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¿Alivio a discriminación laboral?


                                      Por Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Con una población de poco más de 125 millones, México cuenta con unos 30 millones de jóvenes de entre los 14 y 40 años de edad, pero a pesar de ser considerado país joven, carece de un esquema socioeconómico con una verdadera estabilidad para ellos.
En efecto, faltan oportunidades de empleo que coadyuven a su estabilidad económica y persisten carencias en opciones educativas y económicas para su promisorio desarrollo. Por el contrario, abundan condiciones de miseria que incluye salarios, pobreza y marginación, y no se diga falta de empleo.
Por si fuera poco, existe un fenómeno nada alentador: Buena parte de la población joven es víctima de desprecios, inclusive malos tratos al solicitar trabajo, en un aspecto totalmente discriminatorio.
La falta de empleo es generada por una incorrecta estrategia económica, que únicamente reconoce la mano de obra barata, y no se basa precisamente en el empleo y aprovechamiento de experiencia.
Desafortunadamente, esta forma de actuar, principalmente del sector empresarial, refleja la división internacional del trabajo, que obliga a especializarse en bienes manufacturados bajo un modelo que incorpora principalmente a personas con una edad que no rebase los 35 años.
El propósito es contratar sólo a los más jóvenes, condicionándolos a un salario mínimo y dispuestos a sacrificar muchas expectativas de vida personal y laboral, en lugar de contratar a personas maduras en busca de estabilidad y prestaciones mínimas de ley.
En este sentido, queda sin posibilidades de competir mucha gente con conocimientos, capacidades y aptitudes que podrían incorporarse al mundo laboral, muchos de ellos seguramente con buenos resultados.
Lamentablemente, se mantiene esta forma de explotación modernizada, según recién vimos en el caso de los jornaleros de San Quintín, Baja California, cruelmente castigados por las autoridades locales y estatales, simplemente por estar en desacuerdo con los engaños y condiciones inhumanos: Salarios de 100 pesos semanales, sin seguridad social y jornadas de hasta 16 horas diarias bajo insoportables condiciones climáticas.
Esto recuerda el porfiriato, pues no importan edad y experiencia para pedir trabajo, a cambio de miserables condiciones que imponen las empresas para una paupérrima forma de ganarse la vida. No es casual que por años se exijan mejoras salariales, mayores oportunidades y eliminar prácticas discriminatorias.
Ante este panorama, la Cámara de Diputados aprobó reformar la Ley Federal del Trabajo para obligar a la Secretaría del Trabajo, entidades y empresarios a diseñar y ejecutar políticas públicas y programas para generar oportunidad de empleo que garanticen la inclusión de millones de mexicanos que superan los 35 años de edad al mercado laboral para aprovechar su experiencia, sabiduría y capacidad.
El dictamen inscribiría en la Ley Federal del Trabajo la posibilidad de diseñar políticas públicas para la generación de oportunidades de empleo para jóvenes, adultos y grupos en situación vulnerable, aunque sólo se trata de una expresión potestativa y n una obligatoriedad para gobierno y empresarios.
Desgraciadamente no se respeta la ley para quienes buscan empleo o exigen mejores condiciones laborales y nos queda claro que, a través de las autoridades o bajo el cobijo de una mala interpretación de la ley, no queda más remedio que complacer los mezquinos intereses de las grandes empresas.
Nada garantiza que el sector empresarial opere bajo la propuesta de reforma y que el poco más de un millón de mayores de 35 años que busca empleo, puedan canalizarse a alguna oportunidad laboral, sin condicionamiento y hostigamiento para mantenerse en el empleo.
Lo más devastador de este proyecto económico neoliberal, lo vemos con la reciente reforma laboral: Precarias condiciones de trabajo, desempleo, explotación, inclusive formas veladas de esclavitud avaladas por la actual ley.
Esto sólo origina, por ejemplo, que la población adulta con edad para el retiro tranquilo, se vea en la necesidad de andar buscando un segundo trabajo aparte de la pensión que no le alcanza, lo que constituye una verdadera crisis en el país.
Este problema es grave, al grado que se ven en la necesidad de arriesgar su integridad como franeleros, lava-carros o vendedores ambulantes, lo que deriva en que el 53% de la población económicamente activa del país se vea obligada a formar parte de la llamada economía “informal”.
Nadie está contra la propuesta, ahora en manos del Senado, pero cuestionable que los legisladores no hayan dado más de ellos en alguna pauta para que miles de personas mayores de 35 años puedan ser contratadas sin miramientos ni prejuicios.
El desempleo es un problema evidente desde hace muchas décadas. Obtener un puesto en una empresa o institución se ha convertido en un verdadero obstáculo, nada fácil para un joven, menos aún para un mayor de 35 años, la mejor prueba en los anuncios de los periódicos, donde la mayoría dice que las vacantes es para personas de entre 25 y 35 años, con lo que a miles se excluye y discrimina.
Para el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), estos avisos representan un acto discriminatorio, al condicionar o negar el derecho al trabajo por cuestiones de edad.
Según la Asociación Mexicana por la no Discriminación Laboral por Edad o Género, el 90% de las vacantes deja fuera a los mayores de 35 años. La oferta laboral disponible para este segmento se reduce al 10%, pero con bajos salarios, que nada tienen que ver con el perfil académico del solicitante, con lo que se desperdician los años de experiencia.
Asimismo, muchas empresas prefieren a los jóvenes por conocer éstos casi a la perfección los sistemas de tecnología, flexibilidad, su disponibilidad a viajar o cambiar de residencia, y sobre todo, su menor pretensión salarial.
En México es complicado demostrar la discriminación laboral por edad para reclamar ante las Juntas de Conciliación. Al final de cuentas la empresa contrata a quien decide, y no se ha podido corregir desde el punto de vista jurídico, pese a la capacidad, eficiencia, productividad y experiencia de una persona con aquélla edad.
Urge que el Estado implemente programas eficientes que protejan a este sector de la sociedad, con garantía de mejores oportunidades de empleo, a efecto de que personas con esa edad no signifiquen sinónimo de vejez, sino experiencia profesional.

 (Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con la cita del nombre de su autor)

*Luis Angel Cabañas Basulto, periodista yucateco residente de Chetumal, Quintana Roo, con más de 38 años de trayectoria como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de diversos medios de información, también ha fungido como Jefe de Información de dos gobernadores y tres presidentes municipales, y publicado tres libros.

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