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En primera fila
                ¡Amenaza el México bronco!
                                      Por Luis A. CABAÑAS BASULTO*
Con más muertos por la violencia generada por el crimen organizado que en Colombia en plena guerra antinarcóticos y antisubversiva, México iguala prácticamente en ese sentido a las víctimas de la guerra en Afganistán y supera las del enfrentamiento entre Israel y Hezbolá en el Líbano.
Desde Porfirio Díaz, pasando por Jesús Reyes Heroles, los que saben de política siempre han aconsejado no despertar al México bronco, término que se refiere a los efectos perniciosos y violentos cuando la gobernabilidad de un espacio geográfico se ve amenazada por eventos que provocan manifestaciones, expresiones sociales de hartazgo y temor como respuesta a la incapacidad del gobierno a atajar injusticias y aplicar la ley sin distingos.
Como refiere el periodista Francisco Guerrero Aguirre, la historia del país está llena de momentos oscuros donde por intereses y apetitos diversos se pierden los equilibrios que caracterizan a la convivencia civilizada y, de manera repentina, existen reclamos por violación de derechos ejerciendo el legítimo recurso de la protesta ante agravios claros.
La desigualdad, pobreza y falta de oportunidades son terreno propicio para la revuelta social y movilización, particularmente de jóvenes, desde el movimiento de 1968, la crisis política de 1988, la emergencia del Zapatismo en 1994 y los reclamos por el proceso electoral de 2006, donde distintas generaciones han experimentado efectos de desestabilización, con el temor permanente de que el conflicto político se traduzca en crisis económica.
         La desaparición de los normalistas de Guerrero se combinó con la aparición del movimiento estudiantil del Politécnico y el despertar de decenas miles de jóvenes del interior del país, que han hecho propias las protestas por las arbitrariedades desde el poder, creando una bandera de oposición genuina al establishment -grupo dominante visible o élite que ostenta el poder o autoridad de la nación-, que se traduce en un discurso antisistémico que arrastra a partidos e instituciones, independientemente de sus colores.
         Premiado por su trayectoria por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales en España, el historiador Enrique Krauze decía que en este momento de crisis se acentúan los riesgos a la libertad a través de dos antiguos flagelos: La corrupción y el crimen, por lo que urge un verdadero Estado de Derecho un poder central fuerte, pero legítimo y democrático.
         El súbito despertar de episodios del México bronco, como los de Iguala, demuestran que a pesar de ser más democráticos que el siglo pasado, el modelo de representación política que se refleja en estados y municipios aún deja mucho que desear en calidad de gestión pública y en la entereza moral de los gobernantes.
Dos sucesos que mueven a pensar en la falta de control de hechos, son los públicos ataques de que han sido víctimas dos dirigentes del PRD, partido tradicionalmente calificado de violento y que hoy probó una dosis de su propio “chocolate” con su propio guía moral, Cuauhtémoc Cárdenas, y su ex dirigente nacional, Jesús Zambrano, éste último expulsado de la UNAM este martes tras un foro.
Apenas el 8 de octubre último, Cárdenas, Salvador Nava y el intelectual Adolfo Gilly fueron agredidos por manifestantes en el zócalo capitalino cuando intentaban participar en una jornada de repudio por la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Trataban de avanzar a un templete hacia padres, amigos y familiares de los normalistas y organizaciones solidarias.
         Una muchedumbre rodeó al tres veces candidato presidencial, mientras llovían botellas de agua, envolturas y otros objetos. La turba avanzó, se abrió camino entre los contingentes de normalistas de distintas partes del país y San Salvador Atenco, que se encontraban frente a Palacio, impidió su acceso al templete y los forzó a seguir por la avenida Pino Suárez.
Al llegar a la esquina de ésta y Venustiano Carranza, el líder moral del PRD, cuyo padre, el Gral.  Lázaro Cárdenas del Río, fundó y promovió en todo el país las normales rurales, el Poli y la llamada educación socialista, intentó frenar los ánimos, pero les arrojaron un tambor con señalización vial y conos preventivos, por lo que Gilly, autor de “La revolución interrumpida”, resultó descalabrado.
Mientras Cárdenas parecía hablar, arreciaban los gritos de “Traidor”, “cobarde”, “culero”, “vende patrias”, “tomen su Pacto por México”. Para entonces, los tres ya estaban empapados y Adolfo Gilly sangraba.
         Precisamente recordábamos ese episodio con el martirio de Zambrano este martes, aunque los gritos eran “¡asesino!” y “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, y carteles con leyendas como: “¡Lárgate!”, los alumnos de la Facultad de Derecho “despidieron” a Zambrano, quien hacía justo un mes dejó la dirigencia nacional del PRD.
Y dejó ésta en el centro de la mayor crisis en la historia de ese partido, sobre todo en medio del descontento nacional por la desaparición de los estudiantes, cuyo presunto responsable, el ex alcalde de Iguala de extracción perredista, José Luis Abarca, fue detenido ese mismo martes.
         Entre las reacciones a la agresión a Cárdenas en redes sociales, un comentario fue que le dijeron su precio “es un cobarde, traidor y ensimismado, vive de la historia de su padre y le dio la espalda a la izquierda cuando más lo necesitaba. El y Marcos serán juzgados por la historia en su momento”.
         Otro más dijo haber llegado a pensar que Cuauhtémoc “era uno de los pocos que valía la pena... pero tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata: dio la espalda a la izquierda cuando más lo necesitaba”.
No faltó quien opinara sobre su pasado priísta, del que “no se desligó para contender por la presidencia, sino para dividir al pueblo de México, ya harto del partido en el gobierno, de su corrupción, impunidad y despilfarro de bienes de la nación. Nunca esperaban que se fuera a votar por alguien no impuesto por el PRI, que no hizo más que lo que tenía que hacer: Simulacro”.
         Entre docenas de comentarios, un alumno de la Universidad Autónoma Metropolitana, cuestionó: “Hasta que se dieron cuenta que él es el culpable de todo lo que está pasando desde 1988, con su pacto con Salinas en el fraude electoral. Si hubiera defendido su triunfo otra cosa estaríamos platicando. Recuerden que después de muchos años el mismo reconoció que se reunió con Salinas en esos años y pactó con él, así que traidor y cobarde”.
Identificado como “mejor comentarista”, uno más señaló: “¡Bien hecho! ¡Eso es lo que merecen los oportunistas y traidores! ¡Oportunista! Nadie lo invitó a la marcha y mucho menos que la encabezara, ¡Y traidor! porque se alió con el equipo de Felipe Calderón para atacar a López Obrador y evitar que ganara. Le hizo el juego sucio a Calderón y la gente tiene memoria”.
Bien decían que si se alguien quiere recuerdos de muchos años y episodios, basta con hacerse candidato para un cargo, lo que no fue necesario en este caso, aunque no sería más que un capítulo del despertar del temido México bronco, incontrolable ya para los buenos y malos de la “película”.
Mejor prueba de ello es que ya se exige la renuncia del presidente de la República, del Secretario de Gobernación y de la Procuraduría General de la República, en tanto que existen reclamos y cuestionamientos generalizados contra diputados y senadores del Congreso de la Unión, y no se diga de los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Todo un caos.
En tanto, un Enrique Peña Nieto que intentó escapar de los problemas con un viaje “oficial” por una decena de días al extranjero, se vio obligado a cancelarlo -léase posponerlo- para reunirse infructuosamente con familiares de las víctimas de Iguala, claro, presionado por la opinión internacional, y ahora propone la palabra de moda, un nuevo pacto, “por el Estado de Derecho”.
   La revista Forbes, a la que suelen hacerle mayor caso los políticos, se encargó de ponerlo en su lugar con el anuncio de su estrepitosa caída en la lista de los más poderosos, donde pasó del sitio 37 hasta el 60, ya que “la crisis política y social, detonada por la desaparición de 43 estudiantes despertó serias dudas sobre la capacidad del gobierno de Enrique Peña Nieto de hacer frente al problema de violencia en el país”.
Y volvemos a preguntarnos ¿Es este el despertar del México bronco?

(Permitida la copia, publicación o reproducción total o parcial de la columna con la cita del nombre de su autor)

*Luis Angel Cabañas Basulto, periodista yucateco avecindado en Chetumal, Quintana Roo, con más de 36 años de trayectoria como reportero, jefe de información, editor y jefe de redacción de diversos medios de información, también ha fungido como Jefe de Información de dos ex gobernadores y tres presidentes municipales, y publicado tres libros.


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