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¡Baño de sangre femenina en Cancún!


                                      Por Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Convertido en polémico tema de Quintana Roo tras el violento asesinato de siete mujeres este año en la ciudad de Cancún, el feminicidio se convirtió en materia de análisis obligado ante la aparente sicosis que despertaron esos crímenes, dos de los cuales -ante la fuerte presión social- parecen haber sido finalmente resueltos por la Policía Judicial del Estado.
Ampliamente documentado por Noticaribe, los únicos casos que se habrían resuelto son los de Abril Alejandra López Valencia y Paloma Guadalupe Balam Poot, aunque sólo el primero con detenido -un capitalino (Israel Castillo Ríos o “César N”), de 29 años-, mientras que en el segundo, sigue prófugo el presunto responsable, Néstor Orlando Cel Carrillo.
Respecto al homicidio de María Karen Carrasco Castilla, existe una supuesta línea de investigación, mientras que en el de la niña María Fernanda Vargas Sánchez, se cuenta con el retrato hablado del presunto asesino. En los demás asesinatos no hay mayores avances.
Conforme a Noticaribe, el primer, sonado crimen de mujeres de este año en Cancún ocurrió en febrero, contra Rosa Margarita Pérez Oliva -de 52 años de edad-, quien sufrió 30 puñaladas en un predio de la Región 94, tras lo cual el 15 de abril se sumó el de María Fernanda, de 13 años, en un área verde de la Región 251 del fraccionamiento Paseos del Mar.
La menor, violada y estrangulada, recibió varias heridas de arma blanca, al parecer un picahielos, y aunque la Procuraduría de Justicia difundió un retrato hablado del presunto homicida, éste permanece prófugo.
El 11 de junio una mujer hasta hoy no identificada, cuyo cadáver apareció al final de la Zona Hotelera, con huellas de haber sido violada y estrangulada, fue la siguiente víctima, mientras que el 18 de octubre, en un cuarto caso, Rebeca Rivera fue hallada semidesnuda en la Región 251, con huellas de golpes y estrangulamiento.
Ocho días después, la universitaria María Karen Carrasco apareció violada y asesinada a golpes con una piedra en un área verde de la Región 217, en un quinto caso que despertó la ola de indignación ciudadana y provocó una marcha de más de cinco mil personas para exigir justicia.
El siguiente, sexto caso, fue de Paloma Guadalupe Balam, a quien apuñalaron en la espalda y abdomen y degollaron en el fraccionamiento Villas del Mar III. Su supuesto asesino, Cel Carrillo, un ex policía municipal de Benito Juárez, era su marido.
Finalmente, el 2 de noviembre apareció el cadáver de Abril Alejandra López Valencia en la Zona Hotelera, a la altura del kilómetro 17, cuyo cadáver mostraba huellas de violencia, aunque se señala a su ex pareja como presunto responsable.
Ahora bien, ante estos lamentables crímenes, que decretaron el fin de las aspiraciones políticas del alcalde Paul Carrillo de Cáceres, quien buscaba la gubernatura por el PRI, la exigencia de la sociedad es una mayor seguridad y mejor investigación, aunque matizaron al principal polo de desarrollo turístico de Quintana Roo como entidad característica de feminicidios.
No obstante, mientras las autoridades sólo atinaban a hacer un llamado a no politizar los hechos, el presidente del Colegio de Abogados en Quintana Roo, Alejandro Betancourt Pérez, aclaró que esas muertes violentas de mujeres no pueden ser declaradas legalmente como feminicidios.
Explicó que el término solo se utilizaría, conforme a la ley, hasta ser detenido el responsable y sometido a una serie de estudios que demuestren que sólo ataca a mujeres, por lo que mientras esto no ocurra, sólo se considerará el delito como homicidio grave.
Lo cierto es que el término feminicidio o “femicidio” es un neologismo creado en la traducción del vocablo inglés femicide, que se refiere al asesinato de mujeres por razones de género que, entre otros, se incluye en la esfera de violencia contra la mujer.
Existen otros casos, como la mala o falta de atención médica durante el embarazo o el parto, que pueden acarrear la muerte de la madre: En China e India esos casos se dan en 120 hombres por cada 100 mujeres. Sumado al aborto selectivo, el femicidio también toma la forma de infanticidio, y la violencia contra la mujer en algún estado de su vida.
El término femicide se usó por primera vez en 1976 ante el Tribunal Internacional sobre los Crímenes contra la Mujer en Bruselas, para definir las formas de violencia extrema contra la mujer, aunque en 1990 se redefinió como “el asesinato de mujeres por hombres motivado por odio, desprecio, placer o sentido de posesión hacia las mujeres”.
Las investigadoras Russell y Caputi visibilizaron que los motivos por los que históricamente se han asesinado personas por su raza, nacionalidad, religión, origen étnico u orientación sexual, son los mismos por los que se asesina a las mujeres, por lo que marcaron el femicide como crimen de odio.
Según el Observatorio Ciudadano Nacional sobre el Feminicidio, éste se refiere al asesinato de mujeres por parte de hombres tan sólo por ser mujeres. La misoginia motiva feminicidios por implicar desprecio y odio a las mujeres; y el sexismo, porque sus asesinos se sienten superiores a ellas, y que tienen derecho de terminar con sus vidas, o bien  por suponer propiedad sobre ellas.
El feminicidio incluye una serie de actos violentos, como maltrato emocional y psicológico; golpes, insultos, tortura, violación, prostitución, acoso sexual, abuso infantil, infanticidio de niñas, mutilaciones genitales, violencia doméstica y toda política que derive en la muerte de las mujeres…, tolerados por el Estado.
Pero además, tiene una serie de diferencias con el homicidio, pues en éste la vida es el bien tutelado y es instantáneo, por lo que son excepcionales las acciones previas a su comisión; la víctima no requiere calidad específica del sujeto activo o pasivo.
El homicidio calificado se requiere un análisis de las calificativas -alevosía, premeditación y ventaja-, que contienen elementos subjetivos que quedan a la interpretación del juzgador, además de que se parte de la premisa de poder ser doloso o culposo, es decir, de la voluntad del sujeto activo para acreditar la conducta.
Por su parte, en el feminicidio los bienes jurídicos que se tutelan son, además de la vida, dignidad e integridad, entre otros. El delito se configura una vez que se priva de la vida a una mujer y se actualiza una de las hipótesis que se puede generar antes o después del suceso.
Además, el sujeto pasivo tiene como calidad específica ser mujer, y para acreditar la hipótesis que lo acredita no se requiere de medios comisivos, pues las razones de género no lo son, en tanto se requieren una o varias conductas, la última de ellas la privación de la vida o viceversa. En sí, es un delito doloso por las conductas realizadas y bienes jurídicos tutelados diversos.
En síntesis, Quintana Roo no padece feminicidio, que no se trata de una “medallita” para las autoridades, y sí afecta la imagen turística del destino, una de las principales fuentes de trabajo y de divisas “frescas” del país, y de ahí nuestro más elevado reclamo al gobierno priísta de Paul Carrillo, más preocupado por su imagen política que por la seguridad pública de esa ciudad que lo “eligió” como su gobernante.
Es cierto que la Procuraduría de Justicia es responsable en gran medida de la impunidad de los crímenes, aunque más responsable aun es la Dirección de Seguridad Pública Municipal por no evitarlos, sobre todo cuando que su principal tarea debiera ser precisamente la prevención de delitos, y no de estar pendientes de los vehículos a cuyos conductores puedan “bajarles” una lana.
Ahora bien, el nuevo sistema penal acusatorio al que se enfrentará el Ministerio Público para demostrar la responsabilidad del presunto responsable detenido -y de los que pudieran caer, de persistir la presión ciudadana- será el principal reto del procurador Carlos Álvarez Escalera para evitar las sospechas sobre los típicos “chivos expiatorios”, que se vuelven culpables, irónicamente, con apoyo de medios de comunicación.
Al fin de cuentas, ¿es más grave el homicidio de una mujer que el de un hombre? ¿Acaso no tienen el mismo valor ambas vidas? ¿Entonces por qué insistir en querernos “adornar” con vivir en un Estado feminicida, y no insistir en exigir mayores y mejores resultados ante cualquier asesinato?
¡También los padres, familiares y amigos de varones asesinados tienen derecho al esclarecimiento de las muertes de sus seres queridos!

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con la cita del nombre de su autor)

*Luis Angel Cabañas Basulto, periodista yucateco residente de Chetumal, Quintana Roo, con más de 38 años de trayectoria como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de diversos medios de información, también ha fungido como Jefe de Información de dos gobernadores y tres presidentes municipales, y publicado tres libros.

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