Imoveqroo, ¡costoso “lujo” de la gobernadora!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Gris
herencia del malogrado sexenio de Carlos Joaquín, el Instituto de Movilidad de
Quintana Roo (Imoveqroo) se debate ahora frente a graves señalamientos en el
gobierno Verde de Mara Lezama, con un director yucateco, Rafael Hernández Kotasek, con esquemas de corrupción, a través
de una red de cobros, “mochadas” y extorsiones con operadores cercanos.
Con
una serie de inspectores, semejante a los de la Cofepris de SESA, el Instituto nació
tras del Decreto Creación de la Ley de Movilidad del 14 de junio de 2018 para
regular transporte público, vialidad, y expedir licencias de conducir físicas y
digitales.
Sus
trámites son las licencias, tras cuyo paso presencial, entrega automáticamente
versiones física y digital; permisos para altas, bajas y revista vehicular
orientadas al transporte público, privado y vehículos de plataformas, y credencialización
gratuita para acceder a tarifas sociales preferenciales de transporte a estudiantes,
adultos mayores y personas con discapacidad.
Sumamente
polémico desde su creación, aunque nació con el objeto de modernizar y poner
orden vial, opinión pública, transportistas y usuarios lo cuestionan con dureza
por sospechas de corrupción, ineficacia operativa y un enfoque marcadamente
recaudatorio.
Sus
principales fallas y puntos de fricción social son su trato preferente a
sindicatos de taxistas frente a plataformas digitales, corrupción interna y falsas
redes de “licencias exprés”; enfoque recaudatorio “caja chica” y extorsión de
inspectores; incapacidad para regular el transporte público tradicional; y conflictos
políticos en regular mototaxis.
En
efecto, ciudadanos y operadores turísticos reclaman de manera constante mostrarse
tibio o inoperante ante agresiones físicas, bloqueos de vías y emboscadas del sindicato
taxista contra choferes y usuarios de aplicaciones como Uber.
En
una muestra de falta de mano firme, aunque la ley lo faculta para retirar
concesiones ante conductas delictivas, la percepción es que actúa tarde o sólo
cuando el impacto mediático de ataques es insostenible.
Otra
falla es que se han destapado y denunciado redes de corrupción interna, de
trabajadores del propio Instituto de forma clandestina, con la trampa de cobrar
cuotas de hasta 1,800 pesos por evitar filas y exámenes, entregando documentos
físicamente idénticos, pero sin validez, pues no se registraban en el sistema
oficial.
Sobre
su “caja chica”, inspectores de movilidad son frecuentemente señalados por “cazar”
y detener a ciudadanos comunes en camionetas pick-up particulares. Se les exige
costoso e inusual “permiso de transporte de carga”, aunque lleven herramientas
de trabajo o mudanzas personales.
Además,
conductores acusan operativos viales opacos, donde los inspectores exigen
sobornos o “mochadas” de entre 3 mil y 5 mil pesos bajo amenaza de retirarles
las placas físicas o confiscar el automóvil con grúas.
Sobre
su incapacidad para regular, mientras presiona con multas severas al transporte
privado o digital, la población critica que unidades colectivas urbanas operan
con sobrecupo, a exceso de velocidad, bajo pésimas condiciones de higiene y
choferes que compiten peligrosamente por pasaje en rutas clave.
Además,
se denuncia de manera persistente que el Instituto no tiene control efectivo
sobre los cobros ilegales o aumentos arbitrarios de tarifas que aplican
unilateralmente operadores de combis y taxis en detrimento del bolsillo del
usuario.
Por
último, fracasó su intento de unificar criterios legales en las zonas centro y
sur de Quintana Roo -como en José María Morelos y Cozumel-, lo que genera
constantes marchas, protestas y rechazo de decenas de cooperativas de
mototaxistas que acusan al proceso de ordenamiento de falta de certeza jurídica
real.
El
caso es que, desde su concepción y durante su primer año, el Instituto enfrentó
duras críticas y cuestionamientos, ya que, entre otros, que nació “atado de
manos” frente al monopolio, por lo que se le acusó de ser una ley redactada a
modo y bajo presión del poderoso Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”.
Desde
2018, “su” ley fundacional catalogó el servicio de plataformas digitales, como
Uber, como modelo de concesión pública, lo que las obligaba legalmente a operar
con las mismas limitantes que taxi tradicional, lo que se interpretó como
bloqueo deliberado de gobierno para proteger el monopolio de sindicatos.
Con
falta de solidez jurídica, apenas arrancó se sumergió en una parálisis
regulatoria porque empresas como Uber promovieron y ganaron amparos definitivos
contra su ley, pues, según los tribunales, el transporte por aplicación es
estrictamente privado entre particulares, evidenciando que el marco legal
original del Instituto es inconstitucional y desproporcionado.
En
un conflicto de competencias municipios como Playa del Carmen cuestionaron su
nacimiento por violar su autonomía consagrada en el artículo 115 constitucional
porque centralizó facultades de emitir permisos de carga, regular vialidades
locales y operar ordenamiento de tránsito público, atribuciones que
históricamente pertenecían a las direcciones de tránsito municipal y provocó
pugnas políticas y controversias ante la Corte por el control del dinero
recaudado de multas y permisos.
Ahora
bien, a nivel personal e institucional, los señalamientos más recurrentes hacia
Hernández Kotasek son la operación de esquemas ilegales de recaudación y fallos
de control administrativo, ya que lo acusan directamente de implementar una red de corrupción camuflada en operativos de “revisión”.
Además,
ciudadanos lo denunciaron en audiencias públicas de imponer “cuotas” informales
de entre 5 mil a 40 mil pesos para liberar o permitir circular vehículos
particulares, camiones de carga y transporte de pasajeros, calificándolos como esquemas de extorsión institucional.
Asimismo,
se le cuestiona aplicar criterios selectivos y “doble discurso” en crisis
internas: Mientras despide de inmediato a empleados de bajo rango por conductas virales
en redes sociales para proteger la imagen del Instituto, no investiga abusos
graves de sus inspectores en retenes.
En
comparecencias públicas, lo acusaron de permitir manipular padrones de sindicatos, específicamente por
no actuar frente a la supuesta inyección de concesiones y permisos emitidos de
forma irregular antes de concluir administraciones pasadas, lo que aviva la
sospecha de complicidad interna.
Por
si fuera poco, se le cuestiona falta de coordinación en trámites esenciales, como
ejemplo reciente su rediseño de licencias de conducir, que provocó desorden porque
se notificó a las direcciones de tránsito locales, y causó que policías
municipales confundieran y desconocieran la validez de los plásticos oficiales
que portaban los guiadores.
Hernández
Kotasek tiene un perfil técnico y especializado principalmente en economía,
planeación pública y modernización de sistemas de transporte urbano, y llegó al
Instituto en enero de 2025 con Mara Lezama, como apuesta para reformar
profundamente la movilidad estatal.
Antes
de asumir la dirección, fue director del Instituto de Movilidad y Desarrollo
Urbano Territorial de Yucatán y luego titular de la Agencia de Transporte
durante el gobierno del panista Mauricio Vila Dosal.
Pese
a que se elogió su gestión por la modernización del sistema de transporte
público Va-y-Ven, su salida de Yucatán y su paso por esos cargos estuvieron
acompañados de fuertes controversias mediáticas, políticas y sociales, entre
ellas auditorías por malos manejos y facturas “fantasma”
Resulta
que, tras el cambio de gobierno en Yucatán hacia el de Joaquín Díaz Mena, se
reportó que la Agencia de Transporte fue sometida a auditorías financieras.
Fuentes periodísticas señalaron desvíos millonarios y uso de facturas fantasma
en el presupuesto destinado a modernizar el transporte. Se difundió ampliamente
que negoció su salida institucional en medio de estas revisiones antes de
mudarse a Quintana Roo.
También
tuvo acusaciones de negocios privados con recursos públicos: Su proyecto
insignia de transporte masivo fue severamente cuestionado por agrupaciones
civiles y partidos de oposición debido a su modelo de financiamiento.
Así,
se le criticó de estructurar licitaciones opacas para favorecer a consorcios
específicos de transporte, acusándolo de crear una red de negocios privados
multimillonarios alrededor de una infraestructura financiada con fondos y
subsidios eminentemente públicos.
Otra
más, fue red de cobros y extorsiones con operadores cercanos, Se le vinculó de
manera indirecta con malas prácticas operativas a través de colaboradores de
mayor confianza en la dirección de transporte. Reportes de prensa acusaron a su
principal operador operativo, Alejandro González Poveda, del trabajo “sucio”,
que incluía cobro de extorsiones a transportistas locales e irregularidades en
la asignación y venta de concesiones de rutas.
Asimismo,
se le imputan choques y opacidad con empresarios transportistas tradicionales,
toda vez que su modelo centralizado provocó fracturas profundas con el sector
del transporte preexistente en Mérida.
En
este sentido, concesionarios tradicionales reclamaron constantemente severa
opacidad en toma de decisiones. Lo acusaron de desplazarlos arbitrariamente de
rutas comerciales más rentables de la zona metropolitana para abrirle paso a
grandes corporativos, ignorando derechos de antigüedad de choferes locales y
negándose a abrir mesas de diálogo transparentes.
A
final de cuentas, la llegada de Hernández Kotasek al gobierno de Mara Lezama
responde a recomendación de Vila Dosal y a la sólida alianza del primero con
consorcios empresariales de la industria automotriz y transporte.
Su
perfil técnico y político se promovió bajo argumentos y conexiones clave,
primero la recomendación de Mauricio Vila, pues, a pesar de provenir de un partido
político distinto, Mara sostuvo con él una relación de estrecha coordinación en
proyectos regionales como Tren Maya.
Como
carta de presentación, Mauricio Vila promovió activamente a Hernández Kotasek
como cerebro técnico detrás del sistema de transporte masivo Va-y-Ven de
Mérida, como único funcionario en la península con capacidad probada de
negociar y “sentar en la mesa” a los sindicatos de transportistas más radicales
para modernizar el servicio.
Su
incorporación la impulsaron fuertemente armadoras y proveedoras de autobuses, como
las que fabrican unidades eléctricas que operan en el Estado. Las compañías
necesitaban un operador en Quintana Roo que supiera replicar el modelo de
negocios de Yucatán, estructurando licitaciones, fideicomisos públicos y proyectos
de transporte masivo financiados por el Estado, lo que facilitó su aceptación con
Mara Lezama.
Por
otro lado, la mandataria enfrentaba crisis de movilidad insostenible por el
rezago e inoperancia de los directores previos, que solían estar coludidos o
intimidados por el sindicato de taxistas.
Así,
traer a un funcionario fuereño a Quintana Roo fue estrategia para colocar un
perfil técnico sin compromisos políticos previos ni deudas de campaña con
líderes taxistas del Estado, lo que le permitiría ejecutar agresivos planes de
reordenamiento con menor margen de chantaje local… ¡pero a qué precio!
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

Comentarios
Publicar un comentario