¡Se complica SESA con “efecto cucaracha”!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Aunque para nadie es
secreto que al titular de los Servicios Estatales de Salud (SESA), Flavio Carlos Rosado,
no le preocupe en lo más mínimo el caso de los medicamentos caducados y en mal
estado en sus bodegas de Subteniente López ante recientes declaraciones de la
gobernadora Verde, Mara Lezama, nuevos “parches” aparecieron en la dependencia:
Su Dirección
de Protección contra Riesgos Sanitarios de Quintana Roo (Cofepris) y su Órgano Interno de Control.
Aunque a nadie parece extraña, la mandataria, durante la visita
de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tulum, se atrevió, inclusive, a enojarse,
mejor dicho “indignarse”, cuando la entrevistaban en torno a la corrupción en
SESA, en lugar de aclarar el tema de una vez por todas, tal y como debiera
hacer el mismo Carlos Rosado, con ponerse bien los pantalones y no esperar que lo haga la Secretaría “Anticorrupción”, ambos del mismo equipo político.
Ahora bien, también conocida como Dpris a nivel federal, la Cofepris
de Quintana Roo, a cargo de Jaime Torres Viveros, es señalada por una serie de
irregularidades, que no sólo afectan a Tulum, como recién ocurrió, sino también
en esta capital chetumaleña, con un llamado “Efecto cucaracha”.
Verá Usted. El caso de los supuestos cuatro investigados por
el tema del almacén, todo hace suponer que, sin Carlos Rosado, sólo se le imputarían
responsabilidades a los tres restantes: Álvaro Arturo Cruz Mena, director
administrativo; Luis Enrique Velázquez, encargado directo del almacén y Manlio
Hoy Brito, Jefe de Departamento, adscrito al área de Adquisiciones.
Sin embargo, a este último se le complicarían más las cosas
tras detectarse que tendría una doble plaza, la otra en el IMSS-Bienestar, por
lo que las autoridades deberán demostrar que cumplía con la normatividad legal para
ese caso.
En
efecto, el tema de personal con doble plaza en SESA-Quintana Roo
es recurrente en discusión, pero más enfocado en su legalidad administrativa y
compatibilidad horaria, ya que tener dos plazas en el sector salud no es un
acto ilegal en sí mismo, pero estrictamente condicionado por normativas
estatales y federales.
Cualquier
trabajador que aspire o ya posea una doble plaza debe tramitar de forma
obligatoria un Dictamen de Compatibilidad de Horarios y Empleos ante la
Dirección de Personal de la dependencia, aunque las jornadas laborales de las
dos plazas no se pueden empalmar bajo ninguna circunstancia. Se debe contar con
tiempo suficiente para trasladarse de un centro de trabajo a otro.
Según
las Condiciones Generales de Trabajo de SESA,
las plazas asignadas no deben interferir con el correcto desempeño técnico o
médico de las funciones encomendadas.
El
debate en Quintana Roo suele encenderse por el riesgo de duplicidad e incompatibilidad:
Las auditorías internas y de órganos fiscalizadores vigilan de manera estricta la
“doble percepción irregular”, es decir, cobrar dos sueldos de jornadas es físicamente
imposibles de cumplir al mismo tiempo, por lo que se considera falta
administrativa grave.
Históricamente
se han presentado quejas o rumores respecto al control en asignación de bases,
ante lo cual las autoridades del sector sostienen que nóminas y emisiones de
nuevas plazas federales o estatales cuentan con blindajes administrativos para
evitar manipulaciones ajenas al escalafón oficial.
Con
el proceso continuo de basificación y transferencia de trabajadores de los
sistemas de salud al modelo IMSS-Bienestar, las reglas de control de plazas se
han vuelto más unificadas y digitalizadas, lo que reduce la posibilidad a un
empleado de mantener dos plazas de jornada completa incompatibles en distintas
instituciones públicas de salud.
El
caso específico de Hoy Brito, registrado en nóminas de los Servicios Estatales de Salud bajo formato de
apellidos invertidos, ejemplifica de forma exacta el debate administrativo
sobre la duplicidad de funciones de confianza y los esquemas operativos de
salud.
Bajo
la normativa mexicana, la situación legal de este tipo de casos se analiza
mediante puntos críticos, uno de ellos incompatibilidad absoluta por puesto de confianza,
donde la normativa federal y los criterios de la Secretaría de la Función Pública
establecen que el cargo de Jefe de Departamento es catalogado estrictamente
como puesto de confianza.
Estos
puestos exigen, por definición de ley, una jornada de disponibilidad permanente
o mandatos de horario completo.
Debido
a esta naturaleza, el puesto de Jefatura de Departamento es administrativamente
incompatible con un segundo empleo operativo o de base en otra institución
(como el IMSS) Un dictamen de compatibilidad horaria ordinario suele aplicar
únicamente para personal médico, de enfermería o administrativo de nivel
operativo, pero no para mandos medios o superiores.
En
reportes de transparencia presupuestal y armonización contable de la
Secretaría, Hoy Brito ha figurado históricamente bajo códigos de categoría
regulados -como la clave M03020-, y cuando un funcionario ostenta una plaza de
este tipo en SESA y simultáneamente en el IMSS, el Órgano Interno de Control
está obligado a vigilar el cumplimiento de la jornada presencial devengada para
descartar el cobro de “sueldos simulados”.
Si
las jornadas laborales de la Jefatura en SESA y el puesto en el IMSS chocan en
el reloj checador o si no existe dictamen de compatibilidad debidamente
autorizado y firmado por la Dirección de Innovación y Calidad-Dirección de
Personal, el funcionario se expone a procesos de responsabilidad administrativa
en base a la Ley General de Responsabilidades Administrativas.
Las
sanciones van desde inhabilitación para ejercer cargos públicos, rescisión del
contrato sin responsabilidad para las instituciones, hasta la obligación de
reintegrar los salarios percibidos de forma irregular.
Por
otra parte, la Cofepris-Quintana Roo sigue enfrentando duros cuestionamientos
públicos por redes de extorsión a comercios, usurpación de funciones federales
y retiro previo de sus facultades de verificación por corrupción sistémica.
Entre
las principales controversias y señalamientos se incluye el escándalo de extorsión
y “cobro de piso” de este mes en Tulum, cuando empresarios hoteleros y
restauranteros denunciaron que “inspectores” exigían pagos irregulares
obligatorios de entre 20 mil y 50 mil pesos mensuales a cambio de no clausurar
sus negocios.
Los
supuestos verificadores estatales se presentaban falsamente ante las víctimas
como personal de la estructura federal de la Cofepris
para intimidar y dar un carácter legal a sus extorsiones.
Tras
hacerse públicas las quejas en medios de comunicación, la Secretaría separó
formalmente de sus funciones a Emigdio Morales Mezquita, titular de la
Coordinación de Protección contra Riesgos Sanitarios en Tulum, mientras la Cofepris federal aclaró que no opera ninguna
delegación municipal en Quintana Roo y que la responsabilidad operativa recae
en el gobierno estatal.
En
un historial de pérdida de facultades por corrupción, ante recurrentes quejas
de coacción, sobornos e irregularidades graves, la Cofepris Federal les retiró
formalmente a las autoridades de Quintana Roo la facultad de vigilar
establecimientos médicos de alta importancia, como hospitales, almacenes y
laboratorios de pruebas.
Por
su parte, la Fiscalía General de la República abrió carpetas de investigación
por presuntas “mordidas” de personal local a laboratorios clínicos durante la
contingencia sanitaria del Covid-19, cuando directivos históricos de la Comisión,
como Miguel Ángel Pino Murillo, fueron señalados públicamente de obligar a
cientos de comercios a contratar exclusivamente “empresas certificadoras
aliadas” para simular el cumplimiento normativo.
Evaluaciones
internas reflejaron que hasta 20% de los negocios de comida verificados en la Zona
Norte carecía de constancias vigentes en buenas prácticas de sanidad, lo que
generó cuestionamientos sobre si los inspectores se enfocan realmente en
verdadera prevención de riesgos o meramente en fines recaudatorios y punitivos.
En
Chetumal, la Cofepris opera como núcleo administrativo central, pero no está exenta
de cuestionamientos, mientras que en Tulum y Playa del Carmen los señalamientos
se enfocan a extorsiones a restaurantes y hoteles, y en Chetumal las críticas
giran en torno a negligencia institucional, burocracia punitiva, inacción ante
riesgos graves y centralización de “moches”.
Las
principales controversias y problemáticas específicas reportadas en la capital
del Estado incluyen el llamado “Efecto cucaracha” y centralización de cuotas,
pues comerciantes señalan que, órdenes de fiscalización agresiva y actas de
inspección prellenadas -diseñadas para forzar multas o “mordidas”-, son
coordinadas y distribuidas desde las oficinas centrales de la Cofepris.
Sin
embargo, ante el blindaje de mesas de trabajo e investigaciones en municipios
del Norte, inspectores señalados por malas prácticas sólo suelen ser reubicados
o “replegados” temporalmente en oficinas del Sur para evitar procesos penales
directos.
La
Cofepris ha recibido duras críticas por aplicar criterios severos y punitivos a
pequeños comercios, mientras permite la operación prolongada de instalaciones
municipales insalubres, ejemplo histórico y recurrente el rastro de Chetumal,
clausurado varias veces por condiciones críticas de higiene, que las autoridades
tardaron años en intervenir de manera integral pese al riesgo epidemiológico
para la población.
Empresarios
locales denuncian el uso de “múltiples trampas” normativas de la Cofepris, que
condiciona licencias argumentando fallas en niveles de cloración del agua del
establecimiento, cuando la propia red pública provista por el Estado (CAPA) frecuentemente
no pasa pruebas básicas de calidad de agua, trasladando costo y penalización al
comerciante.
Aunque
a nivel nacional se promueven plataformas digitales, en esta capital se acusa
históricamente una lentitud deliberada en la entrega de las licencias
sanitarias físicas con Código QR de validación, lo que obliga a los
microempresarios de la Zona Sur a acudir a oficinas centrales a destrabar “trabas
administrativas” que, frecuentemente, se resuelven mediante arreglos
informáticos e “incentivos” económicos a los dictaminadores.
A
todo esto, ¿Cómo proteger un negocio en Chetumal ante una inspección? Si un
verificador acude al establecimiento, cualquiera está en su derecho de exigir
lo siguiente antes de permitirle pasar: Orden escrita original, contar con
firma autógrafa del director general de la Cofepris y especificar el nombre
exacto del comercio.
Sobre
la identificación con QR, todo inspector estatal legal debe portar una
credencial oficial con código QR que, al ser escaneado, valide su identidad,
estatus activo y la fotografía del funcionario, en tanto ninguna multa, derecho
o trámite de la Dpris o Cofepris se paga en efectivo ni directamente al
personal. Cualquier solicitud de este tipo constituye un delito penal.
Sobre
la extorsión y usurpación de funciones de la ventanilla sanitaria en Tulum
ocurrió el 13 de julio, cuando reportes en medios nacionales de comunicación -como
Milenio-
exhibieron denuncias de hoteleros y restauranteros, por lo que acusaron a
autoridades locales de operar una red de “cobro de piso” institucionalizado con
cuotas de hasta 50 mil pesos mensuales.
Sin
embargo, la Cofepris federal emitió el día 15 un deslinde público, donde aclaró
que el implicado principal, Emigdio Morales Mezquita, no pertenecía a su
estructura, pero el acusado utilizaba actas falsas para simular inspecciones
federales.
Presionada
por el escándalo mediático, SESA oficializó el mismo día la separación
inmediata de su cargo al funcionario, que fungía como encargado de ventanilla
de la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios (Dpris) en Tulum y se
iniciaron carpetas de auditoría e investigación internas.
Por otro lado, se
dice que Hoy Brito fue jefe de almacén en su tiempo y ahora tiene otras
funciones en la Secretaría, aunque también trabaja en el IMSS-Bienestar como
jefe Departamento de Abasto, por lo que tiene dos sueldos, dos patrones, pero ¿en
qué momento supervisa su función en SESA si labora de lunes a viernes en el IMSS?
Así, de ser culpable
de los medicamentos caducados, que probablemente sea así, como trabajador del
IMSS-Bienestar, omitió supervisar esos medicamentos también, aunque, de hecho,
obligaba a recibir medicamentos a punto de caducar o que no pedían, por lo que
claramente es un tremendo conflicto de intereses.
Es juez y parte en
ambos lados, cómo no se saldría de control si se supone debía supervisar, pero
como es probable que tenga más intereses en SESA, se haya deslindado de sus
responsabilidades en el IMSS para hacer lo que quiera
Por cierto, en
comunicado oficial de SESA sobre Morales Mezquita, separada de su cargo
¿Por qué ahí si hubo comunicado? Además, vulneraron su presunción de inocencia
al publicar su nombre, ah, pero en el caso de los medicamentos caducados callaron,
no hubo ninguna nota ni comunicado ¿Por qué ahí no? ¿Por qué eran los jefes?
Pero, al personal sí lo pueden “balconear”.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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