¡Persecución de prensa a AMLO, “comprensible”!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
El sexenio del
priísta Peña Nieto (2013-2018) tuvo el mayor gasto en comunicación
en la historia de México, 60,237
millones de pesos, lo que disminuyó 78% con
su sucesor López Obrador (2018-2024), con sólo 14 mil 500 millones, lo que es razón suficiente para
entender la persecución y ataques de la mayoría de los medios de información
contra el fundador de Morena.
Por si fuera poco, la tendencia de AMLO en
materia de esos gastos, se mantiene con su sucesora Claudia
Sheinbaum, quien sostiene la línea presupuestaria baja, a
grado tal que, en su primer año de gestión, la erogación en partidas federales por
publicidad oficial fue de 4,436
millones de pesos.
Y
vaya que la mayoría de medios tiene “suficientes motivos” para cuestionar una y
otra vez de cualquier modo, sobre todo cuando recordamos que, en mayo de 2019, la
Presidencia de la República entregó al INAI un listado con registros de
contratos de publicidad oficial y comunicación otorgados a 36 personas físicas
y morales (periodistas y empresas) con Peña Nieto.
En
el listado, aparece con el monto más alto Joaquín López Dóriga, con más de
251.4 millones de pesos; en segundo sitio, Federico Arreola-Periódico Digital
Sendero, con 153.5 millones; y en tercero, Enrique Krauze -Clío y la
revista Letras Libres, con 144.1 millones.
Después
de ellos, Óscar Mario Beteta, 74.5 millones de pesos; Beatriz Pagés, 57.4
millones; Callo de Hacha, 47.3 millones; Raymundo Rivapalacio, 31.1 millones;
Ricardo Alemán; 25.8 millones; Adela Micha, 24.3 millones, y Luis Soto, 23.6
millones.
Les
siguen Pablo Hiriart, 22.1 millones de pesos; Jorge Fernández Menéndez,
19.5 millones; Rafael Cardona, 15.8 millones; Roberto Rock, 15.8 millones;
Francisco García Davish, agencia Quadratin, 14.3 millones; Eunice Ortega, 10.6
millones, y Maru Rojas, 9.5 millones.
Por
último, aparecen Guillermo Ochoa, 8.1 millones de pesos; Animal
Político, 7.7 millones; Eduardo Ruiz Healy, 4.2 millones, y Nino Canún,
1.6 millones de pesos.
Tan sólo en el caso de Sergio Sarmiento, el
periodista Ricardo Sevilla publicó una investigación en la que documenta
presuntos pagos realizados en gobiernos anteriores, por conferencias de las
que, según la investigación, no existirían evidencias de su realización.
Entre sus datos, Sevilla dice que, en mayo de 2007,
cuando Josefina Vázquez Mota era titular de la SEP, se autorizó un pago de más
de 1.1 millones de pesos a Sarmiento por una conferencia para el INEA, pero no
se encontraron pruebas documentales de que hubiera impartido.
Asimismo, señala que, años después, durante la
gestión de Esteban Moctezuma Barragán al frente de la SEP, Sarmiento recibió 34
mil 800 pesos mediante el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación,
como parte de una relación cercana entre comunicador y funcionarios del sector
educativo.
En
total, la lista con “chayoteros” desglosa - entre 2013 y 2018- un gasto de más
de 1,011.8 millones de pesos, apenas 1% de lo que gastó Peña Nieto en 2017 en publicidad oficial, con
11 mil 240 millones.
No
obstante, en la lista difundida, no aparecieron las televisoras Grupo Televisa
ni TV Azteca, que recibieron 26.9% de la publicidad oficial, ni los diarios El
Universal, Excélsior, Milenio y Reforma, de los principales proveedores en
ese sexenio, según informe de Gobernación.
En
total, entre 2013 y 2017, el total del gasto en publicidad oficial ascendió a
50 mil 862 millones de pesos, esto es 23 mil 410 millones de pesos más de lo
aprobado inicialmente por el Congreso de la Unión, según análisis de
Fundar, aunque, en su último año, Peña Nieto gastó 449% más de lo programado en
comunicación social.
El
presupuesto aprobado para todas las secretarías de Estado a comunicación social
durante 2018 fue mil 160 millones de pesos, pero el PRI gastó más de 6 mil 373
millones de pesos, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) en
su análisis del gasto de la cuenta pública.
Sobre
el particular, varios aclararon públicamente que los montos no correspondían a
ingresos personales directos (salarios o sobresueldos), sino a pagos facturados
por concepto de publicidad institucional, inserciones y campañas de difusión
gubernamental prestados por sus empresas o medios de comunicación.
Sin
embargo, el significado de la lista tiene dos lecturas fundamentales, una
institucional y legal, y otra política y de percepción pública. En su
significado técnico, el de publicidad oficial, en términos legales y
comerciales, estos montos corresponden a contratos de publicidad oficial.
Como
servicio comercial, el gobierno de Peña Nieto contrató espacios (comerciales,
banners, inserciones en revistas o programas de radio) en los medios de estos
periodistas para difundir campañas gubernamentales en materia de salud,
educación, turismo, por ejemplo.
En
este sentido, como ingresos empresariales, la gran mayoría de estos recursos no
fueron salarios directos para periodistas, sino ingresos destinados a sus
empresas productoras, revistas o portales de noticias para pagar nóminas,
producción y operación técnica.
Su
significado político. Desde luego, es el control de la línea editorial, por lo
que el trasfondo crítico de la lista -y la razón por la que el gobierno de
López Obrador la hizo pública en 2019- radica en el uso de publicidad oficial
como mecanismo de control e influencia sobre la prensa.
Respecto
al “Chayote” institucionalizado, históricamente en México, se ha criticado que
los gobiernos utilicen la asignación de publicidad oficial para premiar a los
medios que hablan bien del presidente y castigar -retirando los contratos- a
los que son críticos.
Durante
el sexenio del priísta, la asignación de estos contratos no seguía criterios
claros de audiencia o impacto, sino decisiones discrecionales del gobierno, lo
que comprometía la independencia de los líderes de opinión.
Para
la opinión pública, la revelación de estas cifras millonarias afectó
severamente la credibilidad y neutralidad de los periodistas mencionados, al
quedar expuestos como dependientes del dinero del presupuesto público para
sostener sus proyectos e ingresos.
Durante
todo el sexenio de Peña Nieto, el gobierno federal gastó más de 60 mil 237
millones de pesos en publicidad oficial y, según investigaciones de
organizaciones civiles, como Artículo 19
y Fundar, este gasto histórico se caracterizó por
una serie de factores, entre ellos el sobreejercicio constante, pues su
gobierno gastó de manera sistemática mucho más dinero del que la Cámara de
Diputados le aprobaba originalmente.
En
una alta concentración, un grupo muy reducido de sólo 10 medios de comunicación
concentró 48% de toda esa bolsa multimillonaria, dejando 52% restante a
repartir entre más de 850 medios, pero, como era de esperarse, la televisión
fue el gran ganador, y que las grandes cadenas de TV abierta -sobre todo
Televisa y TV Azteca- fueron las más beneficiadas.
Los
mil millones de pesos repartidos entre los 36 comunicadores y sus empresas
particulares representaron solo una pequeña fracción del gigantesco presupuesto
que se utilizó de forma global para la difusión e imagen del gobierno federal.
Sí
las cosas, al comparar las cifras, se observa una reducción drástica en el monto total de dinero,
pero una continuidad en las prácticas
de concentración y falta de reglas claras, aunque el gasto
federal cayó de forma contundente a partir de 2019 gracias a la política de
austeridad en el sector:
No
obstante, a pesar de que el dinero total disminuyó, Artículo 19 y Fundar documentaron que el vicio de repartir de forma discrecional continuó:
Con Peña Nieto, los grandes ganadores fueron Televisa y TV-Azteca, que acapararon casi la mitad de los contratos junto con otros 8
medios masivos.
Con
AMLO, se dio un fenómeno llamado “hiperconcentración”, donde sólo tres medios de
comunicación recibieron 28% de todo el presupuesto del sexenio, donde el
diario La
Jornada se sumó a las grandes empresas
televisivas como los tres principales receptores del dinero federal.
En
tanto, con Claudia Sheinbaum, se reconfiguró la distribución hacia las grandes
televisoras, donde Televisa mantiene asignaciones importantes
y cadenas como TV Azteca
redujeron sus presupuestos en ceros
en la asignación publicitaria de su gobierno.
Un
dato relevante es que, mientras el gobierno federal redujo sus gastos
publicitarios, el fenómeno se mudó a los Estados, que hoy en día sus gobiernos acumulan más de 70% de todo el gasto
publicitario de México, como espacio donde los medios locales
siguen dependiendo enteramente de pautas de los gobernadores de todos los
partidos políticos.
El
PAN, por su parte, tampoco cantó mal las rancheras en sus dos sexenios Al
frente de la Presidencia, ya que su gasto en materia de publicidad oficial
documentó un crecimiento exponencial y sentó las bases para el sobreejercicio
presupuestal que después alcanzaría su punto máximo con Peña Nieto.
Así,
de acuerdo con la Secretaría de Gobernación y análisis de Fundar y Artículo 19, los montos totales con Vicente Fox
(2000-2006), quien sólo pudo darse el lujo de expulsar al PRI de la Presidencia
por primera ocasión en decenas de años, ascendieron en total a 16 mil 324
millones de pesos.
El
promedio anual fue de alrededor de 2 mil 720 millones de pesos al año -unos 7.5
millones de pesos diarios-, donde el año con menor inversión en medios de
comunicación fue 2001 -1,934 millones- y el más alto en 2005, previo al año
electoral, cuando alcanzó 3 mil 282 millones de pesos.
Su
sucesor, el siempre cuestionado Felipe Calderón (2006-2012), gastó en total 38
mil 725 millones de pesos, aunque algunos informes consolidados de
fiscalización estiran la cifra final hasta 39 mil 040 millones, con un promedio
anual cerca de 6 mil 454 millones, unos 18 millones diarios.
En
este sentido, gastó más del doble de Fox, lo que respondió fuertemente a
costosas campañas de difusión para promover operativos y “logros” de su “guerra
contra el narcotráfico”, así como a spots de salud e infraestructura. Por lo
que su último año de gobierno (2012) fue el más caro de su gestión, cerrando
con más de 8 mil 400 millones de pesos ejecutados.
Ambos
ex presidentes panistas fueron criticados en su momento tras auditorías
federales por implementar la práctica de “sobreejercicios masivos", es
decir, solicitar a la Cámara de Diputados un bajo presupuesto en comunicación
social y, sobre la marcha del año fiscal, transferir dinero de otras
secretarías -como Salud o Educación- para asignarlo directamente a contratos
con televisoras y radiofrecuencias.
(Permitida la copia, publicación o reproducción
total o parcial de la columna con crédito para el autor)
*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista
con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y
jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido
como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes
municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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