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¡Detecta la Federación anomalías en 6 municipios!

                                                                                              Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

Seguramente con un costo político que se reflejará en las próximas elecciones, y como prueba de falta de honestidad de gobiernos de la 4T en Quintana Roo, la Auditoría Superior de la Federación detectó irregularidades financieras por unos 428 millones de pesos en 6 municipios en obra pública, adquisiciones y arrendamientos, con afectaciones a la hacienda pública federal.

Los municipios con más observaciones son Othón P. Blanco, Cozumel, Isla Mujeres, Felipe Carrillo Puerto, Playa del Carmen y Benito Juárez, cuyos alcaldes son, respectivamente, Yensunni Martínez, José Luis Chacón Méndez, Atenea Gómez Ricalde, Maricarmen Candelaria Hernández Solís, Estefanía Mercado Ascencio y Ana Patricia Peralta, 

En el caso de OPB, la alcaldesa recién envuelta en otro escándalo, ahora por un supuesto matrimonio, está bajo observación por no cumplir la Ley General de Contabilidad Gubernamental y gastos federalizados, ya que, se sabe, en el plano estatal es solapada por el Auditor General de Quintana Roo.

A la Comuna de Cozumel, se le señalan irregularidades en manejo de recursos federales, mientras Isla Mujeres reporta observaciones financieras por solventar ante la federación, y el de Carrillo Puerto -al igual que Lázaro Cárdenas y José María Morelos-, por daños al erario.

En materia de inconsistencias en cuentas públicas, la Auditoría Superior de Quintana Roo entregó informes que destacan, sobre Playa del Carmen, inconsistencias por 174 millones de pesos en la cuenta pública de ejercicios previos y el de Benito Juárez (Cancún), observaciones por 9.2 millones, aunque reportes recientes indican que el Ayuntamiento trabaja en solventarlas.

A principios de 2025, varios ayuntamientos no habían hecho públicos sus presupuestos de egresos en el Periódico Oficial, limitando la transparencia ciudadana, en tanto cinco de ellos sostienen “pesada losa” de deuda heredada que compromete sus participaciones estatales y federales: Benito Juárez, Cozumel, Othón P. Blanco, Playa del Carmen e Isla Mujeres.

Por otro lado, el municipio de Puerto Morelos enfrenta situaciones críticas de viabilidad financiera debido a contratos irregulares por más de 832 millones de pesos vinculados a administraciones pasadas.

Como era de esperarse, el impacto político de las irregularidades de las finanzas en Quintana Roo se manifiesta en una crisis de confianza hacia las administraciones locales -predominantemente de Morena y aliados- y en un endurecimiento del discurso de los partidos de oposición de cara a los próximos ciclos electorales de 2027.

Dado que la mayoría de los municipios bajo observación -como Othón P. Blanco, Cozumel y Felipe Carrillo Puerto- son gobernados por la coalición oficialista, las irregularidades detectadas por la Auditoría Superior de la Federación contradicen la narrativa de “cero corrupción” en Morena.

Por señalamientos directos, alcaldesas como Yensunni Martínez enfrentan críticas directas por quebrantos financieros que superan 35 millones de pesos en su gestión, aunque, en su defensa, Morena suele responder calificando estas acusaciones como “campañas millonarias y mentirosas” de la oposición para desprestigiar su movimiento.

Sin embargo, con todo, la oposición -PAN, PRI, MC-, con justa razón, utiliza los informes de la ASEQROO y la ASF como bandera política para cuestionar la transparencia estatal, sobre la que se denuncia “instrumentalización de recursos” -como el agua potable o programas sociales- para obtener ganancias políticas o favorecer a grupos específicos.

Por su lado, el debate legislativo del Congreso del Estado, con la aprobación de cuentas públicas con montos pendientes de aclarar, genera constantes enfrentamientos entre los bloques parlamentarios, pese a que la recurrencia de estas fallas administrativas afecta directamente la percepción de nula eficiencia del gobierno Verde de Mara Lezama:

Así, Quintana Roo es evaluado como uno de los Estados con peor desempeño en gestión pública nacional, lo que genera descontento social.

En lo que respecta al riesgo de inviabilidad, el impacto financiero de deudas e irregularidades heredadas -como las de Puerto Morelos y Solidaridad- limita la capacidad de los nuevos alcaldes para cumplir promesas de campaña, aumentando el riesgo de castigo electoral en 2027.

Aunque el “saqueo” se percibe a menudo sin castigo inmediato, el impacto político se traduce en procesos de responsabilidad: Existen expedientes abiertos en el Tribunal de Justicia Administrativa contra ex funcionarios, lo que serviría como herramienta de “limpieza política” para nuevas administraciones.

Empero, aunque en forma tardía, la Secretaría de la Contraloría (Secoes) ha denunciado omisiones que permitieron la prescripción de plazos legales para recuperar miles de millones de pesos de administraciones pasadas -como la de Roberto Borge-, ya que alimenta la percepción de impunidad.

Hasta ahí el impacto político de las irregularidades financieras, ya que su impacto social se traduce en una degradación directa de la calidad de vida de sus habitantes, con deficientes servicios básicos y un clima de malestar civil.

Por ejemplo, en materia de deficiencia en servicios públicos y salud, donde el desvío o mala administración de recursos federales y locales impacta las necesidades más elementales de la población, y en infraestructura urbana, gran parte del presupuesto municipal se destina a mantenimiento reactivo -como bacheo-, en lugar de inversión preventiva, y perpetúa el mal estado de calles.

En crisis hídrica y sanitaria, se reporta desvíos de fondos en organismos como la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado por más de 20 millones de pesos, lo que pone en riesgo el acceso al agua dulce y la gestión de residuos, aumentando el riesgo de plagas y enfermedades diarreicas.

Otro impacto es la erosión de la confianza y percepción de corrupción, ya que la brecha entre los recursos asignados y las obras visibles genera un fenómeno de desafección social, con una alta percepción de corrupción que, en Quintana Roo, la de corrupción de servidores públicos alcanza 84%, cifra significativamente superior a la media nacional de 71.5%.

Lamentablemente, existe una aparente “normalización” del fenómeno, al grado tal que casi 9 de cada 10 ciudadanos consideran que la corrupción es una práctica frecuente, lo que debilita el tejido social y la disposición a participar en procesos cívicos.

La falta de respuesta a demandas básicas ha derivado en un aumento de la actividad de grupos civiles y sectores laborales con movilizaciones por derechos, pue se registran protestas constantes de grupos, como de Madres Buscadoras en Chetumal, y maestros que exigen mejoras en sus prestaciones y condiciones laborales ante la opacidad en el manejo de recursos.

También existen conflictos por recursos naturales, donde campesinos y ganaderos han realizado bloqueos y protestas en Bacalar contra reformas que limitan el acceso al agua, exacerbando la tensión entre el sector productivo y el gobierno municipal.

Aunque Quintana Roo genera empleos formales, 43.5% de sus trabajadores carece de prestaciones, toda vez que cuando los municipios no invierten correctamente en seguridad y servicios, este sector es el primero en sufrir la falta de redes de protección social, profundizando la desigualdad en los destinos turístico.

En este sentido, las irregularidades financieras en Quintana Roo tienen efectos críticos en seguridad y bienestar social, sectores que el presupuesto estatal de 2026 intenta blindar con una inversión proyectada de más de 53,981 millones de pesos, aunque la brecha entre los recursos asignados y su ejecución real genera varios impactos.

Uno de ellos es el debilitamiento institucional de la Seguridad Pública: La falta de transparencia y el manejo inadecuado de recursos federales -como el Ramo 33- impactan directamente la capacidad de respuesta de los municipios, mientras que en municipios con crisis financiera como OPB, la inestabilidad administrativa ha llevado al cambio de hasta cinco directores en su Dirección e Seguridad en un solo trienio, afectando la continuidad de estrategias.

El desvío de fondos deja a las corporaciones mal equipadas y vulnerables ante el crimen organizado, lo que mina la moral de las tropas y reduce la eficacia operativa.

Respecto a la percepción de inseguridad, hoy por hoy 79.9% de la población de Quintana Roo considera inseguro al Estado, donde la falta de inversión en patrullajes y tecnología preventiva alimenta el miedo y la desconfianza ciudadana y, aunque existe un esfuerzo por elevar el sueldo policial a 18 mil pesos mensuales a fines de 2025, las deudas municipales heredadas arriesgan la sostenibilidad de estas mejoras laborales a largo plazo.

Pese a el Paquete Fiscal 2026 prioriza “justicia social”, las irregularidades detectadas generan barreras para los más vulnerables por desvío de recursos para el bienestar, donde se investigan posibles desvíos de hasta 170 millones de pesos en municipios como Solidaridad, afectando fondos que debían solventar necesidades sociales.

Respecto al clientelismo y fraudes, la opacidad facilita intentos de fraude donde se condiciona el registro a programas sociales o se simula la entrega de beneficios, afectando la integridad de los sistemas de protección social.

En tanto, el alto costo de la deuda pública y las observaciones financieras desplazan el gasto en áreas críticas como salud y educación, afectando desproporcionadamente a mujeres, migrantes y trabajadores informales, que representan 43.5% de la fuerza laboral de Quintana Roo.

La percepción de que los recursos destinados a “bienestar” terminan en actos de corrupción, genera un sentimiento de abandono, y su impacto subjetivo es una sociedad fracturada que evita la cooperación con las instituciones de seguridad por miedo a la colusión oficial.

Por último, existe una marcada desigualdad en centros turísticos como Cancún, donde la mala administración profundiza la disparidad entre las zonas de lujo y las colonias populares que carecen de servicios básicos, fomentando resentimiento social y vulnerabilidad ante el reclutamiento delictivo.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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