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Invasión de EE.UU., ¡Una verdadera asquerosidad!

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

         Como crónica de un caso anunciado, el cuestionado gobierno estadounidense del pedófilo Donald Trump finalmente invadió Venezuela, según confirma todo el mundo, para robarle sus reservas petroleras al presidente Nicolás Maduro, a quien le realiza un sospechoso, ilegal juicio, junto con la esposa de éste, Cilia Flores, por un supuesto tráfico de drogas.

Hasta hoy sólo la Universidad de Quintana Roo, lo critica, aunque para cualquiera con un milímetro de cerebro, si EE.UU. quisiera realmente “combatir el tráfico de drogas” simplemente tendría que cerrarle la llave a la CIA y los bancos. Todo lo demás es narcofarsa imperial. Lo increíble es que pasen 50 años y muchos alienados ni cuenta se han dado.

En efecto, no pasaron ni 24 horas, cuando el presidente de Estados Unidos reconoció abiertamente que lo único que les interesa es el petróleo de Venezuela. Ya no habla de democracia, ni de narcotráfico, ni de terrorismo. Nunca le interesó nada más que el petróleo.

El “enfermo” que gobierna ese país, se sabe, es el que violó a Dusti Rhea Duke, de sólo 14 años en diciembre de 1994, y aunque denunció a su violador ante la policía a fines de 1999, el 10 de enero de 2000, dos semanas después, apareció con un disparo en la cabeza en Kiefer, Oklahoma.

Cualquiera que conoce un poco de historia, sabe que EE.UU. es el primer país del mundo en bombardear una capital sudamericana en toda la historia humana. Ni Netanyahu, ni Hitler, ni Franco, ni Salazar lo hicieron. Qué terrible “medalla” porque por generaciones lo recordarán todos los suramericanos.

En total, ha realizado 58 intervenciones militares, provocado 28 golpes de Estado y provocado más de 28 millones de muertes en el planeta.

No de balde surgen atinadas comparaciones, en el sentido de que, en 1939, Hitler invadió Austria, y el mundo no dijo nada. La pasividad internacional incentivó a Hitler a invadir Checoslovaquia, y meses después, Polonia. El silencio hizo más fuerte al nazi y llevó al mundo al desastre, por lo que es hora de parar a EE.UU. antes de ser demasiado tarde.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional, para evitar un nuevo Hitler, prohibió el uso de la fuerza por parte de un Estado contra otro sin justificación legal. Pensaban que el derecho podía detener la barbarie. EEUU acabó con todo eso. Ellos son el nuevo Hitler.

Ya lo advertía el presidente ruso, Vladimir Putin: “¿Con qué pretexto bombardearon Yugoslavia, Irak, Siria y Libia? ¿Hubo sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU? No. Simplemente decidieron hacerlo y lo hicieron. Eso es todo lo que hay en el derecho internacional: Hacen lo que quieren”.

Y es que, hasta donde se sabe, Trump prometió a los ejecutivos petroleros gringos que, si le donaban mil millones de dólares para su campaña, les haría justicia. Y le dieron 500 millones, como un regalo enorme que viola el derecho internacional y, en esencia, se apropia de los recursos naturales de todo un país para beneficio de empresas estadounidenses.

Por si fuera poco, antes de la invasión, Trump estaba desesperado por distraer la atención, ya que “faltan” 5 millones de páginas de los archivos Epstein, en los que aparece como “figura central”, mientras que la FIFA enfrenta críticas por premiarlo con el Premio de la Paz, justo antes de atacar Venezuela, por lo que muchos se preguntan cómo se pudo conceder ese premio a un “líder” con tal acción militar.

Pero, además, en su país, el senador estadounidense Bernie Sanders usó sus redes sociales para condenar el acto terrorista de Trump contra Venezuela y lo acusó de imperialista y ladrón al querer robarle el petróleo y de querer gobernarlo, cuando, cualquiera lo sabe, tiene a EE.UU. hecho un desastre.

¿Disque tráfico de drogas de Venezuela a EE.UU.? Mintió sobre Milosevic y su limpieza étnica; sobre Saddam Hussein y sus armas de destrucción masiva; sobre Gadafi y sus masacres; sobre Bashar al-Ásad y sus armas químicas, y hoy sobre Maduro y su narcotráfico: El imperio de la mentira.

Lo único cierto es que el 3 de enero, Estados Unidos lanzó la Operación Absolute Resolve, una acción militar en Venezuela que resultó en la captura y traslado a Nueva York de Maduro y su esposa Cilia Flores, en una operación calificada como una invasión ilegal por diversos sectores internacionales y el gobierno venezolano debido a lo siguiente:

Argumentos sobre la ilegalidad: Violación del Derecho Internacional. Analistas y gobiernos extranjeros señalan que la intervención careció de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, violando la soberanía estatal.

Falta de aval legislativo: Se cuestiona su legalidad interna en EE. UU., ya que la operación se ejecutó sin la aprobación del Congreso, lo que algunos legisladores demócratas consideran una violación de los poderes de guerra presidenciales.

Reacciones diplomáticas: Países como Brasil, México, Colombia, China y España han rechazado la agresión militar, exigiendo una resolución pacífica y denunciando el quebrantamiento de las normas internacionales.

En detalles de la operación, hubo ataques aéreos: La incursión comenzó en la madrugada con bombardeos en Caracas y estados como Miranda, Aragua y La Guaira, afectando instalaciones militares como Fuerte Tiuna.

Captura: Maduro y Flores fueron detenidos por fuerzas especiales (Delta Force y agentes de la DEA) y trasladados en el USS Iwo Jima hacia Nueva York, donde enfrentaron cargos por narcotráfico el 5 de enero.

A todo esto, Trump anunció que EE. UU. “gobernará Venezuela” de forma temporal hasta una transición, aunque, en Venezuela, el ejército expresó respaldo a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta interina y denunció la acción como un secuestro.

Aunque el Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, sostiene que “no están en guerra” sino aplicando la ley contra amenazas urgentes, la comunidad internacional mantiene una alerta global ante lo que consideran un retorno al intervencionismo directo en la región.

Por otro lado, es posible que Estados Unidos quiera que muchos de sus enemigos dejen el poder. Por lo general, no envía al ejército para destituirlos físicamente, pero, en el caso de Venezuela, sus residentes amanecieron con el ruido de estruendos ensordecedores: El de su capital, Caracas, bajo el ataque de bombardeos a la infraestructura militar.

Su gobierno ha despertado ahora también de cualquier ilusión de que la intervención militar o el cambio de régimen fueran solo una amenaza lejana, pues Trump capturó a Maduro y lo trasladó fuera del país para enfrentar cargos por tráfico de armas y drogas. Se desconoce su paradero exacto y sus colegas exigen pruebas de que sigue vivo.

Empero, no realizó una intervención militar directa en América Latina como en su invasión a Panamá en 1989 para derrocar al entonces gobernante militar, Manuel Noriega, cuando, al igual que hoy, Washington lo presentó como parte de una campaña más amplia contra el tráfico de drogas y la criminalidad.

EE.UU. lleva mucho tiempo acusando a Maduro de liderar una organización criminal dedicada al tráfico ilegal, algo que él niega rotundamente. Ha designado como grupo terrorista extranjero al “Cartel de los Soles”, con el que se refiere a un grupo de élites venezolanas que, afirma, orquestan actividades ilegales como el tráfico de drogas y la minería ilegal.

Esta última operación, ejecutada directamente en una capital soberana, marca una escalada dramática en la participación de EE.UU. en la región.

La destitución forzosa de Maduro se aclamará como gran victoria por algunas de las figuras más belicistas del gobierno estadounidense, muchas de las cuales argumentan que sólo una intervención directa podría forzar a Maduro a abandonar el poder.

Washington no lo ha reconocido como presidente desde que las elecciones de 2024 fueron ampliamente rechazadas por observadores internacionales por no ser ni libres ni justas.

Para el gobierno de Venezuela, esta intervención confirma lo que lleva tiempo afirmando: Que el objetivo final de Washington es un cambio de régimen, aunque también acusa a EE.UU. de querer “robar” sus reservas de petróleo, las más grandes del mundo, y otros recursos, acusación que consideró justificada después de que EE.UU. confiscara al menos dos petroleros frente a la costa.

EE.UU. envió a la región su mayor despliegue militar en décadas, con aviones de combate, miles de soldados, helicópteros y el buque de guerra más grande del mundo, y realizó decenas de ataques contra embarcaciones pequeñas presuntamente dedicadas a traficar drogas en el Caribe y el Pacífico oriental, en los que han muerto unas 110 personas.

Cualquier duda que pudiera quedar sobre que esas operaciones tenían que ver, al menos en parte, con un cambio de régimen, quedó disipada con las acciones del sábado.

Así, es evidente que EE.UU. desea que la oposición venezolana, con la que está aliada, asuma el poder, posiblemente liderada por la líder opositora María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz, o por el candidato opositor de las elecciones de 2024, Edmundo González, aunque algunos de los críticos más acérrimos de Maduro advierten que esto no sería sencillo, dado el férreo control sobre el poder que ejerce el gobierno del país.

El gobierno controla el poder judicial, la Corte Suprema de Justicia, el ejército, y está alineado con paramilitares fuertemente armados, conocidos como “colectivos”, por lo que se teme que la intervención de EE.UU. pueda desencadenar una fragmentación violenta y una prolongada lucha por el poder.

Incluso algunos de los que detestan a Maduro y desean su salida se muestran recelosos ante la intervención gringa como medio, recordando las décadas de golpes de Estado y cambios de régimen respaldados por EE.UU. en América Latina durante el siglo XX.

La propia oposición también está dividida en partes: No todos respaldan la transición a Machado ni su apoyo a Trump.

Lo cierto es que no está claro el próximo paso de EE.UU. ¿Intentará impulsar nuevas elecciones? ¿Tratará de destituir a otros altos cargos del gobierno o del ejército y los obligará a enfrentarse a la justicia en EE.UU.?

En cuanto a Trump, su gobierno se ha vuelto cada vez más agresivo en la región, con un rescate financiero para Argentina, aranceles impuestos a Brasil para intentar influir en el juicio por golpe de Estado contra su aliado, el ex presidente brasileño de derecha Jair Bolsonaro, y ahora la intervención militar en Venezuela.

Ahora se beneficia de tener más aliados en la región, ya que el continente se ha inclinado hacia la derecha en las últimas elecciones, como en Ecuador, Argentina y Chile. Pero, aunque Maduro tiene pocos aliados en la región, todavía hay grandes potencias como Brasil y Colombia que no apoyan la intervención militar.

Algunos de los propios seguidores de Trump en EE.UU. tampoco están contentos con su creciente intervencionismo después de prometer poner a “EE.UU. primero”. Para los aliados más cercanos de Maduro, los acontecimientos plantean preguntas urgentes y temores sobre su propio futuro.

Es posible que muchos no quieran abandonar la lucha ni permitir una transición a menos que sientan que pueden recibir algún tipo de protección o garantía frente a la persecución.

SE SUPONE que las obligaciones de la ONU los rigen su Carta Fundacional y se dividen en pilares: Mantener la paz y la seguridad internacionales; proteger los Derechos Humanos, prestar ayuda humanitaria, promover el desarrollo sostenible y defender el Derecho Internacional ¿Alguno ha cumplido? 

Posiblemente Maduro no sea ángel de la caridad, pero, ¿por qué tuvo que intervenir Trump- que no Estados Unidos para “solucionar” los problemas venezolanos? ¿quién lo nombró rey del mundo? ¿Acaso trata de usurpar el papel de la ONU?

Ahora bien, la postura del PAN en México -y seguramente también la del PRI- se entiende en apoyo a Estados Unidos, como una forma de afianzar a la derecha en América, hasta hoy conformada por Chile, Bolivia, Argentina, Paraguay, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, El Salvador y República Dominicana, mientras que Morena apoya a la izquierda, que incluye a Brasil, Colombia, Cuba, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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