¡Un buen “gallo” para el Ayuntamiento de OPB!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
De descartarse una descabellada postulación del aún dirigente
estatal de Movimiento Ciudadano, José Luis Pech Várguez, a la presidencia
municipal de Othón P. Blanco, el mejor candidato para derrotar a Morena en la
lucha por las elecciones de 2027 sería el ex diputado local petista Roberto
Erales Jiménez, aunque ningún partido lo menciona hasta hoy.
No obstante, seguramente tendría mayor preferencia y
simpatizantes que el eterno suspirante Luis Gamero Barranco, Nabil Eljure
Terrazas o Alejandro Alamilla Villanueva, quienes han manifestado sus
propósitos de suceder a la siempre cuestionada Yensunni Martínez Hernández, y
acordaron un “frente común” para consolidar un proyecto ciudadano.
Sin
tanto rollo como ellos, Erales Jiménez como candidato para OPB dependería de su
trayectoria legislativa y su posicionamiento en el panorama político de
Quintana Roo, pues no figura en el Ayuntamiento 2024-2027 ni en algún cargo de
gobierno, pero cuenta con puntos clave en su perfil.
Caballeroso
con todo mundo, inclusive con sus enemigos políticos, el hombre cuenta con experiencia
legislativa al haber sido diputado en la XVI Legislatura del Congreso de
Quintana Roo (2019-2022), cuando presidió la Comisión de Puntos Legislativos y
Técnica Parlamentaria.
Hasta
donde se sabe, se desempeñó con las siglas del Partido del Trabajo (PT), por lo
que formó parte de la coalición que, históricamente, apoyó a la Cuarta “Transformación”,
mientras que destacó por participar en reformas a la Ley Orgánica de la
Universidad de Quintana Roo y en temas relacionados con la autonomía de las
mujeres en el servicio público.
Con
experiencia en el Congreso, su viabilidad como candidato podría medirse con su
capacidad de conciliación en la coalición Morena-PT-PVEM y su arraigo en
Chetumal, por lo que, en resumen, tiene un perfil con experiencia técnica y
legislativa, y su éxito como candidato dependería de recuperar visibilidad
frente a los liderazgos que controlan la Comuna.
Por
otro lado, considerando su trayectoria y la configuración política en Quintana
Roo, el partido ideal para Erales Jiménez depende mucho de si busca continuidad
en el bloque oficialista o una opción que le permita mayor protagonismo individual.
Los
escenarios más viables, primero, sería el PT, su “casa” política histórica -su
dirigente es el capitalino Gerardo David Rodríguez López-, donde sería la
opción más natural, pues le permitiría mantenerse en la coalición Sigamos
Haciendo Historia, aprovechando la inercia ganadora del bloque oficialista en Quintana
Roo, aunque esto lo sujeta a las negociaciones de cuotas con Morena y el Verde
“Ecologista”.
Así,
Movimiento Ciudadano podría ser opción ideal si busca posicionarse como “tercera
vía” frente al dominio de la coalición gobernante, pues MC suele atraer
perfiles con experiencia legislativa, que no encuentran crecimiento en el
bloque mayoritario, ofreciéndoles candidaturas con mayor libertad de discurso.
Morena,
por su parte, sería el escenario de mayor fortaleza electoral, pero también el
más difícil debido a su alta competencia interna y la presencia de liderazgos
ya establecidos en Othón P. Blanco, como el de Yensunni Martínez.
Entre
los factores a considerar como abanderado, destaca su lealtad a la 4T, por lo
que, si su prioridad es seguir impulsando el proyecto de la transformación, el
PT seguiría siendo su plataforma más sólida.
En
Chetumal y OPB, el electorado valora la cercanía, es decir, cualquier partido
que garantice autonomía para atender problemas locales -sobre todo seguridad y
servicios públicos- sobre intereses de dirigencias nacionales, lo que sería
ventaja estratégica para Roberto Erales.
Para
mala fortuna de la oposición, según datos de preferencias, hasta el año pasado,
la coalición oficialista mantenía ventaja amplia en las encuestas, lo que hace
que cualquier candidatura bajo esas siglas sea, en teoría, la más competitiva.
Así
las cosas, para que Roberto Erales logre capitalizar una candidatura
competitiva, sus principales activos políticos serían, primero, su identidad chetumaleña,
ya que se le percibe como político con arraigo local, y en una capital que
suele resentir las decisiones tomadas desde el Norte del estado -Cancún o Playa
del Carmen-, su perfil “de casa” sería punto fuerte frente a candidatos
foráneos.
En
cuanto a su “colmillo” legislativo, su paso por la XVI Legislatura le otorgó un
conocimiento profundo de la estructura legal del Estado, pues saber cómo operan
los presupuestos y las leyes municipales, le da una ventaja técnica sobre
perfiles más improvisados.
Además,
ha mantenido una estructura fiel en el PT, aliado estratégico que suele aportar
los votos necesarios para definir elecciones cerradas en la Zona Sur, así como
que se caracteriza por no ser político pasivo, sino fijar posturas públicas en
temas de seguridad y transparencia, lo que le permite presencia en los medios
de comunicación locales, incluso fuera de algún cargo.
Lo
más importante, es su conocimiento de la burocracia. Al ser Chetumal una ciudad
eminentemente administrativa, su experiencia en el servicio público le permite
conectar con el sector de los trabajadores estatales, votantes decisivos en
OPB.
Sin
embargo, los puntos negativos que podrían afectar su eventual candidatura, son
su historial de confrontaciones políticas y controversias familiares, entre
ellos conflictos con la dirigencia de su partido, ya que ha criticado a los
líderes del PT, a los que calificó de “conquistadores” ajenos al contexto local,
lo que debilitaría su respaldo institucional y complica su postulación en la
coalición.
A
esto se suman controversias familiares, ya que, como se sabe, en 2020 surgieron
señalamientos mediáticos que vinculaban a uno de sus hijos con presuntas
actividades ilícitas, y aunque no hubo una condena legal directa contra el
político, el tema es recurrente en ataques de sus detractores.
Por
si fuera poco, se le cuestionó supuestos acercamientos con otros partidos, como
Movimiento Ciudadano, cuando sus intereses en el bloque oficialista se vieron
comprometidos, aunque, como actor político de larga data, arrastra el desgaste
natural de quien ha ocupado cargos públicos sin cambios estructurales
percibidos por la ciudadanía.
En
otro orden de cosas, al contrastar a Roberto Erales con Yensunni Martínez, se
perfilaría una batalla de “experiencia contra estructura”, ya que, en la
comparativa directa, Yensunni Martínez, como alcaldesa en funciones, tiene
control sobre nómina municipal y programas sociales, y su estructura
territorial es masiva gracias al respaldo total de Morena y la gobernadora,
mientras la fuerza de Roberto Erales es más de opinión y de nicho, sin
maquinaria operativa propia, sino depender de su carisma y los votos que el PT
pueda “arañar” o de ciudadanos inconformes con la gestión actual.
Otra
más: Yensunni tiene el desgaste de la administración directa, con problemas
como baches, basura y alumbrado de Chetumal como principal punto débil, y el
ciudadano le reclama resultados inmediatos, mientras Roberto Erales, al no
estar en el cargo, puede jugar carta de “crítico”, cuya ventaja es poder
señalar los errores de esa gestión sin tener que justificar resultados propios
recientes, posicionándose como solución a la ineficiencia.
Yensunni
es pieza clave del grupo en el poder, con línea directa con el centro
del Estado y visto bueno para continuar el proyecto de la 4T, en tanto a Erales
se le percibe como “rebelde” entre la coalición, lo que le ayudaría con el “voto
de castigo”, pero le cerraría puertas a grandes presupuestos de campaña y apoyo
del aparato estatal.
En
torno a la percepción ciudadana en Chetumal, Yensunni representa la “renovación”
generacional de Morena, aunque criticada por falta de oficio político en crisis
locales, mientras Erales representaría la vieja guardia con “colmillo” y los
sectores tradicionales de Chetumal podrían verlo como alguien que "sí sabe
cómo funciona el sistema", a diferencia de la actual administración.
En
resumen, si la elección fuera hoy, el candidato de Yensunni ganaría por
estructura, pero Roberto Erales sería el abanderado que más ruido le haría si
logra aglutinar a todos los que están enojados con el estado actual de la
capital… o sea todo mundo.
Por
otra parte, para golpear políticamente y ganar terreno en Othón P. Blanco, cualquiera
tendría que enfocarse en “heridas abiertas” de la capital que la gestión de
Yensunni Martínez no ha logrado sanar, por ejemplo, el abandono de servicios públicos
-baches y basura-, su talón de Aquiles, y sólo se tendría que usar experiencia
para cuestionar el destino de los presupuestos y falta de gestión federal para
repavimentar un Chetumal visiblemente deteriorado.
Otra
“herida” de la Comuna es el fracaso del “Barrio Mágico”. Aunque se le dio ese
título a Chetumal, el impacto económico real ha sido mínimo para los
comerciantes locales, lo que se podría atacar la falta de incentivos fiscales y
la falta de verdadera reactivación del centro histórico como “título de papel”.
Lo
peor, es la creciente inseguridad. Othón P. Blanco dejó de ser el municipio
tranquilo de antes. El aumento en robos y desapariciones en la zona Sur le
permite criticar la falta de coordinación entre el mando municipal y el
estatal, apelando al miedo y la nostalgia de la “paz chetumaleña”.
También
es abanderar temas de soberanía y desarrollo del sur, de manera que se atacaría
la lentitud en proyectos estratégicos como el dragado del Canal de Zaragoza o
la falta de beneficios reales del decreto de Zona Libre, pues la Comuna es
sumisa ante las decisiones que favorecen al Norte del Estado.
La
verdad es que muchos trabajadores estatales se sienten desplazados por
funcionarios de Cancún o fuera de Quintana Roo, situación con lo que alguien se
podría posicionarse como defensor de derechos laborales de los chetumaleños y
prometer “limpiar” gobierno de gente que no conoce el sur.
En
efecto, para ser efectivo basta con “darle donde más le duele” a la Comuna,
enfocando estos tres temas, los que más irritan al chetumaleño en el día a día,
como dijimos, la crisis de baches y el abandono urbano, pues Chetumal tiene
calles en estado crítico, lo que se podría contrastar con la inversión masiva
en el norte -Cancún y Riviera Maya- contra “migajas” a la capital, por falta de
carácter del Ayuntamiento para exigir recursos.
Reiteramos
que el aumento de delitos de alto impacto en el sur es un tema emocional que se
podría capitalizar con el natural sentimiento de que “antes podíamos dejar la
puerta abierta” y que el Ayuntamiento ha perdido el control de la seguridad
básica.
Finalmente,
existe fuerte resentimiento porque muchos puestos públicos en Chetumal los
ocupan gente del norte o de fuera del Estado, lo que cualquier opositor -¿y
quién mejor si no Roberto Erales?- puede usar en un discurso regionalista,
prometiendo que el gobierno de OPB será para los capitalinos de cepa, no para “fuereños”.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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