¡Fallida política de compra, causa de desabasto!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Aunque para la presidenta Claudia Sheinbaum la principal causa del desabasto de medicamentos en México es por burocracia, lo cierto es que es de carácter logístico, administrativo y estructural, provocado, principalmente, por cambios drásticos en las políticas de compra pública
impuestos desde 2019, ya que, a diferencia de otros países, el problema no es
por escasez de sustancias químicas o bancarrota, sino por fallas en cadena de
suministro.
Entre
otras, las causas centrales que explican especialistas del sector salud y que reconocen
parcialmente las propias autoridades incluye haber desmantelado del sistema de
compras y veto a distribuidores que, en el primer caso, hasta 2018 el IMSS
centralizaba compra consolidada masiva y eficiente para casi todo el sector
salud, pero, con el argumento de combatir la corrupción, el gobierno federal lo
desmanteló.
En
el segundo caso, se prohibió participar a grandes empresas privadas encargadas
de la distribución nacional y el gobierno creyó que comprar medicinas
directamente a laboratorios resolvería el problema, pero subestimó que,
fabricar una medicina, es muy diferente a transportarla de forma segura a miles
de hospitales públicos.
Por
otro lado, el fracaso de Birmex y la Megafarmacia fue otra causa, pues la
responsabilidad de distribuir fármacos se asignó de forma sucesiva al extinto INSABI
y, finalmente, a la empresa pública Laboratorios de Biológicos y Reactivos de
México.
La
propia directiva de Birmex y la presidencia de la República reconocen graves dificultades
en distribuir insumos a clínicas, ya que el sector público carece de camiones
con control de temperatura, sistemas informáticos de inventario en tiempo real e
infraestructura especializada para cubrir la “última milla” -llevar el fármaco
desde las bodegas centrales hasta la ventanilla del hospital regional o rural.
Además,
las facultades de adquisición pasaron por la Secretaría de Hacienda, luego por
la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos, el INSABI y el
modelo IMSS-Bienestar, por lo que el cambio constante de dependencias rompió la
planeación y provocó desiertas múltiples licitaciones por falta de coordinación
técnica o precios mal calculados.
Un
factor más fue la falta de certeza en pagos gubernamentales y cambios abruptos
en contratos generaron que laboratorios nacionales e internacionales prioricen
el mercado privado o disminuyan manufactura para el sector público.
La
federalización de los servicios estatales de salud bajo el esquema
IMSS-Bienestar sumó retos operativos masivos. Autoridades de salud reportan
que, por tratarse de un sistema en construcción que absorbió clínicas precarias
en más de 24 estados, armonizar catálogos y reabastecer más de 8,000 unidades
médicas mantiene una brecha de desabasto cercana a 20% en algunas regiones.
Por
último, la población envejece con rapidez y padece altas tasas de enfermedades
crónico-degenerativas, como diabetes, hipertensión e insuficiencia renal, por
lo que el sistema de salud enfrenta demanda exponencial de tratamientos
costosos y uso diario que superan el presupuesto asignado o las proyecciones de
compras anuales de las farmacias institucionales.
En
este sentido, las responsabilidades del desabasto en México no recaen en un
solo actor, sino en una cadena de decisiones políticas, operativas y de gestión
tanto de Gobierno Federal como de proveedores y distribuidores privados.
Según
auditorías oficiales, análisis de políticas públicas e informes del sector
salud, los principales responsables del problema de fondo son, primero, el Poder
Ejecutivo Federal y sus cambios de estrategia, máxima responsabilidad política
y de diseño, debido a las modificaciones radicales en el sistema de salud
pública.
En
efecto, en 2019 se decidió desmantelar el modelo de compra consolidada del IMSS
y vetar a distribuidoras privadas con premisa de combatir la corrupción, sin
tener listo un plan alternativo de distribución. Las compras quedaron
inicialmente centralizadas en la Oficialía Mayor de Hacienda, dependencia sin
experiencia en sector farmacéutico, lo que generó los primeros retrasos
masivos.
Directivos
del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) asumieron las compras de
medicamentos, pero su gestión estuvo marcada por falta de planeación y claras reglas
de operación. Su incapacidad para surtir el sistema llevó a su desaparición
legal pocos años después de ser creado.
La
empresa de participación estatal mayoritaria Birmex, por su lado, fue designada
única responsable de compra consolidada y distribución nacional. Su dirección
técnica comparte la responsabilidad de los problemas logísticos, al no haber
logrado consolidar una red de transporte eficiente para la “última milla”.
Otro
responsable fue el sector farmacéutico y de distribución privado, ya que, antes
de 2018, un pequeño grupo de empresas concentraba el mercado de la distribución
de medicamentos. Su responsabilidad en el fondo del problema incluye prácticas
monopólicas e intermediarismo.
En
efecto, investigaciones de la Comisión Federal de Competencia Económica
(COFECE) señalaron en su momento que pocas distribuidoras controlaban precios y
licitaciones públicas, pero al ser vetadas, el mercado nacional se fragmentó.
Tras
los cambios de reglas del juego, algunos laboratorios privados y proveedores
nacionales disminuyeron su interés en venderle al gobierno debido a retrasos en
sus pagos, burocracia y precios fijos mal calculados, lo que llevó a que muchas
licitaciones públicas se declaren “desiertas”, pues nadie se postulaba para
vender.
Otra
responsable es la UNOPS -Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para
Proyectos-, con la que el Gobierno Federal firmó un acuerdo para que se
encargara de licitaciones internacionales de medicamentos, buscando evitar
corrupción local, pero este organismo operó con lentitud, desconocimiento de
mercado y falta de transparencia, lo que agravó el desabasto entre 2021 y 2022
y obligó al gobierno a rescindir parte del convenio.
Finalmente,
antes de la centralización del sector salud al modelo IMSS-Bienestar, la compra
dependía de dinero federal que se transfería a Estados -a través del Seguro
Popular- donde la Auditoría Superior de la Federación detectó durante años que
múltiples gobiernos estatales desviaban recursos públicos o simulaban la compra
de medicamentos, dejando clínicas locales en abandono físico y de inventario
antes de las reformas recientes.
A
todo esto, IMSS e ISSSTE comparten responsabilidad operativa, presupuestal y de
control interno de nivel corresponsable en el desabasto de medicamentos. Si
bien las decisiones de consolidación de compras y las estrategias macro de
distribución han recaído centralmente, ambos tienen un papel crítico y directo
en la afectación a los pacientes.
Entre
2019 y 2024, el desabasto dejó más de 78 millones de recetas sin surtir en todo
el país. En promedio, 2 de cada 10 recetas no se surten en sus farmacias, una
cifra que en estados como Veracruz, Guerrero o Chiapas se eleva hasta 4 de cada
10.
La
responsabilidad de estos institutos se divide en tres frentes clave: Deficiencias
de logística operativa local, gestión y desigualdad presupuestal, y fugas por corrupción
y falta de control interno
En el primer caso, aunque el esquema centralizado del
gobierno federal define qué y cuánto se compra, el IMSS y el ISSSTE controlan
la gestión de la última milla, pero muestran fallas crónicas en planeación e
inventario diario de sus clínicas, provocando desfases entre el medicamento que
reportan “en papel” y existencias reales en los anaqueles.
Los
reportes de colectivos de salud señalan que ambas dependencias subestimaron la
complejidad de los canales de acceso y distribución interna.
Como
segundo frente, se incluye su gestión y desigualdad presupuestal, ya que, históricamente,
ambos operan bajo condiciones de asignación desigual de recursos. Pese a contar
con presupuestos por consulta significativamente más altos que la Secretaría de
Salud, su falta de optimización de gasto administrativo y atropellados cambios
en procesos de adquisición pública diluyen la eficiencia de sus fondos
disponibles para fármacos.
Por
último, las autoridades han documentado casos graves de sustracción ilícita y
robo de insumos cometidos por personal en las propias unidades médicas del IMSS
y el ISSSTE, donde su debilidad en mecanismos de auditoría interna facilita que
costosos medicamentos o de alta especialidad -como los oncológicos- terminen en
el “mercado negro” o se pierdan por caducidad antes de llegar al paciente.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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