embargo contra
morosos, el titular de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Quintana
Roo, el guanajuatense Hugo Garza Sáenz, a más de año y medio en el cargo, le
sigue buscando “cinco pies al gato” en esa cuestionada empresa de gobierno.
Carente de una gestión más eficiente
y transparente para mejorar las tarifas de agua “potable”, Quintana Roo, las
más caras de TODO el país, al funcionario le importa poco enfrentar desafíos
administrativos y financieros, aunque impactan directamente el bolsillo de los usuarios.
Por su lado, en supuesta transparencia
en modelo de tarifas, el gobierno de la Verde, Mara Lezama, debió presentar una
iniciativa para crear un sistema de tarifas más transparente y equitativo, y
aclarar cómo se calculan los excedentes y las cuotas base para evitar cobros
considerados exorbitantes.
Ignora, sin duda alguna que una
alternativa para mejorar costos es la eficiencia física y técnica, toda vez que
la falta de mantenimiento y demora en reparaciones por supuesta “falta de
refacciones” generan desperdicios de agua, lo que reduciría con una mejor
gestión operativa, evitando trasladar costos de su ineficiencia a la factura
final.
Sigue sin querer entender que las
medidas para reducir tarifas deberían incluir necesariamente cambiar unidades
de cobro, migrar el esquema de salarios mínimos a UMAs, lo que representaría un
modelo más accesible y de menor impacto económico para las familias.
Asimismo, reducción de costos
administrativos con simplificación de trámites, como en cambios de titularidad
y reducción de costos por reconexión son medidas administrativas directas para
aliviar la carga financiera a usuarios.
Sobre la concesión privada, gran
parte de la insatisfacción y el alto costo se concentra en municipios operados
por Aguakán -Benito Juárez, Isla Mujeres, Puerto Morelos y Solidaridad-., por
lo que el gobierno debe ser más riguroso en vigilar el cumplimiento de la
concesión para frenar abusos, entre ellos deudas que escalan de mil hasta 40
mil pesos en poco tiempo.
Sobre este caso, Mara Lezama, se
sabe, emprendió acciones jurídicas por presunto daño patrimonial y falta de
inversión en infraestructura, pero sólo buscando recuperar el control del
servicio para alinearlo con su visión en lugar de lucro excesivo.
Con todo, incluso con una
administración perfecta, existen gastos que presionan las tarifas,
principalmente la energía eléctrica, ya que, tan sólo en el caso de Chetumal,
las tarifas de CAPA aumentan cada vez que sube el costo de la luz, pues el
bombeo depende totalmente de la red eléctrica.
Finalmente, se entiende la necesidad
de proteger el acuífero y los cenotes de la contaminación por aguas residuales,
lo que requiere inversiones constantes que suelen reflejarse en los cargos por
drenaje y saneamiento.
Sin
embargo, Mara Lezama seguirá con su política de alza imparable de tarifas, pese
a la creciente inconformidad de usuarios, sobre todo de Cancún, que atribuyen
el alza a Aguakán, aunque el verdadero responsable sea el propio Gobierno del
Estado.
Aunque
tuvo la oportunidad de frenar el alza permanente de tarifas, la reforma de la mandataria
a la Ley de Cuotas y Tarifas de Agua Potable no propuso cambiar la fórmula de su
cálculo de 2008, por lo que seguirá el aumento imparable de costos para
usuarios de servicios doméstico, comercial, industrial, hotelero y de servicios
generales a la comunidad.
En
efecto, su iniciativa no cambiará la fórmula de tarifas que suben
automáticamente, sino la ratificó al convertirla, además, en base para cobro
por aportación para obras de cabecera por instalación y dotación de litros por
segundo, eliminando su tarifa fija, para subir mensualmente.
A
todo esto, el agua es una sustancia química vital compuesta por dos átomos de
hidrógeno y uno de oxígeno. Es el recurso más abundante del planeta y único que
puede encontrarse naturalmente en estado sólido, líquido y gaseoso.
Por
su origen o tratamiento, puede ser potable, la tratada para garantizar ser
segura para beber y cocinar sin riesgo de enfermedades; residuales alteradas
por uso doméstico, industrial o urbano y requieren tratamiento antes de volver
a la naturaleza; y destilada, agua pura de la que se eliminan impurezas y
minerales mediante procesos de destilación.
Sin
embargo, como derecho, aunque poco importe a Mara Lezama y a Garza Sáenz, el agua
es un derecho de todos a disponer de un líquido suficiente, salubre, aceptable,
accesible y asequible para uso personal y doméstico.
Así,
lo reconoció explícitamente como derecho humano fundamental la Asamblea General
de ONU en 2010 -Resolución 64/292-, con premisa de ser esencial para el pleno
disfrute de la vida y de todos los demás derechos.
No
obstante, para que el acceso al agua se considere un derecho plenamente
cumplido, debe reunir características o criterios de calificación establecidos
por la ONU y la OMS, uno de ellos disponibilidad: Su suministro debe ser
continuo y suficiente para cubrir necesidades básicas como beber, cocinar,
higiene personal y limpieza del hogar.
Otra
característica es calidad y seguridad, es decir, ser salubre, libre de
microorganismos o sustancias químicas que pongan en riesgo la salud.
Su
principal cualidad, sobre todo en estos tiempos difíciles y más para Quintana
Roo, es su accesibilidad económica, por lo que su costo no debe impedir acceder,
sobre lo cual, según recomendaciones internacionales, el gasto en agua no
debería superar 3% de los ingresos de un hogar.
Otra
más es su accesibilidad física, según la cual sus instalaciones deben estar
cerca del hogar, centros de salud o escuelas, y ser seguras para todos los
grupos, es decir niños, personas con discapacidad y ancianos, y finalmente, tener
color, olor y sabor culturalmente aceptables, con instalaciones que deben
respetar privacidad y género.
En
países como México, este derecho humano al agua está incluido en el artículo 4 de
la Constitución, por lo que el Estado está obligado a garantizar que todos los
ciudadanos reciban el recurso bajo todas estas condiciones.
Con
todo, los estados con las tarifas más elevadas se concentran en la península,
donde la escasez y costos de infraestructura son mayores. Según el IMCO y CONAGUA, los estados con costos más altos por
metro cúbico para uso doméstico son Quintana Roo y Yucatán, con tarifas de más
de $200 m3.
Otros con altas tarifas son Colima, 158.90
pesos por m3, y Puebla, con unos 151.87 pesos m3, mientras en 2026, municipios
como Tehuacán reportan aumentos hasta de 50% en sus cuotas fijas.
Por su lado, en Baja California cuesta
132.88 pesos m3, y es la entidad con mayor recaudación per cápita por el servicio,
mientras San Luis Potosí reporta costos de 132.44 pesos m3 y este año aprobó un
aumento general de 4.93% en sus municipios basándose en la inflación.
Las
tarifas varían drásticamente por municipio. Por ejemplo, en Estado de México,
aunque el promedio estatal es bajo, en 21 municipios, como Huixquilucan y
Coacalco, se aplicaron aumentos específicos en 2025.
En Guanajuato, León y Celaya manejan
cuotas base superiores a 120 pesos, independientemente del consumo por metro
cúbico.
Por el contrario, los estados con las
tarifas más bajas son Morelos, Sonora y Estado de México, donde pueden ser
menores a 5 pesos por m3.
En
el caso de Quintana Roo, se pretexta ser una de las tarifas más altas del país por
factores técnicos, geológicos y administrativos. Hasta hoy, la cuota base
mínima del consumo doméstico es de 203.46 por metro cúbico, lo que justifican
sus defensores por gastos de extracción y geología y energía eléctrica
Lo
cierto es que el bombeo de agua desde el acuífero hasta los hogares requiere
uso intensivo de electricidad, por lo que las tarifas de la Comisión Federal de
Electricidad impactan directamente en el costo operativo de CAPA, y se cree que
sus incrementos se trasladan a las facturas de agua, acumulando alzas
significativas en los últimos años.
Otra
razón es el modelo de gestión y ausencia de subsidios masivos, ya que, a
diferencia de la Ciudad de México, donde el agua está altamente subsidiada -hasta
90% en algunas zonas-, en Quintana Roo las tarifas reflejan el costo real de
operación para evitar déficits financieros.
En
Quintana Roo opera un sistema mixto, con servicio de CAPA, la instancia pública,
y la concesionaria privada Aguakán en varios municipios, aunque la primera fija
las tarifas y el Congreso del Estado las aprueba, y no la empresa privada de
forma autónoma.
Por
otro lado, la Ley de Cuotas y Tarifas de Quintana Roo establece
mecanismos de actualización mensual o anual basados en el Índice Nacional de
Precios al Consumidor, lo que genera aumentos constantes que se perciben cada
mes.
Por
último, el estado debe mantener una infraestructura capaz de soportar la
demanda de millones de turistas, lo que eleva los costos de mantenimiento y
saneamiento de aguas residuales para proteger arrecifes y entorno natural.
En
este sentido, la solución para disminuir o mantener las tarifas en Quintana Roo
requiere acciones a nivel gubernamental e individual. Hasta hoy, se supone que
existen iniciativas para atacar costos desde su estructura legal y operativa.
Así,
entre las soluciones legislativas y de política pública, Mara Lezama habría
presentado en abril un paquete de reformas clave, entre ellas el cambio a UMAs,
una de las más relevantes, para cambiar el cobro de salarios mínimos a Unidades
de Medida y Actualización, un esquema más accesible y de menor impacto
económico ante la inflación… pero sólo se suponía.
Otra
solución sería eliminar aumentos vinculados a la luz, por lo que se propone
desvincular el aumento de tarifas de agua de los costos de energía eléctrica,
que pueden elevar el recibo hasta 30%.
Asimismo,
reducir los costos de conexión y reconexión, facilitar su acceso a viviendas de
interés social con tarifas preferenciales, y un modelo de accesibilidad económica,
con el que se establezca un sistema tarifario transparente y equitativo que
reconozca el agua como derecho humano, asegurando que su costo no sea tan
doloroso para las familias.
Sobre
soluciones técnicas y operativas, para que CAPA
o Aguakán
bajen costos, se plantean medidas de eficiencia, como sectorización y control
de fugas, pues gran parte del costo del agua es por desperdicio por fugas en la
red pública; repararlas reduciría la energía para bombeo
También
se requeriría eficiencia energética con paneles solares en plantas de bombeo y
renovar equipos viejos por tecnologías de bajo consumo eléctrico, así como micro
y macro medición para garantizar cobrar justo el consumo, evitando cobros
estimados, pues son más altos para el usuario.
Sobre
el ahorro directo, dado que el costo aumenta por cada metro cúbico extra
consumido -después de los primeros 10 m³-, reducir el consumo es la forma más
rápida de bajar la tarifa individual, así como instalar dispositivos
ahorradores, como aireadores en grifos y regaderas de bajo flujo, que pueden
reducir el consumo hasta 50%.
Por
último, otra medida para abaratar las tarifas sería detectar fugas internas, pues,
por ejemplo, un escape imperceptible en el sanitario puede “disparar” el recibo
al siguiente rango tarifario, donde el m3 cueste más.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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