¡Tarea “pendiente” de la presidenta Sheinbaum!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Pésele
a quien le pese, y aunque Morena diga lo contrario, uno de los principales
yerros de la presidenta Claudia Sheinbaum es la omisión de su gobierno ante las
madres buscadoras en México que consolida una crisis de derechos humanos, donde
la inacción de autoridades obliga a las familias a labores de investigación
en condiciones de extremo peligro.
“Fielmente”
imitada en Quintana Roo por la gobernadora Verde, Mara Lezama y sus ocurrencias
en su pésimo nombramiento de Comisionadas para la Búsqueda de Personas
Desaparecidas, las principales omisiones del gobierno federal y estatal,
incluyen la falta de investigación efectiva, pues las fiscalías postergan o
ignoran recolectar indicios y dejan el rastreo físico en manos de civiles.
Sus
omisiones también suman una crisis forense institucional, pues existen decenas
de miles de cuerpos y restos humanos sin identificar en morgues y fosas comunes
por falta de recursos y voluntad técnica.
Por
si fuera poco, la Secretaría de Gobernación rechazó incluir el término “madre
buscadora” en la Ley de Protección para Personas Defensoras de Derechos
Humanos, con lo que la mandataria federal ignoró peticiones de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos.
La
inacción de organismos institucionales, propició que diversos colectivos
presentaron solicitudes de juicio político en la Cámara de Diputados contra
María del Rosario Piedra Ibarra, titular de la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos ante su persistente omisión en la atención a las víctimas.
Resulta
increíble, pero en el renglón de rechazo a la cooperación, el gobierno federal
mantiene resistencia a aceptar asistencia formal de organismos internacionales
para optimizar los procesos forenses y de localización.
A
todo esto, poco le ha importado a gobierno la serie de riesgos y consecuencias
para las buscadoras, principalmente de asesinatos y atentados, ya que la falta
de protección ha provocado ejecuciones de activistas a manos del crimen
organizado, como el ataque que costó la vida a integrantes del colectivo
Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos.
Otro
riesgo es de criminalización y violencia, toda vez que cerca de 97% de las
mujeres integradas en tareas de rastreo reportan haber sufrido amenazas,
agresiones directas o intimidación sistemática que, en el primer caso, obligan
a las familias a abandonar sus hogares tras iniciar brigadas de campo.
Duramente
recién cuestionado el gobierno mexicano por la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos y por la Organización de las Naciones Unidas por vivir el país
una “grave crisis” de desapariciones, las autoridades omiten o ignoran diversos
protocolos internacionales, por lo que enfrentan un severo escrutinio por su
incumplimiento de normativas globales fundamentales.
Entre
éstos se incluyen la desatención a las alertas de la ONU, cuyo Comité contra la
Desaparición Forzada (CED) advierte que la crisis en México
podría equivaler a crímenes de lesa humanidad por el hallazgo de miles de fosas
clandestinas y la existencia de más de 72 mil restos humanos sin identificar.
El
gobierno federal rechazó formalmente los informes del Comité de la ONU, a los
que calificó de “tendenciosos” y “sesgados”, con el argumento de no valorar
recientes avances legislativos recientes, lo que bloquea la aplicación real de
las recomendaciones internacionales.
Durante
visitas de alto nivel, como las del Alto Comisionado de la ONU para los
Derechos Humanos, los colectivos exigen al ejecutivo federal aceptar el apoyo
técnico y financiero internacional, una vía que las
autoridades evitan usar a plenitud.
Asimismo,
México ignora obligaciones del Artículo 34 de la Convención Internacional para
la protección de personas contra las desapariciones forzadas, lo que provocó
llamados directos para que la Asamblea General de la ONU adopte medidas sobre el caso mexicano.
Por
otro lado, existen herramientas legales en papel, cuya aplicación práctica es
deficiente, entre ellos la exclusión de la Ley de Protección, donde la
Secretaría de Gobernación descartó formalmente incluir el término específico “madre
buscadora” en la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos
Humanos y Periodistas, lo que diluye la obligatoriedad de medidas cautelares
personalizadas para las rastreadoras.
Aunque
las buscadoras pueden solicitar su incorporación al Mecanismo de Protección de
la Segob, las activistas denuncian que las medidas
asignadas (como botones de pánico o patrullajes esporádicos) son insuficientes
frente al poder de fuego del crimen organizado.
También
existen proyectos de decreto en el Congreso para expedir una Ley General que
reconozca explícitamente derechos, integridad y apoyo integral a las madres buscadoras, pero la falta de voluntad política
mantiene estas iniciativas sin un presupuesto real o una implementación
efectiva.
El
marco normativo nacional prevé cinco tipos de rastreo -inmediata,
individualizada, por patrones, generalizada y de familia- que administra la Comisión Nacional de Búsqueda, pero las fiscalías no
ejecutan el protocolo de forma articulada, dejando 24% de los rastreos en campo
sin acompañamiento ni seguridad pericial activa.
Lo cierto es que la omisión de gobierno para buscar
desaparecidos obliga a miles de mujeres -madres, hermanas, esposas, primas,
novias y amigas- a buscar por su cuenta a sus seres queridos, lo que las coloca
en una delicada situación de riesgo que todos los días suma consecuencias,
pues, según el investigador de El Colegio de México, Carlos López Buburrón,
entre 2010 y 2025 fueron asesinadas unas 33 buscadoras, 20 de ellas mujeres.
Lo
grave es que 21 de esos casos surgen desde 2021, con más incidencia en Jalisco
y Guanajuato, entidades donde la disputa territorial entre grupos de la
delincuencia organizada es la más intensa de los últimos años.
A
esa cifra se incluye el asesinato de la buscadora Rubí Patricia Gómez Tagle, miembro
del colectivo Corazones Unidos por una Misma Causa, sucedido en Mazatlán,
Sinaloa, este 27 de febrero, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum y la
titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, Martha Lidia Pérez Gumercindo, visitaban
la entidad.
Gómez
Tagle buscaba a su hijo Édgar Daniel López Gómez, quien desapareció el 25 de
mayo de 2025, y ofrecía acompañamiento a otras mujeres y familias en la misma
situación, aunque, según la organización civil Artículo 19, durante el gobierno
de Claudia Sheinbaum han documentado 14 agresiones contra madres buscadoras, ocho
asesinadas y seis desaparecidas.
A
la mala, las buscadoras han tenido que aprender que en México buscar a un
desaparecido es hacer visible algo que la delincuencia quiere mantener oculto,
lo que las pone en peligro, a pesar de lo cual cuando se les pregunta por qué
siguen buscando con todo el riesgo que implica, responden de inmediato “porque
nadie más lo hará”, y la evidencia parece darles la razón.
La
ejecutiva de Amnistía Internacional, Edith Olivares Ferreto, refiere que en México
hay más de 130 mil desaparecidos y más de 90% de los que los busca son mujeres,
pero que lo delicado es que, dado que el Estado mexicano no cumple su deber de
buscar, coloca a las mujeres que sí lo hacen en alto riesgo: Ellas no se ponen
en riesgo, pero el Estado las coloca en esa situación, sin protección ni
acompañamiento.
Para
Artículo 19, el patrón de violencia contra las personas buscadoras es enfrentar
amenazas, desapariciones, asesinatos y demás agresiones físicas en un contexto
de impunidad estructural.
Así
las cosas, en 2025 Amnistía Internacional presentó el documento “Desaparecer
otra vez. Violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en
México”, donde expone que el país padece una crisis de desapariciones, y las
mujeres lideran y protagonizan mayormente la búsqueda de seres queridos, y
exigen la verdad, justicia y reparación.
Respuestas
de más de 600 buscadoras a un cuestionario, exponen que en México hay al menos
234 colectivas de familiares de desaparecidos, más de 90% con mujeres, de las
cuales 65% son madres, 21% hermanas, 13% parejas, 6% hijas y 5% amigas, que buscan
principalmente a hombres (84%) El gran problema es que buscar a un desaparecido
es de alto riesgo: 97% de las buscadoras que contestaron dicen haber enfrentado
algún tipo de violencia.
Además
del riesgo de muerte, enfrentan ambientes hostiles y de discriminación por su
género, atreverse a alzar la voz y, en los hechos, ser defensoras de derechos
humanos, mientras Amnistía Internacional documentó casos de mujeres que se
vieron obligadas a desplazarse de colonias, barrios o pueblos ante amenazas e
implicaciones.
También,
recopiló testimonios sobre estigmatización y revictimización de autoridades o,
incluso, de sus propias familias y comunidades, por lo que 70% enfrenta
deterioro de salud, mientras viven una conmoción persistente, donde la angustia
y dolor causado es indefinido y acusan daños físicos.
70%
de ellas experimentó deterioro de salud, con enfermedades como colitis,
gastritis, diabetes, problemas de presión, afectaciones a la tiroides, incluso
hipertiroidismo, problemas cardiacos, o en los dientes, como el bruxismo, problemas
de huesos y parálisis facial, aunque siguen buscando a sus seres queridos, pese
a padecer cáncer o enfermedades degenerativas, incluso desprendimiento de
retina por el llanto constante.
Por
otra parte, muchas están afectadas de su salud mental. 73% reporta depresión;
72% insomnio; 73% estrés; 68% problemas de nervios y ansiedad, tristeza y
apatía; 72% sentimientos de culpa, pensamientos suicidas e intentos de
suicidio.
El
estudio documenta también el poco apoyo de gobierno. Solo 26% dijo haber recibido
algún tipo de acompañamiento jurídico o psicoemocional; 25%, atención médica o
psicológica; 12% algún tipo de apoyo económico y 10% medidas de protección. Sólo
7% dijo estar inscrita a un mecanismo de protección federal y 4% a uno local.
Además,
suelen vivir un empobrecimiento importante. 66% dijo haber perdido recursos
económicos por diversos factores, entre ellos la desaparición de la principal o
única proveedora económica del hogar o familia y la pérdida de empleo o negocio
tras una desaparición, aunque varias quedaron a cargo de cuidado exclusivo, lo
que dificulta obtener fuentes de ingreso y obliga a asumir tres roles al mismo
tiempo: Proveedoras, cuidadoras y buscadoras.
Ante
esto, Amnistía Internacional recomendó reconocer, desde el más alto nivel, la
grave crisis de desapariciones forzadas y cometidas por particulares en todo el
país, así como abrir un diálogo con familias, sociedad civil y organismos
internacionales para enfrentar esta situación.
Olivares
Ferreto hizo un llamado en dos sentidos: Al Estado Mexicano reconocer que
tienen derecho a buscar por cuenta propia, y aceptar que el derecho
internacional reconoce a los Estados la obligación de buscar desaparecidos y el
deber de hacer partícipes a las familias.
Eso
lleva aparejado brindarles protección, pues están dando un servicio de búsqueda
efectiva a la sociedad, por lo que lo mínimo que debe hacer el Estado, es protegerlas
y proveerles servicios de salud y apoyos económicos, por lo que llamó a firmar
una petición al Estado Mexicano de proteger a las madres buscadoras.
La
activista recalca que en los últimos años las autoridades no sólo han sido
omisas en proteger a las personas que buscan a familiares desaparecidos, sino
que hay una fuerte resistencia a reconocer la problemática de desaparición,
incluida la forzada, que realizan actores del Estado.
Contra
lo que dicen autoridades federales, incluida Claudia Sheinbaum, en México sí
existe la desaparición forzada, cuando es desaparición directa por parte de
agentes del Estado o cuando agentes privados desaparecen a personas con
colaboración, apoyo o aquiescencia del Estado.
Desde
su perspectiva, eso explica que hoy por hoy sigan desapareciendo cada día un
promedio de 40 personas. Lo grave es que mientras las autoridades no lo
reconozcan no lo comenzarán a combatir. Hasta el 4 de marzo, el Registro
Nacional de Personas Desaparecidas y no localizadas son 131,844,
con ausencias… que dicen cosas.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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