¡Solapan inconstitucional cateo de Fiscalía a bares!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Totalmente irregular y violatorio a la Constitución, pero solapado por las “autoridades”, principalmente por la gobernadora Verde, Mara Lezama, siguen los cuestionados cateos y clausuras
de agentes de la Fiscalía Especializada en Combate al Delito de
Narcomenudeo y uniformados en bares y restaurantes, con el pretexto de buscar
droga, cuando lo que también buscan es dinero para reabrir los negocios y una “cuota”
mensual.
Y
es que, como se sabe, la dependencia depende
directamente de la Fiscalía General, de la que es titular el consentido de Mara Lezama, es
decir Raciel López Salazar, aunque el nombre de quien está a cargo de Narcomenudeo, no se da a conocer
“por estrictas políticas estrictas de seguridad institucional y protección de
datos para personal que combate delitos de alto impacto” … o porque temen ser
denunciados públicamente.
Con ese método, aunque parezca increíble se
han clausurado todos esos negocios en el municipio de José María Morelos, supuestamente
por haber “encontrado” droga, aunque, con la misma propuesta para sus sueños: Dinero
para reabrir, unos 100 mil pesos por cada bar, y una cuota mensual de más de 10
mil pesos.
El
tema de denuncias por extorsión, cobro de piso y siembra de drogas en bares de
Quintana Roo representan un problema complejo donde se cruzan operaciones
criminales de grupos dedicados al narcomenudeo con acusaciones, normalmente
ciertas, de abuso de autoridad y corrupción por parte de quienes se ostentan “servidores
públicos”.
Mientras
que empresarios y colectivos locales aseguran ser falsos los operativos y “siembran”
marihuana u otra droga que usa la Fiscalía como herramientas de extorsión
institucional, las carpetas oficiales de la dependencia atribuyen la mayoría de
estos cobros de cuotas mensuales a células delictivas desarticuladas en zonas
turísticas como Cancún y Playa del Carmen.
Sin
embargo, mientras son peras o manzanas, los cateos a negocios, como bares y
restaurantes, sin una orden judicial, son ilegales e inconstitucionales en
México, según el artículo 16 de la Constitución, que establece de forma
estricta que nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio,
papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de autoridad
competente que funde y motive la causa legal del procedimiento.
Las
únicas excepciones legales -donde no se necesita esa orden- figuran en el
Código Nacional de Procedimientos Penales, que sólo contempla dos escenarios
específicos donde autoridades de la Fiscalía o la policía pueden ingresar a un
inmueble comercial o privado sin una orden judicial previa.
Uno
de ellos es la flagrancia, es decir, cuando se está cometiendo un delito grave
en ese preciso momento en el establecimiento y la policía ingresa para detener
al delincuente o proteger a la víctima, y cuando el propietario, encargado
legal o persona que tiene posesión legítima del lugar, autoriza el ingreso de
agentes en forma expresa y voluntaria.
Con
todo, es común en las autoridades intentar confundir cateo con inspección,
aunque es vital conocer las diferencias para detectar una irregularidad, la
primera en inspecciones administrativas, donde autoridades como Cofepris,
Protección Civil o Fiscalización municipal, pueden revisar un negocio sin orden
judicial, pero sólo para verificar reglamentos -permisos de alcohol, salidas de
emergencia, condiciones sanitarias-, pero sin facultad legal para buscar drogas
ni revisar cajones.
Por
su lado, agentes de seguridad pública pueden realizar “inspecciones” en lugares
públicos, pero un negocio -aunque tenga acceso al público- tiene áreas privadas
(oficinas, bodegas, detrás de la barra) protegidas por el derecho a
inviolabilidad de domicilio. Si los agentes ministeriales ingresan a estas
áreas a buscar objetos del delito sin orden de un juez, están cometiendo un
acto ilegal.
Así,
un cateo ilegal conlleva consecuencias jurídicas si la Fiscalía lo hace sin
orden judicial -como ocurre ahora- y, supuestamente, “encuentra” mariguana u
otros objetos delictivos, ya que el efecto corruptor es que todas las pruebas
obtenidas en ese operativo quedan totalmente anuladas.
Otra
consecuencia es la de prueba ilícita que, al ser obtenida violando los derechos
humanos, carece de valor legal para sostener una clausura o un proceso penal,
lo que permite a los abogados de dueños del negocio ganar amparos de forma
inmediata para reabrir el negocio.
Ahora
bien, determinar si la persistencia de estas conductas ilegales en bares es por
falta de voluntad política, es tema de debate público en Quintana Roo, donde
coexisten acusaciones de omisión institucional con argumentos sobre las
dificultades estructurales del sistema de justicia.
En
este sentido, organizaciones ciudadanas, barras de abogados y cámaras
empresariales del sector nocturno señalan que sí existe esa falta de voluntad
política real para limpiar instituciones y uno de sus argumentos se basa en impunidad
sistemática, pues nunca se sanciona penalmente a fiscales o policías
denunciados por sembrar evidencia; los casos se archivan o terminan sólo en
suspensiones administrativas temporales.
Otro
argumento es que los mandos medios y superiores toleran estas prácticas porque
los cobros de cuotas mensuales trascienden a la estructura jerárquica,
convirtiéndose en negocio institucionalizado.
En
una inacción ante denuncias públicas, a pesar de que los sectores turísticos de
Cancún y Playa del Carmen han expuesto públicamente los nombres de los
elementos extorsionadores, son mínimos los ceses e investigaciones penales
profundas.
Por
su lado, autoridades estatales y cúpulas de las fiscalías argumentan que el
problema no es de voluntad, sino de limitaciones estructurales y operativas,
entre ellas la falta de denuncias formales, pues dicen que la mayoría de quejas
queda en redes sociales o testimonios anónimos por miedo a represalias. Sin
denuncia formal ratificada, la Fiscalía de Asuntos Internos argumenta no tener
elementos jurídicos para sostener un caso penal contra sus propios agentes.
Además,
discursos oficiales aseguran que los cuerpos policiales se enfrentan a
delincuencia organizada con alto poder corruptor, lo que dificulta el control
total de personal en zonas de alta presión delictiva como el Norte del Estado,
lo que NO es el caso de José María Morelos.
Por
si fuera poco, en procesos de depuración lentos, los controles de confianza y
los procesos de remoción de “servidores” públicos están sujetos a normativas
burocráticas estrictas; un despido injustificado o sin debido proceso permite a
malos elementos ganar juicios laborales y ser reinstalados.
Especialistas
en seguridad pública añaden que la transición de las fiscalías a organismos “autónomos”
-como de narcomenudeo- pretendía separarlas del control político del gobernador
en turno, aunque, en la práctica, esto genera a la Fiscalía General operar con gran
opacidad, donde el Ejecutivo estatal carece de facultades directas para remover
o sancionar a fiscales corruptos, trasladando esa responsabilidad exclusivamente
al Congreso o a órganos internos de control de la Fiscalía, que actúan como
juez y parte.
En
un contexto de los cateos y clausuras en el Estado, investigaciones y
comunicados de la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de Paz y Seguridad
reflejan dos realidades en el sector de entretenimiento nocturno:
La
FGE sostiene que los cateos masivos responden al combate contra el narcomenudeo
y trata de personas. Recién se reportaron detenciones de cabecillas criminales
implicados en extorsiones y agresiones armadas a bares de Playa del Carmen -como
Las Helodías,
Sergio's
y Man Ki-,
donde, según reporte oficial, que
sembraban pánico y exigían rentas mensuales simulando protección o control de
plazas.
La postura del sector comercial, de asociaciones de comercios establecidos, es que malos elementos policiacos y
ministeriales aprovechan el contexto de inseguridad para clonar estas dinámicas
delictivas para “plantar” dosis de marihuana durante inspecciones de rutina
para forzar cierres de establecimientos legítimos y condicionar su apertura al
pago de sobornos.
Como
si sirviera de algo, la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción,
ahora organismo público autónomo, cuenta con oficinas de distritos para
atención ciudadana, con centrales en Chetumal, en Circuito Campestre 18, del fraccionamiento
del mismo nombre y en avenida Adolfo López Mateos 500, colonia Italia.
De
haber sido testigo o víctima de agentes ministeriales o fiscales que siembran
sustancias ilícitas para exigir dinero, se puede denuncia ante los organismos
de control interno y fiscalías especializadas para evitar represalias en módulos
de atención de 24 horas en la Fiscalía en Cancún -avenida Xcaret esquina Kabah-
para levantar la comparecencia en la Fiscalía Especializada de Delitos
Cometidos por Servidores Públicos y Fiscalía de Asuntos Internos.
La
Fiscalía General ofrece el teléfono exclusivo 998 135 8180 para reportar extorsión
en forma segura y confidencial, mientras las denuncias de cohecho -exigencia de
cuotas mensuales para reabrir negocios- se canalizan a la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción,
o si se teme por la integridad física del propietario o de los empleados, se
puede recurrir al número nacional de denuncia anónima 089.
Por
cierto, una de las injustas medidas de la Fiscalía General, en carta a la
gobernadora Mara Lezama, la vivió el comerciante morelense Leocadio Tuyub
Kanté, propietario del bar La Terraza, ubicado en la calle Jacinto Canek entre
Chilam Balam y Miguel Hidalgo, de José María Morelos, donde tenía como
encargado a Marcos Tamay Che.
Según
le escribió a la mandataria, el 13 de junio, alrededor de las 4 o 5 de la tarde,
agentes que dijeron ser de la Fiscalía de Narcomenudeo de Chetumal -así como
patrullas municipales-, sin ninguna orden judicial, revisaron a todos los
clientes y, “por arte de magia”, apareció una bolsita que dijeron ser de
mariguana, por lo que detuvieron al encargado y colocaron sellos al negocio que
dicen “Narcomenudeo”.
Tuyub
Kanté, un ex marino originario de ese municipio, se vio obligado a gastar mucho
dinero en viajes a Chetumal para liberar a Tamay Che, aunque su negocio, por el
que paga y sigue pagando una renta mensual de 12 mil pesos mensuales, continúa “clausurado”,
ya que carece de 100 mil pesos que le exigen para reabrir, con todo y que
contaba con 7 empleados y teme porque todos sus productos en el bar estén descompuestos
por los “apagones”.
Curiosa
y “casualmente”, en todos los negocios similares de José María Morelos ocurrió exactamente
lo mismo: Aparición de mariguana y a todos sus dueños les piden lo mismo:
Dinero para reabrir y una cuota mensual de 10 mil pesos. ¿Lo sabrá la
gobernadora?
Y
nos preguntamos, ¿será que el alcalde Erik Borges Yam tiene una cabecera
municipal repleta de mariguana y tuvo que intervenir la Fiscalía General de
Raciel López para intentar controlarla? ¿Hasta cuándo continuará esta
inconstitucional “lucha” de las autoridades?
Cateos
y clausuras similares, con resultados exactamente iguales, son los que la
Fiscalía realizó en Chetumal en conocidos bares como La Isla de Tris y Benny´s,
así como en restaurantes como Los Cebollones. Por cierto, el primero de ellos fue
quemado, según malas lenguas, por venganza de inspectores por no poder cobrar
“su” dinero.
Lo
único cierto es que algo anda muy mal, ¿Será la Constitución, por no permitir los
cateos ilegales? ¿Será Mara Lezama, por seguir tolerando las cochinadas de la
Fiscalía General? O, finalmente, lo único que esté mal sea el “trabajo” de
Raciel López.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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