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¡Plan estratégico oficial para rescatar Pemex!

                                                                                 Lic. Luis A. CABAÑAS BASULTO*

Como empresa que se mantiene como la petrolera más endeudada del mundo, con serios problemas de liquidez y rentabilidad, las finanzas de Pemex no pueden considerarse totalmente sanas, y aunque muestra mejoras notables en algunos rubros por el apoyo financiero del Gobierno Federal, el panorama general enciende alertas económicas.

Sus puntos críticos o “focos rojos” son constante pérdidas millonarias, ya que, al primer trimestre de 2026, reportó una pérdida neta de casi 46 mil millones de pesos -unos 2 mil 600 millones de dólares-, que superó los saldos negativos del año anterior.

Además, sus ingresos se redujeron por menor volumen de exportación de petróleo crudo por una estrategia comercial enfocada en priorizar el mercado nacional de combustibles.

Pese a sus esfuerzos, pasivos y adeudos comerciales acumulados con proveedores y contratistas superan 20 mil millones de dólares -unos 400 mil millones de pesos-, lo que asfixia operativamente a sus cadenas de suministro.

En este sentido, ante su dependencia de recursos públicos, calificadoras y expertos financieros advierten que la empresa no es autosustentable, y que su estabilidad depende directamente de millonarias inyecciones de capital y exenciones fiscales otorgadas por la Secretaría de Hacienda.

En un análisis de mejoras estructurales, redujo su deuda financiera a 79 mil millones de dólares el primer trimestre de 2026, el nivel más bajo desde 2014, con lo que logró un descenso cercano a 15% mediante refinanciamientos y apoyo fiscal.

Por otro lado, el gobierno implementó un plan para postergar y reestructurar deudas de corto plazo, proyectando un alivio de compromisos duros hasta 2033, por lo que la Secretaría de Energía y voceros del sector energético defienden que aumentó el procesamiento nacional de crudo y consolidó la infraestructura física de refinación.

En resumen, aunque el gobierno ha logrado “aligerar” la pesada carga de la deuda de largo plazo, la operación diaria de Pemex sigue quemando efectivo, genera pérdidas contables profundas y arrastra un serio problema de impago con contratistas locales.

A todo esto, deficiencias administrativas y de gestión son el origen estructural de sus problemas financieros, aunque factores externos, como los precios internacionales del petróleo, influyen decisiones internas y las fallas operativas merman su rentabilidad de forma constante.

Así, las deficiencias principales en su administración son fallas en su gestión financiera y de inversión, ya que se prioriza el negocio de la refinación -transformar petróleo en gasolina-, lo que históricamente genera menores márgenes de ganancia o pérdidas, y quedó en segundo plano la exploración y extracción de crudo, actividad que realmente genera rentabilidad.

Otra deficiencia son sus proyectos emblemáticos, como la Refinería Dos Bocas, que duplicaron su presupuesto original por una planeación deficiente, retrasos en la construcción y falta de transparencia en los contratos de ejecución.

Por último, la mala administración del flujo de efectivo mantiene parados los pagos a proveedores de servicios esenciales -embarcaciones, plataformas, perforación-, lo que genera penalizaciones, encarece los contratos futuros y frena la cadena operativa de la empresa.

Entre sus deficiencias operativas y organizacionales, se incluye la baja productividad laboral, pues opera con un excedente de personal en comparación con otras petroleras internacionales de tamaño similar, mientras que el costo de su nómina no se traduce en mayores niveles de producción.

Asimismo, pérdidas por ineficiencia técnica, ya que sus refinerías operan muy por debajo de su capacidad instalada y generan un alto porcentaje de combustóleo, residuo pesado de bajo valor comercial y altamente contaminante, en lugar de gasolinas de alto valor.

Aunado a ello, está la postergación de reparaciones en plataformas y ductos, que provoca paros no programados de producción, costosos accidentes industriales y una declinación más acelerada de yacimientos maduros.

Así las cosas, su actual administración, encabezada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, vive una profunda transición institucional y técnica, marcado por el reciente y abrupto cambio de timón a mediados de mayo.

Tras la salida de Víctor Rodríguez Padilla, asumió la dirección general Juan Carlos Carpio Fragoso -se desempeñaba como su director de Finanzas-, lo que refleja un viraje urgente de la presidenta para priorizar el control de daños financieros sobre la ideología política.

El desempeño de su actual gestión se califica en varios enfoques, primero el giro técnico y financiero (puntos a favor), con reconocimiento de la deuda y disciplina, pues, a diferencia de la gestión anterior, adoptó un perfil más pragmático, al reducir deuda financiera neta a 79 mil millones de dólares al cierre del primer trimestre, su nivel más bajo desde 2014.

Existe mayor realismo en la transición energética: Se comenzó a diseñar un Pemex que no solo extraiga petróleo, sino que explore la diversificación a energías limpias, sostenibilidad y eficiencia de procesos, alejándose de la necedad de construir megaproyectos desde cero.

El nombramiento de Carpio Fragoso fue bien recibido por algunos sectores económicos porque “viene de abajo” en el área financiera, con lo que se rompió la racha de poner a políticos o agrónomos al frente de la petrolera.

Sin embargo, se profundizaron sus pérdidas fiscales: El primer trimestre evidenció que el rumbo operativo sigue dañado, con una pérdida de 46 mil millones de pesos por la caída de 7.6% de ingresos, mientras las exportaciones de crudo cayeron 25.3%, lo que asfixia la entrada de divisas fuertes al país, esto por priorizar el abasto a refinerías locales que siguen sin ser eficientes.

Como lastre heredado con proveedores, la nueva gestión no ha podido resolver el “cuello de botella” de impago a contratistas, manteniendo una deuda comercial de casi 400 mil millones de pesos que paraliza los servicios en campos petroleros.

Así, a la administración de Sheinbaum se le reconoce su esfuerzo de contención de daños, pues recibió una empresa técnicamente quebrada y un sistema de refinación sumamente costoso tras la era de Rocío Nahle y Octavio Romero, por lo que el reto de Juan Carlos Carpio, no es expandir Pemex, sino reestructurarlo con urgencia para evitar que arrastre a la economía mexicana.

Lo cierto es que el problema real de Pemex es quemar operativamente más dinero del que genera, lo que lo vuelve negocio inviable sin subsidio permanente del gobierno. No es solo un problema de deuda, sino un fallo estructural donde sus dos grandes actividades chocan entre sí.

El corazón de su crisis se resume en factores reales y sistémicos: El negocio rentable financia un negocio que pierde dinero. Extraer petróleo deja ganancias, pues le cuesta poco menos de 20 dólares sacar un barril de crudo, que vende a un precio mucho mayor, una actividad que lo sostiene.

Refinar genera pérdidas: Transformar el petróleo en gasolina es un negocio ineficiente, pero por fallas técnicas y falta de modernización, sus refinerías pierden dinero por cada barril procesado, además que su estrategia de los últimos años lo obligó a exportar menos crudo -que deja dinero- para mandarlo a refinerías -donde se pierde-, destruyendo su propio flujo de efectivo.

El verdadero peligro actual no es solo la deuda con grandes bancos internacionales, sino con proveedores locales -vendedores de equipo, ingenieros, plataformas, transportistas-, y al carecer de liquidez, Pemex les debe cerca de 400 mil millones de pesos, lo que provoca que las privadas dejen de trabajarle, se detengan pozos y la producción caiga de forma natural.

Pemex opera más como secretaría asistencialista que como empresa competitiva. Su pasivo laboral -dinero comprometido para pensiones y jubilaciones del sindicato- es gigantesco y no está fondeado. La empresa gasta parte masiva de ingresos en sostener una estructura laboral obesa e ineficiente, en lugar de invertirlo en tecnología de exploración.

Históricamente, durante décadas, el gobierno lo utilizó como “caja chica”, con impuestos confiscatorios -como Derecho de Utilidad Compartida- para financiar el presupuesto nacional (escuelas, carreteras, programas), lo que le impidió guardar dinero para reinvertir en nuevos yacimientos, y cuando los campos grandes -como Cantarell- se agotaron, ya no tuvo capital ni tecnología para buscar petróleo en aguas profundas.

En conclusión, su problema es estar atrapado en un círculo vicioso: El gobierno le quita autonomía técnica para metas políticas, lo obliga a enfocarse en el negocio menos rentable (refinación) y lo mantiene vivo artificialmente con recursos que salen de impuestos ciudadanos.

Para rescatarlo, analistas financieros, agencias calificadoras y el Plan Estratégico gubernamental plantean soluciones estructurales que abandonen las metas puramente ideológicas y se enfoquen en la viabilidad económica, con propuestas viables y estrategias para resolver su crisis.

Éstas se dividen en cuatro pilares:  Reestructuración financiera profunda, eficiencia operativa y técnica; gobernanza y saneamiento comercial; y transición energética real

         El primero de ellos es vehículos de inversión privados mixtos: El Instituto Mexicano para la Competitividad propone crear empresas de propiedad mixta -gobierno y sector privado-, que permitiría nuevos proyectos petroleros rentables sin que la deuda histórica de Pemex contamine el capital fresco.

Economistas sugieren al Gobierno Federal absorber constitucionalmente una porción mayor de los 79 mil millones de dólares de deuda. Al transferirse formalmente a la deuda soberana, las tasas de interés bajarían drásticamente.

El plan financiero de la nueva administración prevé nuevos instrumentos de deuda vinculados a proyectos específicos de sostenibilidad, donde el objetivo de la Secretaría de Hacienda es cubrir sus compromisos de forma autónoma a partir de 2027.

Sobre el segundo pilar, expertos recomiendan no forzar a las refinerías locales a procesar crudo si no operan con ganancias. Sugieren reconfigurar las plantas para reducir la producción de combustóleo de bajo valor y priorizar combustibles limpios.

Aumentar la inversión en exploración y producción: Para el presupuesto 2026, el gobierno destinó 90% de la inversión de Pemex a actividades operativas de exploración, para estabilizar la producción de 1.8 millones de barriles diarios en nuevos yacimientos comerciales.

Figuras técnicas del sector, como la Comisión Consultiva del Petróleo, insisten en que debe dejar de desperdiciar dinero quemando gas. El plan corporativo plantea erradicar su práctica en 2030 y mejorar el aprovechamiento comercial del recurso.

Como tercer pilar, la liquidación urgente a proveedores, con apertura de líneas de crédito puente de la banca de desarrollo para pagar los 400 mil millones de pesos adeudados a contratistas locales, con lo que se reactivaría la cadena de valor en campos del Golfo de México.

La designación de Carpio Fragoso se alinea con la recomendación de los mercados de mantener perfiles con experiencia financiera probada frente a la toma de decisiones corporativas.

Por último, como migración a un modelo energético amplio, los analistas coinciden en dejar de ser estrictamente empresa de combustibles fósiles, y diversificar la captura de carbono, producción de hidrógeno verde y generación de energías renovables para asegurar su rentabilidad a largo plazo.

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con crédito para el autor)

 

*Luis Ángel Cabañas Basulto es un periodista con más de 49 años de experiencia como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de varios medios de comunicación, además de haber fungido como jefe de información de dos ex gobernadores y tres ex presidentes municipales, y escribir cinco libros, uno de ellos pendiente de publicar.

Titulado como Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Yucatán, cuenta con nueve Diplomados, cuatro de ellos en materia de Juicio de Amparo (2017, 2019, 2021 y 2025) y cinco de Derechos Humanos y Sistema Acusatorio; La Familia y los Derechos Humanos; y Acceso a la Justicia en Materia de Derechos Humanos, así como con más de 75 Seminarios, Talleres, Cursos y Conferencias. 

Información completa sobre el currículum vitae, en este link:

https://luisangelqroo.blogspot.com/2025/08/dividido-en-los-capitulos-de-formacion.html

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