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¡Otra “travesura” de Mara!, ahora en cruceros

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

         Con justa razón, un amable, respetuoso lector cozumeleño puso puntos sobre “las íes” sobre el polémico impuesto de 5% que pagan cruceristas extranjeros y que, en teoría, beneficiaría a Cozumel y Mahahual, aunque resulta que, contra lo que se había anunciado, del total recaudado, el gobierno Verde de Mara Lezama, no aporta igual bajo un esquema “uno a uno”.

En efecto, originalmente, la Ley de Derechos de Quintana Roo, donde se insertó el Derecho de Pasajeros de Cruceros, consideraba en un apartado que el gobierno de Mara Lezama duplicaría el Fondo de Infraestructura Turística con cargo a su presupuesto, pero se modificó antes de entrar en vigor del cobro en 2025, por lo que se reparte netamente lo que se recauda entre esos municipios.

Lo cierto es que la discusión en torno al esquema de aportación gubernamental al Fondo de Fomento al Turismo de Cruceros de Quintana Roo ha generado importantes debates sobre el cumplimiento de los acuerdos originales entre el Gobierno del Estado y las empresas navieras.

En el original de agosto de 2024, el Gobierno de Quintana Roo y la Asociación de Cruceros de Florida y el Caribe (FCCA) firmaron un acuerdo histórico que estipulaba el cobro de 5 dólares a partir de enero de 2025. El fideicomiso inicialmente planteaba un esquema de cooperación para asegurar mejoras significativas en los puertos receptores.

Los ingresos generados por la retención de las líneas de cruceros, son formalmente 70% para infraestructura turística y seguridad, y 30% para el Fondo de Desastres Naturales, donde los principales beneficiados por el fideicomiso son precisamente Cozumel y Mahahual, aunque, en una medida controvertida, parte de lo recaudado es para Othón P. Blanco.

Sectores empresariales y oposición critican las modificaciones en las reglas de operación en el presupuesto estatal, pues, argumentan, las arcas estatales modificaron o diluyeron aportaciones directas complementarias en la práctica, dejando la carga del financiamiento principalmente en la recaudación directa del impuesto cobrado.

Con todo, pese a los reclamos sobre la transparencia del “uno a uno”, las autoridades estatales aseguran que los recursos que se proyectaron para el cobro del impuesto -entre 400 y 500 millones de pesos anuales- se mantienen etiquetados para las obras acordadas a través de comités técnicos mixtos que sólo ellas conocen.

Así las cosas, la falta de difusión y opacidad en el manejo de 700 millones de pesos que se recaudaron el año pasado para el Fideicomiso para el Bienestar del Turismo Crucerista han detonado fuertes reclamos de sectores empresariales como la Coparmex.

En este sentido, existen tres razones que explican por qué el Gobierno del Estado ha mantenido un perfil bajo sobre la distribución de este dinero: Desviación de recursos hacia zonas no portuarias como Othón P. Blanco, el incumplimiento del esquema paritario “uno a uno”, y falta de socialización y comités técnicos internos.

         En el primer caso, el acuerdo original con las navieras dictaba que los recursos debían quedarse en Cozumel y Mahahual para mitigar el impacto del turismo masivo, pero las reglas de operación modificadas permiten repartir los fondos en el municipio de Othón P. Blanco.

El gobierno ha usado el dinero para proyectos como el Barrio Mágico en Chetumal -con anuncios de más de 110 millones de pesos-, lo que provocó el rechazo directo de los empresarios de Mahahual, que exigen que el dinero se invierta en sus muelles y calles dañadas. Darle difusión a la bolsa total avivaría el conflicto por el reparto regional.

Respecto al segundo caso, promocionar activamente las cifras de recaudación del derecho de 5 dólares -que cubre totalmente el turista extranjero- dejaría en evidencia que el gobierno de Mara Lezama canceló su aportación.

Al operar el fideicomiso únicamente con el dinero recaudado de los cruceristas, el Gobierno del Estado prefiere no abrir el desglose financiero al escrutinio público para evitar reclamos por romper la promesa de la aportación “paritaria” que se firmó desde 2024.

Por último, sobre la falta de socialización y comités técnicos internos, la Coparmex ha lanzado ultimátums denunciando que no se han instalado las mesas de coordinación prometidas para la toma de decisiones.

Los gastos administrativos -como 35 millones de pesos de operación del fideicomiso- y el manejo del Fondo de Contingencia para Desastres -el 30% asignado- lo manejan de manera centralizada las secretarías estatales. Al no existir proyectos ejecutivos totalmente transparentes presentados a la iniciativa privada, el gobierno opta por una reserva informativa para evitar auditorías ciudadanas sobre el destino exacto de los recursos acumulados.

Empresarios y comunidad de Mahahual exigen que el dinero se destine a resolver el rezago social y de servicios públicos. Tras las protestas por el desvío de fondos hacia Chetumal, la Coparmex y las navieras negociaron una bolsa inicial de 190 millones de pesos del fideicomiso.

Las obras prioritarias exigidas se dividen en rubros críticos: Infraestructura urbana y turística básica, servicios públicos y saneamiento ambiental, y equipamiento en salud y seguridad

         Sobre el primero, exigen modernizar su malecón, principal ventana al turismo masivo, que se encuentra deteriorada; rehabilitación y pavimentación de calles, pues los accesos turísticos y locales carecen de asfalto adecuado; alumbrado público, pues gran parte del puerto padece zonas a oscuras, impactando directamente en la seguridad urbana y remodelar la Plazoleta del Faro para rescatar su imagen urbana.

Del otro rubro, exigen optimizar su red de agua potable, pues sufren constante desabasto; plantas de tratamiento de aguas residuales, exigencia urgente de ambientalistas y hoteleros para frenar la contaminación que destruye  manglares y el Arrecife Mesoamericano; y un sistema de recolectar basura: El aumento diario de cruceristas satura la precaria capacidad de recolección local.

Finalmente, piden servicios médicos de emergencia, ya que Mahahual carece de clínicas equipadas para atender contingencias mayores, tanto de habitantes como de los miles de turistas que desembarcan por vía marítima.

El caso es que la disputa escaló tanto que provocó la renuncia de los líderes de Coparmex en la Costa Maya, que reclamaron que el Comité Técnico del fideicomiso aprobara proyectos a puerta cerrada sin consultar a los que generan la derrama económica.

Por su parte, para la isla de Cozumel, el Comité Técnico del Fideicomiso para el Bienestar del Turismo Crucerista aprobó una cartera de proyectos que busca modernizar la imagen de la isla frente a las navieras internacionales, donde obras y equipamientos autorizados e iniciados se concentran en infraestructura vial y urbana en el centro, seguridad pública y movilidad policial, y recuperar espacios y prevención.

Sobre la primera exigencia, se autorizaron más de 33 millones de pesos para rehabilitar las principales calles del centro de Cozumel; sobre pavimento de alta durabilidad, el proyecto contempla más de 13 mil m2 de concreto hidráulico en zonas de mayor tránsito de peatones y vehículos turísticos; y en torno a la rehabilitación del malecón, un proyecto integral de transformación física incluye remozamiento de andadores e instalar un asta-bandera.

Respecto a seguridad pública, se exige reforzar al equipamiento, para lo cual se destinaron 25 millones de pesos exclusivamente para la compra de vehículos de seguridad, mientras que se entregaron 21 nuevas patrullas, moto-patrullas, cuatrimotos y un vehículo blindado para operativos especiales en perímetros turísticos, y se dio luz verde a colocar la primera piedra del cuartel de Seguridad Pública.

En materia de recuperación de espacios, donde la exigencia eran planes de rescate costero, se incluyeron propuestas técnicas de mejoramiento urbano, con un enfoque particular en la viabilidad de recuperar espacios de playa del centro que desaparecieron tras fenómenos climáticos pasados, y en seguro paramétrico, al igual que en Mahahual, parte de los fondos financiaron contratar un seguro colectivo contra huracanes y desastres naturales.

A diferencia de Mahahual, en Cozumel la ejecución de la obra vial ha sido más visible, utilizándose como bandera política por las autoridades estatales ante la FCCA para justificar el cobro del derecho.

Como se era de esperarse, la postura oficial de Mara Lezama frente a las acusaciones de opacidad ha sido de rechazo y defensa estricta del fideicomiso, argumentando que el dinero se maneja bajo el esquema de “prosperidad compartida” y que cada peso se fiscaliza directamente.

Ante los señalamientos de los sectores empresariales, la mandataria sostiene argumentos institucionales de legitimidad que avalan navieras internacionales, que “el dinero del pueblo vuelve al pueblo” y justificación el reparto municipal.

Según enfatiza de manera recurrente, los proyectos son supervisados y aprobados en sesiones conjuntas con Michele Paige, directora ejecutiva de la FCCA, y representantes de las principales líneas de cruceros, y que, al contar con respaldo de la industria internacional en las mesas del Comité Técnico, descarta desvío de fondos o manejo discrecional.

La postura mediática de Mara Lezama también se centra en mostrar resultados tangibles. Su respuesta a las críticas consiste en organizar eventos públicos de entrega de patrullas en Cozumel o banderazos de pavimentación, afirmando que la inversión “es dinero del pueblo que vuelve en obras de calidad”, con lo que busca contrarrestar demandas de auditorías de la Coparmex, argumentando que evidencia física de obras sustituye la necesidad de debate político.

Respecto a la polémica por financiar proyectos en la capital, Chetumal, con dinero de los cruceros de Mahahual, su postura es que las reglas del fideicomiso abarcan un impacto regional, y defiende que robustecer la infraestructura de Othón P. Blanco eleva la competitividad de Costa Maya en conjunto, por lo que rechazan violación a los acuerdos de operación.

Ahora bien, sobre la modificación al apartado de la Ley de Derechos sobre el cobro a turistas de cruceros, tuvo profunda reconfiguración en el Congreso del Estado, que cambió el esquema con una adición al Artículo 51-Nonies, en teoría, por el conflicto legal y la amenaza de boicot de las navieras, y el “albazo” de la Ley Federal de Derechos, que planteaba un impuesto crucerista de 42 dólares.

Verá Usted. El diseño original de Quintana Roo imponía de golpe una tasa fija de 5 dólares a partir de enero de 2025, lo que generó choque frontal con la FCCA, y las líneas navieras amenazaron con desviar sus rutas hacia otros destinos del Caribe si la medida se aplicaba de manera unilateral y obligatoria sin una planeación de costos a largo plazo.

Para evitar un desplome turístico, el Congreso modificó la ley para suavizar la entrada del cobro e implementar un esquema escalonado de revisión constante. Se pactó empezar cobrando 5 dólares, pero con aumentos graduales anuales que llegarán a un máximo de 21 dólares en 2028 -y topes revisables hacia 2030-, permitiendo a las navieras indexar el costo en los boletos de sus pasajeros con anticipación.

La razón más crítica para modificar la estrategia estatal ocurrió cuando el Congreso de la Unión aprobó una reforma federal que eliminó la exención migratoria a los cruceristas extranjeros, obligándolos a pagar el Derecho de No Residente (DNR) federal de 42 dólares por ingresar a México, una megacuota federal -67% se etiqueta para la SEDENA y el resto a gasto corriente federal- dejó a Quintana Roo en posición jurídicamente endeble y peligrosa.

Cobrar DNR e impuesto estatal al mismo tiempo abría la puerta a ola de amparos de cruceristas y empresas, ya que se cobraba dos veces por el “ingreso” al país-Estado, mientras que sumar los 42 dólares federales más los estatales convertía automáticamente a Cozumel y Mahahual en los destinos portuarios más caros de todo el Caribe, arriesgando la pérdida de millones de visitantes.

Así, para salvar el fideicomiso local ante el impuesto federal, el texto de la Ley de Derechos de Quintana Roo contempla cláusulas de exención mutua: El acreditamiento del pago del derecho estatal exime a los pasajeros de pagar otras tasas locales, como el artículo 51-Octies de saneamiento general, y el Gobierno del Estado debió reformular la ley a marchas forzadas para coordinar su cobro con el de la federación y navieras, justificando que su derecho local de 5 dólares sí se queda en los puertos -con el fideicomiso-, a diferencia de los 42 dólares que absorbe el gobierno federal.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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