México, país progresista, ¡NO comunista!
Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*
A
pesar de que el comunismo real o teórico nunca ha existido en la práctica como
sistema social completo, sectores políticos de oposición, líderes de opinión y
grupos empresariales acusan con frecuencia al gobierno de México de simpatizar
o encaminar al país hacia ese comunismo o el socialismo.
El
comunismo es un sistema socioeconómico y filosofía política que aboga por la
abolición de la propiedad privada de los medios de producción y eliminación de
clases sociales. Su objetivo es establecer una sociedad igualitaria donde los
recursos se distribuyan según necesidades de cada persona.
Existe
una diferencia fundamental entre comunismo como teoría filosófica y regímenes
políticos históricos autodenominados o llamados “comunistas”, pero para
entender por qué se afirma que no ha existido, es necesario analizarlo desde la
teoría y compararlo con la realidad histórica.
Para
comprender esta separación, la doctrina marxista define comunismo bajo
criterios básicos, que contrastan con la realidad de los países que adoptaron
esta ideología: El Comunismo teórico (marxismo) es una etapa final del
desarrollo social donde no existen clases sociales, propiedad privada de los
medios de producción, dinero ni Estado.
La
producción se organiza bajo el lema “De cada cual, según sus capacidades, a
cada cual según sus necesidades”.
Según
Karl Marx, para llegar al comunismo primero debe pasar una fase intermedia
llamada socialismo -o dictadura del proletariado-, donde el Estado toma
temporalmente control de las industrias y tierras para abolir el capitalismo.
Los
países del bloque soviético -como la antigua URSS- o regímenes actuales (como
Cuba o China) quedaron atrapados en una versión totalitaria o hipercontrolada
de esa fase de transición. El Estado, en lugar de disolverse o desaparecer como
dictaba la teoría, se volvió gigantesco, burocrático y absoluto.
Así,
actualmente existen cinco naciones gobernadas por un partido único de ideología
marxista-leninista, según clasificación de Wikipedia, China, uno de ellos, gobernada por el Partido Comunista, que opera bajo un sistema de “capitalismo de
Estado” o “economía de mercado socialista”, combinando férreo control político
con un mercado globalizado y grandes fortunas privadas.
Otro
país “comunista” es Cuba, que mantiene el monopolio político del partido, pero
ha tenido que abrir gradualmente su economía a microempresas privadas y al turismo
extranjero debido a crisis estructurales.
Por
su parte, Corea del Norte, aunque nació de la corriente soviética, reemplazó
formalmente el marxismo por la ideología Juche -autosuficiencia y nacionalismo
extremo-, funcionando bajo una dinastía familiar absoluta.
Los
últimos son Vietnam y Laos, que siguen un modelo similar al de China,
manteniendo la retórica y el control político del partido único, pero con
economías ampliamente abiertas al libre mercado internacional.
En
resumen, el comunismo existe plenamente como ideología política, una corriente
filosófica y un movimiento social, aunque la sociedad comunista pura -sin
dinero, sin clases y sin Estado- permanece sólo como una utopía teórica que NUNCA
se materializó en el mundo real.
Ahora
bien, sobre las acusaciones al gobierno de México de simpatizar o encaminar al
país al comunismo o socialismo, muy en boga en estos días, la narrativa se
intensificó notablemente durante el sexenio de López Obrador y continúa bajo la
administración de Claudia Sheinbaum.
Sin
embargo, a nivel político y mediático, estas corrientes sustentan sus
acusaciones en varios ejes principales, entre ellos, el argumento los acusadores,
uno de ellos los libros de texto gratuitos.
En
2023, se recuerda, la reforma a los materiales educativos de la Secretaría de
Educación Pública desató fuerte controversia, cuando medios de comunicación y
partidos de oposición, como el PAN, afirmaron que los nuevos libros contenían
un “virus comunista” y, supuestamente, buscaban adoctrinar ideológicamente a la
niñez mexicana.
En
otro “argumento”, críticos de la llamada Cuarta Transformación señalan la
simpatía y los lazos diplomáticos del gobierno mexicano con países como Cuba,
Venezuela y Nicaragua, y destacan la pertenencia de partidos oficialistas -como
Morena y PT- al Foro de São Paulo, una organización regional que agrupa a
partidos de izquierda de América Latina.
Por
otro lado, las reformas constitucionales orientadas al fortalecimiento de
empresas estatales -como CFE o Pemex-, el robustecimiento de los programas
sociales universales y la desaparición de ciertos organismos autónomos los
interpretan sectores de la derecha como un intento de concentrar el poder en el
Estado y debilitar el libre mercado.
En
este sentido, grupos conservadores impulsan campañas que sostienen que la
propiedad privada está en riesgo. En su momento, legisladores del PAN firmaron
la “Carta de Madrid” junto al partido español Vox como un esfuerzo explícito
para “frenar el avance del comunismo” en la región iberoamericana.
Como
respuesta oficial y el análisis económico, desde la perspectiva del gobierno y
de analistas financieros, la etiqueta de “comunismo” no coincide con la
realidad socioeconómica del país, pues México mantiene vigente su tratado
comercial con EE.UU. y Canadá, sus principales socios comerciales del mundo y
continúa atrayendo inversión privada extranjera masiva con el nearshoring.
Por
respeto a la propiedad privada, no se han realizado expropiaciones
generalizadas de industrias ni de bienes raíces particulares, mientras que el
sistema bancario y empresarial opera con plena normalidad capitalista.
Ante
los señalamientos de la oposición, los mandatarios federales califican las
acusaciones como estrategias de “propaganda negra” de la derecha para recuperar
privilegios políticos. López Obrador solía responder de forma irónica señalando
que, si buscar la justicia social y el humanismo era ser comunista, “que lo
anotaran en la lista”.
En
conclusión, la acusación de simpatizar con la doctrina comunista funciona
principalmente como recurso retórico de confrontación política interna y de
polarización electoral, ya que la estructura económica y legal de México sigue
estando profundamente integrada al capitalismo globalizado.
Lo
cierto es que, en realidad, México pertenece al Progresismo, corriente
ideológica y política orientada a reformar la sociedad para expandir derechos
individuales, igualdad social y justicia económica a través de la intervención
del Estado.
A
diferencia de las corrientes conservadoras, que buscan preservar el orden tradicional,
el progresismo sostiene que el progreso social, científico y económico debe
usarse para mejorar continuamente la vida humana y corregir las desigualdades.
Las
principales banderas del progresismo actual a nivel mundial e iberoamericano se
centran en diversos ejes, uno de ellos la igualdad de género, el apoyo a los
derechos de las mujeres, paridad en la toma de decisiones y erradicación de la
violencia de género, aunque también incluyen los derechos LGBTQ+, promoción del
matrimonio igualitario, leyes de identidad de género y combate a la
discriminación.
Otros
ejes son la justicia social y económica, el fortalecimiento de la salud y
educación públicas, salarios dignos y redistribución de la riqueza mediante
impuestos progresivos a las grandes fortunas; el ambientalismo, combate al
cambio climático, transición hacia energías limpias y protección del medio
ambiente por encima del interés corporativo; y la inclusión de minorías, reconocimiento
de derechos de pueblos indígenas, afrodescendientes y grupos vulnerables.
Para
no confundirlo con otros términos políticos, es útil notar cómo se posiciona el
Progresismo frente al comunismo-Socialismo puro: No busca abolir el capitalismo
ni eliminar la propiedad privada, sino que opera dentro del sistema democrático
y libre mercado, pero exige al Estado regular la economía para evitar
monopolios y proteger a los trabajadores.
Frente
al liberalismo clásico, comparte la defensa de las libertades individuales -libertad
de expresión, aborto, eutanasia-, pero rechaza el libre mercado absoluto. El
progresismo argumenta que el mercado por sí solo no garantiza la justicia
social, por lo que el Estado debe intervenir.
Por
último, frente al conservadurismo, que prioriza valores tradicionales,
estructura familiar clásica, libre mercado desregulado e instituciones
religiosas, el progresismo suele cuestionar a favor de la laicidad y la
diversidad social.
Como
críticas comunes al progresismo, como era de esperarse, sectores críticos,
generalmente de derecha o liberales económicos, señalan que tiende a generar un
gasto público excesivo con programas sociales que pueden traducirse en deudas o
inflación.
También
a caer en la llamada “cultura de la cancelación” o la “corrección política”, limitando
el debate de ciertas ideas y utilizar políticas de identidad que, según
detractores, dividen a la sociedad en grupos en lugar de unificarla.
Por
otro lado, el progresismo en la política de México se refleja, sobre todo, a
través del modelo del “Humanismo mexicano”, que impulsa el partido oficialista
Morena y lo consolida el mandato de Claudia Sheinbaum, en un enfoque que combina
políticas de justicia social con fuerte intervención del Estado en sectores
estratégicos.
En
la práctica cotidiana y legislativa del país, la corriente se materializa en
pilares como políticas sociales y estado de bienestar; pensiones universales, consolidación
de apoyos económicos directos a adultos mayores; becas estudiantiles, entrega
masiva de recursos a jóvenes e infancias y la elevación de los programas
sociales a derechos obligatorios.
Asimismo,
se materializa den reducción de pobreza, con enfoque prioritario en las clases
sociales más desfavorecidas, y en agenda de género y diversidad: Gobernanza
paritaria, inclusión obligatoria de mujeres en gabinetes y congresos; reformas
de igualdad, nuevas leyes sustantivas contra la brecha salarial y derechos
reproductivos, despenalización del aborto impulsada desde la Suprema Corte de
Justicia.
Entre
otros, el progresismo se materializa con lo siguiente: Reconocimiento de
derechos para las comunidades LGBTQ+, soberanía económica y transición
energética, fortalecimiento de Pemex y CFE, crítica sistemática a la
privatización de recursos públicos, impulso gradual a energías limpias bajo
control público y mantenimiento de la estabilidad fiscal y comercio exterior.
Sobre
reformas al Estado y democracia, la elección popular directa de jueces y
magistrados, iniciativas presidenciales para reducir drásticamente el costo de
elecciones, recorte de salarios altos en la burocracia estatal y consultas
populares y revocación de mandato.
A
nivel externo, México funge como articulador clave del progresismo en América
Latina, y mantiene una postura de defensa frente al avance de las corrientes
conservadoras de la región, todo sin romper sus lazos económicos esenciales con
los mercados globales, especialmente a través del T-MEC.
Contra todo lo anterior, en resumen, el comunismo no existe
y tampoco ha existido jamás en la humanidad; es sólo, como parte de la
filosofía, una palabra utilizada siempre como arma política por el imperio
Yankee para desprestigiar países, gobiernos y a pensadores progresistas.
Así
las cosas, el verdadero comunismo es el que acaba con los multimillonarios que
se creen dueños de todo el mundo, y el socialismo manda al gobierno, no los
multimillonarios. En el capitalismo de la ultraderecha, los multimillonarios
gobiernan y tienen la última palabra en las decisiones de un país, mientras en el
progresismo hay un balance en el que multimillonarios y gobierno toman
decisiones conjuntas, pero sin que los multimillonarios estén por encima de la
ley.
Titulado
como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con
nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019,
2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los
Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así
como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias.
Información
completa sobre el currículum vitae, en este link:
https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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